Unidad dinámica y diferenciada

Unidad dinámica y diferenciada

 

Es la hora de la unidad de todos aquellos que creen en la democracia y aspiran a vivir en libertad plena. Las oportunidades que ha tenido el régimen para ganarse un mínimo de respeto han sido demasiadas. Las ha desaprovechado todas, sin excepciones. Hay que ponerle punto final a este proceso destructivo y adecentar la vida pública para lo que se necesita una buena dosis de coraje y claridad con relación a las metas que hay que alcanzar.

 

 

En los sectores no comprometidos con el régimen hay de todo. Serias diferencias ideológicas, diversos intereses personalistas y de grupo a corto y mediano plazo, pero el interés común por una Venezuela mejor debe motivar la necesidad de la unión, de la unidad para combatir y desplazar a quienes han destruido progresivamente la patria de Bolívar “y el millón de grandes”. Después, en el campo de una democracia auténtica, podremos debatir ampliamente nuestras diferencias. Ahora hay que ponerlas de lado y luchar por un Estado de Derecho y de Justicia.

 

 

La lucha no es fácil. No podemos menospreciar al adversario. Hoy día tienen el control de todos los poderes públicos y lucharán dentro y fuera de la ley para garantizar su permanencia en el poder. Ese es el objetivo que los anima, a pesar de las crecientes diferencias que ya están a la vista de propios y extraños. No saben manejarlas. Un creciente número de dirigentes oficialistas están hartos de Nicolás Maduro. Quisieran poder reemplazarlo de inmediato, pero no tienen claro el cómo lograrlo. Otros quisieran borrar del mapa a Diosdado Cabello, pero no avanzan por temor al mazo de este teniente de segunda. En fin, todos los elementos de uno y otro bando son conocidos. Lo cierto es que llegó la hora definitiva para rescatar a la nación y librarla de los males que la afligen.

 

 

Un paso gigantesco fue la primaria del pasado 22 de octubre. María Corina Machado es hoy la depositaria de la voluntad de cambio existente. Tiene en sus manos el presente y la posibilidad de un futuro mejor. No está sola. El llamado a la unidad incluye la obligación de apoyarla sin reserva hasta el final. Es algo más que una simple jornada electoral, aunque no deja de serlo. Se trata de algo más trascendente y definitivo. El régimen hará todo lo posible para impedir el éxito que se está construyendo. No lo podrá concretar. La fe del pueblo está centrada en María Corina. Una mística especial la acompaña y triunfará. La unidad de la verdadera oposición, aunque sea dinámica y diferenciada lo garantiza.

 

 

El régimen pretende desviar la atención con el tema de la Guayana Esequiba. El referéndum planteado para diciembre próximo es inoportuno y contiene graves errores de forma y fondo señalados por los especialistas. Ya veremos.

 

 

Es la hora de la unidad de todos aquellos que creen en la democracia y aspiran a vivir en libertad plena. Las oportunidades que ha tenido el régimen para ganarse un mínimo de respeto han sido demasiadas. Las ha desaprovechado todas, sin excepciones. Hay que ponerle punto final a este proceso destructivo y adecentar la vida pública para lo que se necesita una buena dosis de coraje y claridad con relación a las metas que hay que alcanzar.

 

 

En los sectores no comprometidos con el régimen hay de todo. Serias diferencias ideológicas, diversos intereses personalistas y de grupo a corto y mediano plazo, pero el interés común por una Venezuela mejor debe motivar la necesidad de la unión, de la unidad para combatir y desplazar a quienes han destruido progresivamente la patria de Bolívar “y el millón de grandes”. Después, en el campo de una democracia auténtica, podremos debatir ampliamente nuestras diferencias. Ahora hay que ponerlas de lado y luchar por un Estado de Derecho y de Justicia.

 

 

La lucha no es fácil. No podemos menospreciar al adversario. Hoy día tienen el control de todos los poderes públicos y lucharán dentro y fuera de la ley para garantizar su permanencia en el poder. Ese es el objetivo que los anima, a pesar de las crecientes diferencias que ya están a la vista de propios y extraños. No saben manejarlas. Un creciente número de dirigentes oficialistas están hartos de Nicolás Maduro. Quisieran poder reemplazarlo de inmediato, pero no tienen claro el cómo lograrlo. Otros quisieran borrar del mapa a Diosdado Cabello, pero no avanzan por temor al mazo de este teniente de segunda. En fin, todos los elementos de uno y otro bando son conocidos. Lo cierto es que llegó la hora definitiva para rescatar a la nación y librarla de los males que la afligen.

 

 

Un paso gigantesco fue la primaria del pasado 22 de octubre. María Corina Machado es hoy la depositaria de la voluntad de cambio existente. Tiene en sus manos el presente y la posibilidad de un futuro mejor. No está sola. El llamado a la unidad incluye la obligación de apoyarla sin reserva hasta el final. Es algo más que una simple jornada electoral, aunque no deja de serlo. Se trata de algo más trascendente y definitivo. El régimen hará todo lo posible para impedir el éxito que se está construyendo. No lo podrá concretar. La fe del pueblo está centrada en María Corina. Una mística especial la acompaña y triunfará. La unidad de la verdadera oposición, aunque sea dinámica y diferenciada lo garantiza.

 

 

El régimen pretende desviar la atención con el tema de la Guayana Esequiba. El referéndum planteado para diciembre próximo es inoportuno y contiene graves errores de forma y fondo señalados por los especialistas. Ya veremos.

 

 

 Oswaldo Álvarez Paz 
@osalpaz

 

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