Lidiar con la incertidumbre aunque mal definida, es lo que más puede acercar una conjetura a una postura algo próxima a una realidad posible
¿Y ahora qué? Es la pregunta que a muchos inquieta. Su respuesta, involucra tantas variables como ámbitos políticos, económicos, sociales o culturales, configuran las realidades. Sobre todo, a consecuencia del nuevo año que, de facto, ya comenzó a correr.
Es un problema acogido bajo el concepto de “incertidumbre”. Ante la pregunta ¿y ahora qué?, se alza la incertidumbre. Su condición etimológica implica el desconocimiento que se tiene sobre el futuro que se abalanza en lo que viene de un nuevo trazo de tiempo.
En lo específico, no es posible conocer la probabilidad de ocurrencias de eventos en el tiempo inmediato o siguiente. Aunque pudieran esbozarse conjeturas. Pero sin que las mismas comprometan la previsibilidad exacta de los hechos a ocurrir.
La teoría de planificación, intenta resolver esos problemas. Sin embargo, aclara que deben distinguirse problemas bien estructurados, de problemas no bien estructurados. Luego de superar tal diferencia, propone algunas soluciones. Siempre desde distintas perspectivas situacionales, ya que lo contrario sería caer en el oficio del timador que juega a ser “pronosticador de coyunturas”.
Lidiar con la incertidumbre aunque mal definida, es lo que más puede acercar una conjetura a una postura algo próxima a una realidad posible. Aún así, es un atrevimiento que podría resultar oneroso. O ser costoso en todo sentido. Sin embargo, la política no escarmienta ni tampoco escatima esfuerzos al momento de apostar a responder preguntas como la que esta disertación busca analizar. ¿Y ahora qué?
La política es tan osada, que se lanza a “lo loco” a una carrera. Sólo para convencer a quienes se prestan a caer en su juego. Y lo hace con el mayor descaro que las circunstancias permiten. Sin medir consecuencia alguna. Más aún, con presumida actitud. Sin sentido de la desvergüenza ante la pretensión asumida. Quizás, fue la razón que llevó al actor estadounidense metido en política, a decir que “la política es el arte de buscar problemas, encontrarlos, hacer un diagnóstico falso y aplicar luego los remedios más equivocados”
¿Y ahora qué? Es la pregunta que muchos venezolanos, a sabiendas de las amenazas, peligros y problemas en ciernes, se hacen. Sin que nadie pueda responderla. Sin embargo, nadie duda de que la política es osada. Más, cuando a decir del léxico ordinario, la desinformación es el mejor caldo de cultivo para fecundar realidades. O sea, para preñarlas de presunciones, exageraciones o tribulaciones. Y que después que se acojan a cualquier desparpajo emitido. Tal vez, así puede sopesar, calibrar o pulsar el ambiente político imperante. Y por tanto, sembrar la trampa calculada. Incluso, tantear la ingenuidad de ilusos prosélitos.
Lo arriba referido, no es óbice para suponer que, en efecto, la vida política, social y económica en Venezuela, no será igual. Podría menguarse más aún. O arreciarse. O como pregona el saber popular: “Todo depende del color cristal con que se mire”.
Todos los días, no deja de abrirse un compás de deducciones con una fuerza narrativa capaz de despejar caminos conducentes a forjar decisiones fundamentales en lo que concierne al ejercicio de la política nacional.
Respecto de lo que es posible inferir, luce indiscutible negarle importancia a hechos que significan nuevos acaecimientos políticos. Algunos superan las expectativas. Hacen ver el calado de una sociedad democrática que impugna la actual situación social-político-económica que tiene atascado el desarrollo nacional. En todas sus manifestaciones.
Aún así, continúa pesando la pregunta ¿Y ahora qué? A decir de por dónde vienen o van las tendencias, es posible que algunas conjeturas se atasquen en los predios de la incertidumbre. Habida cuenta, el régimen ha seguido funcionando sin olvidar que su gestión política la ha apuntalado detonando dignidades y principios a punta de sucios arreglos de toda calaña y cuantía.
Y aunque en el fondo de la pregunta ¿Y ahora qué? rondan las secuelas de la incertidumbre, el desconocimiento de situaciones conexas o de información veraz, sus posibles respuestas no dejarán de inquietar. Particularmente, a venezolanos que mantienen, entre sus prioridades, el propósito de prestar la mayor colaboración a la tarea de hacer que Venezuela recupere la democracia sobre la que se escribe la teoría política. Tanto como del país con el cual sueñan tantos venezolanos que bien merecen vivir bajo las libertades por las que precursores y libertadores, lucharon y regaron su sangre.
Así que ante la falta de certeza sobre las realidades próximas, o de eventos que podrán cabalgar sobre un conocimiento cierto en torno a los tiempos que pesan en el futuro inmediato de Venezuela, siempre seguirá deambulando la interrogante ¿Y ahora qué?
Antonio José Monagas
antoniomogas@gmail.com









