Saritísima

Saritísima

“Aquí en México también había quienes le cantaban a la patria sin meterse en el problema, de ver quién la gobernaba y cómo. Y también malos amores cantados por María Victoria, Toña La Negra y Lola Beltrán. Pero mientras fui niña me quedaron más lejos. Sarita Montiel era una catedrática del mal de amores y el desplante con que debía enfrentarse.

 

Más aún cuando descubrí que en los discos de las otras casas, ella no tenía un ramo de flores en el pecho, sino los pechos abiertos hasta la cintura como yo no había visto otros. En mi casa le habían puesto al disco una calcomanía, lo que acentuaba la condición de censura que debían tener sus cuplés. Cosas del mundo, para mí Sarita Montiel no fue un destello del franquismo, cantando para tapar los daños, para mí tuvo un aire de libertad, que aún me pega cuando subo la escalera diciendo: “Ya sabes lo que eres”. Ángeles Mastretta, El País de España, abril de 2013.

 

Cada vez que contemplaba en la televisión a Sarita Montiel, siempre viva, incombustible, rica en expresión verbal y corporal, me hacía a la idea de que era inmortal y a la vez no me hubiera acostumbrado a la idea de verla arrastrando sus pasos, doblada, en una silla de ruedas o atada a un bastón, masticando frases inconexas. Pues no, se fue como había vivido: maquillada, bien vestida, sonriente y celebrando sus rotundos 85 años ¡Vaya tía, decían los españoles!. Se fue de la vida, cuando había cumplido la mayoría de sus sueños, porque si no había tenido hijos, los adoptó en Brasil, junto a su compañero Pepe Tous. Se casó en varias oportunidades y amó a un hombre italiano, Gian Carlo Viola, a quien veíamos en el funeral llorando a su novia de una década. Conmovía verlo frente a la tumba en donde depositó una rosa roja para luego protagonizar una escena muy propia del teatro trágico italiano.

opinan los foristas

En un especial de Televisión Española, María Antonia Abad, nombre original de Sarita Montiel, relató parte de su vida, muy alejada de las biografías oficiales que los empresarios suelen fabricar para impresionar. De ninguna manera estudió en un colegio para niñas ricas dirigido por monjas, su familia la internó en un internado para ahorrar la comida. Según sus palabras, a los diez años, apenas sabía leer y había nacido en un hogar muy pobre por lo que sus primeras lecturas y escrituras torcidas las hizo en compañía de sus padres. Desde que tenía 6 años bailaba y cantaba, sabía que su destino era el de ser famosa y fueron los concursos de canto y algún avispado buscador de talento quien la llevó a sus 15, a protagonizar su primera película. A los 20, ya en México aprendió a leer de corrido junto a León Felipe, Rafael Alberti y Pablo Neruda, de quienes leía sus libros. Hollywood le abrió las puertas de manos de su marido Anthony Mann y allí pudo codearse con estrellas como James Dean, Gary Cooper y Burt Lancaster.

 

Despreció contratos millonarios al entender que los productores estadounidenses la querían solo para papeles de morenita, latina y criada. España marcó sus grandes éxitos “La violetera” y “El último cuplé” pero por encima de todo fue una mujer sin prejuicios que fumaba puros en público, dormía desnuda, entre sábanas blancas de seda y no tuvo pudor para decir que en esos tiempos la llamaban fulana y hoy sería una santa. Se identificaba como socialista y siempre rodeaba de intelectuales como Francisco Umbral y Terence Moix predicaba su evangelio de paz y amor, sin olvidar que había nacido de un padre gañan de monte y una madre peluquera a domicilio.

 

A quien le tocaba la lengua solía responder con gracia e ironía y fueron famosos sus pleitos con su competidora Lola Flores. De Aznar comentó que “No era medio polvo” y confesó haber sido amante de un premio Nobel de España.

 

“Nacer y morir es la realidad” conversó en un programa de televisión en el que agregóque ninguna estrella que se respetara debiera ir a un automercado sin maquillaje ni mal vestida. En su pueblo natal, Campo de Criptana, la honra un museo en el cual se pueden ver sus películas, escuchar sus canciones, leer sus memorias y contemplas sus fotografías. Con ello ha pasado al parnaso de los inmortales.

 

Nadie podría creer hoy que Sarita Montiel no hablaba inglés y aprendía los textos de memoria, tal y como se pronunciaban, al igual que lo hacía en español cuando aún no sabía leer correctamente. Su belleza y la forma de mantener constantemente sus labios entreabiertos al estilo Marilyn contribuyeron al enorme éxito de sus películas bandera “El último cuplé” y “La violetera”.

 

Cuando cumplió sus 70 años, comprendiendo que estaba entrando en la decadencia pero seguía perteneciendo a la generación de las divas, de las grandes estrellas que como ella misma iban al gimnasio con un chal de flecos de oro y unas zapatillas con brillantes. Siempre maquillada y con su cabellera perfecta, la muerte la encontró en momento tranquilo, dos días después de su cumpleaños. Simplemente se desvaneció en los brazos de su leal señora de servicio, nana la llamaba, para luego recibir el homenaje de sus amigos que la acompañaron en un paseo por las principales calles de Madrid.

 

En una entrevista que le hiciera el periodista Albert Castillón, le pidió la frase que ella deseaba para su tumba: “A aquí yace una mujer que no odió a nadie e hizo feliz a todo el mundo”.

 

Esta columna dedicada a Sarita, se aleja de lo convencional, pero se toma libertad de decirles a todos mis amigos que es deber el ir a votar, sea cual fuere el candidato a escoger.

 

Fuente: ND

Por Mariahé Pabón

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