Cada 24 de enero, la Iglesia Católica celebra la memoria de San Francisco de Sales, obispo de Ginebra y Doctor de la Iglesia. En Venezuela, un país donde la labor informativa enfrenta desafíos constantes, su figura cobra especial relevancia no solo como patrono de los periodistas y escritores, sino como el «Santo de la amabilidad».
Nacido en el castillo de Sales (Saboya) en 1567, Francisco fue un niño inquieto y juguetón. Una anécdota famosa ilustra su temperamento temprano: se cuenta que, al enterarse de la visita de un calvinista a su hogar, el pequeño tomó un palo y espantó a las gallinas gritando: “Fuera los herejes”.
Aquel niño impetuoso se convertiría, años después, en el hombre que vencería sus miserias para asemejarse al «manso Jesús de Nazaret», dejando un legado de escritos que hoy son tesoros de la espiritualidad universal.
De la «horrible pasión» a la virtud
Aunque hoy se le recuerda por su dulzura, la historia de Francisco de Sales es la de una batalla interna. Sus biógrafos relatan que nació con un carácter irritable y áspero. Sin embargo, lejos de rendirse ante su fragilidad, se acogió a la gracia divina y a la devoción mariana para dominar su temperamento y transformarlo en una mansedumbre ejemplar.
«No es para rasgarnos las vestiduras por nuestras debilidades, sino para sacar de ese dolor la fuerza para crecer», parece ser el eco de su vida, que siglos después inspiraría a grandes santos como Don Bosco y Santa Teresita del Niño Jesús.
Un mensaje para el periodismo venezolano
En el contexto actual de Venezuela, donde el ejercicio de la prensa requiere valentía y equilibrio, San Francisco de Sales se erige como un modelo de comunicación constructiva.
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Defensor de la verdad: Fue pionero en usar hojas sueltas (precursoras del periódico) para llevar el mensaje de fe a quienes pensaban distinto.
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Fuerza en la mansedumbre: Enseñó que la firmeza de las convicciones no está reñida con el respeto al prójimo.
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Intercesor en la crisis: Hoy, desde la fe, se le pide que interceda por los comunicadores venezolanos que luchan contra las adversidades y por aquellos que buscan dominar sus propias pasiones para servir mejor a la sociedad.
Para el venezolano, hablar de San Francisco de Sales es hablar de un modelo de vida que Juan Bosco tomó para fundar su congregación, bajo la premisa de que «la educación es cosa del corazón». En tiempos de crisis, este legado se ha convertido en un refugio de esperanza y formación para miles de jóvenes en todo el territorio nacional.
La pedagogía de la amabilidad en el contexto venezolano
En un país marcado por la polarización y las dificultades sociales, la figura de San Francisco de Sales enseña a los jóvenes que la mansedumbre no es debilidad, sino dominio propio.
Los colegios y centros de capacitación salesianos en Venezuela (desde el Colegio San Francisco de Sales en La Candelaria hasta las escuelas técnicas en la selva amazónica o en los barrios de Caracas) aplican su método:
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Vencer el temperamento: Al igual que el santo, que transformó su carácter áspero en virtud, se invita al joven venezolano a superar la violencia y el resentimiento mediante la disciplina y el amor.
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El sistema preventivo: Se educa para la alegría, evitando el castigo y fomentando la presencia constante del educador como un «padre y amigo».
«Buenos cristianos y honrados ciudadanos»
La importancia de los Salesianos en Venezuela radica en su capacidad para formar no solo profesionales, sino ciudadanos comprometidos. En sus aulas se enseña que la fe no está separada de la responsabilidad civil.
«Ser un honrado ciudadano hoy en Venezuela significa trabajar con honestidad, respetar las leyes y servir al prójimo con la amabilidad que San Francisco de Sales predicaba», es el mensaje que resuena en los patios salesianos del país.
Un legado que trasciende el aula
A través de la Red de Casas Don Bosco y la Asociación de Damas Salesianas (fundada en Venezuela), el espíritu de San Francisco de Sales llega a los sectores más vulnerables. Su enfoque en la prensa y la comunicación también ha inspirado a generaciones de comunicadores sociales venezolanos a ejercer un periodismo que construya puentes en lugar de muros.
San Francisco de Sales sigue vivo en Venezuela en cada joven que sale de una escuela técnica con una herramienta en la mano y un valor en el alma, demostrando que la amabilidad y la formación integral son las llaves para reconstruir el tejido social de la nación.








