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¿Todo sigue igual?… por ahora

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¿Todo sigue igual?… por ahora

 

 

Muchos venezolanos aceptan el mercado y se han convertido en capitalistas así sea por accidente o necesidad. Espacios públicos «privatizados» y mercadeados. Sin duda un cambio actitudinal

 

 

He leído un artículo muy interesante, bien escrito y razonado por el Economista Miguel Ángel Santos, titulado Venezuela seis años después [Prodavinci 31/01/23]. Para quienes estamos fuera de Venezuela por el mismo tiempo, y no podemos precisar nuestra realidad dependiendo de RRSS, el ensayo es muy significativo por mostrar vectores que no podemos ver. Una narrativa objetiva, elocuente y bien referenciada que nos cuenta como Venezuela sin arreglarse, resuelve.

 

 

Tengo la sospecha que la Venezuela populista ha muerto, pero no la hemos enterrado [dixit Padre Ugalde]. Que la tragedia humanitaria nos llevó a un sacudón conductual, a un cambio de mentalidad donde o produzco o muero. No más estatismo paternal. Los cambios no son estructurales ni sustentables. Pero hay una interesante mutación cultural: la cosa dejó de ser resuelvanme, denme, solucionenme para ser, yo resuelvo, yo me doy, yo soluciono. Muere la política clientelar y redentora. El engaño quedó al descubierto. El nuevo mesías soy yo…

 

 

Nos dice Santos: “De unos años para acá, varias familias se han visto forzadas a retirar del colegio a los menores que están en edad de trabajar […] En el interior la situación es más grave. El acceso a electricidad, luz y alimentos es todavía más precario, las inversiones privadas son menores, y el suministro de gasolina es más volátil”. En otras palabras, mejora levemente el suministro de agua o electricidad, pero sigue siendo un país a oscuras, sediento y hambriento. “El nivel de actividad económica se encuentra entre 30% y 35% (entre 65% y 70% por debajo del promedio de la década previa al colapso/2003-2013). En términos de desigualdad, el contraste entre la Venezuela de los bodegones, bienes importados y restaurantes de luj,o y la Venezuela de las zonas populares, la deserción escolar y el salao, se ha hecho cada vez más grande”.

 

 

Entonces la versión de Instagram que Venezuela es otra, que rebotó y se arregló, es falaz. La realidad no queda registrada en una foto en el Ávila, un restaurante colgante, un tour por la Plaza Bolívar, el Sambil de La Candelaria o el nuevo campo de béisbol de La Guaira. Imágenes que no dan fe de las penurias de Petare a Güiria, de Eucaliptus a Capacho. Una pobreza de un 83% [moderada] de 51% [crítica] que habla de un país que adolece de un nivel básico de vida. No lo dice Santos. Lo dice la FAO y más de 6 millones de venezolanos en hambruna, millones de niños que abandonan el colegio, hospitales sin doctores, enfermeras ni medicinas y escuelas sin maestros. Pero esa fatiga está removiendo los cimientos ciudadanos.

 

 

Otro referente interesante es la política. Los venezolanos decidieron no delegar en la política la solución de su tragedia. Santos: “Nadie habla ya de la posibilidad de cambiar, de la transición. Ninguna mención a los políticos más visibles de lado y lado. La discusión se centra en la supervivencia cotidiana”.

 

 

Una realidad tanto peligrosa como “alentadora”. Parece una parábola, pero es una luz. Los actores políticos han perdido credibilidad. No es bueno en momentos que es necesario despertar. Sin embargo, el venezolano que abandona un cargo público o incluso privado; el que decide no ir a una plaza a protestar por emprender un negocio para ganarse la vida, está mostrando un cambio de actitud importante. Permuta la política y su fe en el “papá-estado” por la fe en sí mismo, en su propia tutela. Sin duda, sin instituciones y sin república, cualquier rebusque sigue siendo marginal. Pero la semilla está ahí.

 

 

De burócrata a guía turístico e “inversionista”

 

 

La deserción no es sólo escolar o ciudadana. Hay otra migración. La de empleado público a emprendedores. Santos: […] “Encontré las playas de Puerto Cabello –Quizandal, Isla Larga, La Rosa y Patanemo– más limpias que cuando vivía cerca de aquí y venía todos los fines de semana. ¿Quiénes las organizaron? Las comunidades de cada zona. Ahora cobran entrada (entre dos y tres dólares) y se han organizado para mantener la playa y mejorar la calidad del servicio”.

 

 

Muchos venezolanos aceptan el mercado y se han convertido en capitalistas así sea por accidente o necesidad. Espacios públicos “privatizados” y mercadeados. Sin duda un cambio actitudinal. Pero cuidado. Ningún proceso de transvaloración moral o sentimientos productivos [al decir de Nietzsche y Adam Smith] es posible si no viene acompañado de políticas públicas acordes, industriosas, pedagógicas, formativas y ganadas a un modelo de poder liberal.

 

 

Es notorio cuando Santos nos comenta que después de 10 años de fuga de capitales [calculados en 211 mil millones de dólares/periodo 20003-2013] “lo más probable es que el movimiento [de repatriación súbita] haya sido una reacción o precaución a la ola de sanciones individuales impuestas sobre los capitales que se fugaron de Venezuela en plena bonanza petrolera y bajo control de cambio”. Entonces es inevitable advertir que Venezuela no vive un proceso sostenido y estructural de reinversión, retorno de capitales y rebote, sino de capitales “accidentados”, golondrinas que huyen e “iluminan” bodegones, centros comerciales, restaurantes o en ese pequeño Manhattan, llamado Las Mercedes.

 

 

Sigue: […] “Otro mecanismo ingenioso para crear y repartir rentas en medio de la austeridad fiscal es la reconversión de los espacios militares. Tómese por ejemplo el Círculo Militar de Valencia”. Santos trata con elegancia el fenómeno, pero sin duda la etiqueta merece otra soleada nomenclatura.

 

 

Entonces lo que sospechábamos en materia de “recuperación y rebote” no es más que una tísica amorfia económica provocada por la necesidad de circular capitales, no libres de hacerlo en el imperio…En medio de ese “shampoo de morocotas”, el rebusque de una población-sufrida y acorralada por el hambre, la miseria y la anomia-, no cesa. La hiperinflación en dólares está a la vuelta de la esquina. Las protestas de maestros, empleados de salud y siderúrgicos, contando. Dos Venezuela juntas, pero no revueltas, donde coexisten espejismo y supervivencia, pero desaparece el estado.

 

 

Un nuevo contrato social. El rebote posible…

 

 

Santos observa lo que ha denominado “un cambio paulatino de los fundamentos del acuerdo social». Y escribe: “Siempre he creído que para darle paso a una Venezuela más próspera será necesario modificar el contrato social…qué hace el gobierno por el ciudadano y qué deben hacer los ciudadanos por el gobierno y por sí mismos […] A falta de liderazgo, la realidad ha terminado por imponerse y dar al traste con el engaño. El ciudadano, abandonado a su suerte en la peor de las crisis, empieza a entender que su subsistencia depende única y exclusivamente de sí mismo”.

 

 

Una conclusión luminosa que sugiere una transmutación de orden antropológico. Nuestra inteligencia grupal está enterrando el populismo para creer en el individuo como generador de casa propia, carro propio, negocio, iniciativa y desarrollo propio, más allá de lo que ofrezca el Estado o la burocracia. Falta ajustar el tema ético, donde todo vale, impunemente.

 

 

Recuerdo haber participado muy tangencialmente en el debate entre Leonardo Vera y Miguel Ángel Santos, donde [Vera] advertía que las tasas de crecimiento en economías devastadas o seguidas de desastres eran muy superiores a la usada en su estudio [Santos] para economías no colapsadas.

 

 

El tema cobra vigencia porque queda claro que Venezuela podría experimentar un rebote espectacular a ritmo de “milagro económico” [como lo describe en su libro Leonard Binder, Rebuilding Devastated Economies in the Middle East] si cambia el modelo de poder y la actitud ciudadana. Lo esencial es la recuperación de la confianza y para que ello ocurra deben existir reglas claras de juego, estado de derecho, respeto a la propiedad, segmentación y programación de los sectores más afectados.

 

 

Hay una luz en el horizonte. La gente ya no espera por el Estado socialista, ni por un liderazgo colectivista y repartito…El rebote será real, sostenible, inédito e histórico en la medida que cambiemos la pax bodegónica y los out lets encubiertos, por heladerias en Petare o excursiones guiadas en Calabozo. Puede ser que han habido “cambios para que todo siga igual” al decir de Tancredi Falconeri. Pero el cambio, la luz, están ahí…Todo aparenta seguir igual, por ahora…

 

 

 

Orlando Viera-Blanco. 

@ovierablanco

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