“Todo tiene solución”. La frase sorprende porque llega cuando miles de venezolanos todavía intentan dimensionar la magnitud de la tragedia que dejaron los dos terremotos del pasado 24 de junio en La Guaira. Mientras continúan las tareas de evaluación de edificios y muchas familias permanecen fuera de sus hogares o regresan a inmuebles agrietados para recuperar las pertenencias que lograron sobrevivir al desastre, el ingeniero estructural israelí Avi Cohen sostiene que el futuro de la costa venezolana no está condenado por la fuerza de la naturaleza, sino por las decisiones que se tomen durante la reconstrucción.
Los dos sismos, que golpearon el centro-norte de Venezuela con pocos minutos de diferencia, provocaron una de las mayores emergencias que ha vivido el país en las últimas décadas. Tras los días dedicados a las labores de búsqueda y rescate, la prioridad pasó a ser otra: determinar qué edificios pueden volver a ser habitados, cuáles deberán demolerse y cómo reconstruir una región marcada históricamente por terremotos y deslizamientos de tierra.
Con ese objetivo llegó una misión internacional de ingenieros estructurales procedentes de Israel, cuyo trabajo no consiste en remover escombros, sino en inspeccionar las edificaciones que permanecen en pie para establecer si conservan condiciones de seguridad. Entre ellos se encuentra Avi Cohen, funcionario académico de alto nivel del equipo y especialista en ingeniería estructural y diseño antisísmico.
Después de recorrer durante varios días las zonas más afectadas, Cohen asegura que una de las primeras conclusiones fue inesperada. Aunque el paisaje está dominado por edificios dañados y fachadas agrietadas, muchas de las lesiones visibles no comprometen necesariamente la estabilidad de las estructuras. Esa evaluación, explica, ha permitido que numerosas familias recuperen la confianza para regresar a sus viviendas tras las inspecciones técnicas.







