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Petro, lecciones de una crisis

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Petro, lecciones de una crisis

No es la primera vez que un escándalo de este tipo salpica a un presidente de Colombia. En 1994 Ernesto Samper fue elegido con dineros del narcotráfico que entraron a la campaña. Ese escándalo se llamó el proceso 8000 y lo triste es que ni Samper fue condenado, “fue a mis espaldas” dijo para salirse con la suya, y como ahora vemos Colombia y sus instituciones tampoco aprendieron la lección.

 

 

Era de prever que algo así iba a pasar en esta elección dada la podredumbre del sistema electoral colombiano, que incluso se ha deteriorado desde el 94, el crecimiento del narcotráfico y su mexicanización y la costumbre de Chavez y de Maduro, siguiendo el ejemplo de Cuba y de Rusia, de ayudar a los políticos y los partidos afines como ya lo han hecho con los Kirchner en Argentina, con Evo Morales en Bolivia, Zelaya y su esposa en Honduras y otros en la región.

 

 

Así que no nos deberíamos sorprender de lo que sucedió en la campaña presidencial de Gustavo Petro. Hace poco habían capturado a una senadora de su movimiento, Piedad Córdoba, con 62.000 dólares en efectivo en su turbante y existe el antecedente de Petro contando dinero en efectivo en bolsas negras durante una de sus campañas. La Corte Suprema archivó la investigación y por ende le abrió paso a lo que sucedió con la campaña presidencial del 2022. Como dice el dicho, blanco es, gallina lo pone y frito se come. No entendimos lo que nos corría pierna arriba y eso que tenemos una Misión de Observación Electoral hace años que la verdad para este caso no sirvió para nada.

 

 

El crecimiento del narcotráfico a lo largo y ancho de la región es una variable fundamental para entender el riesgo en el que están nuestras democracias. Y si México tiene por lo menos una tercera parte del país en manos del narcotráfico, ¿qué podemos esperar que suceda en países con instituciones más débiles? Lo que se está destapando de la campaña presidencial de Petro es apenas el principio, pues la mexicanización del negocio de la droga desde el río Bravo hasta Tierra del Fuego lleva como característica esencial el control político local y el control territorial militar.

 

 

A este mapa de riesgos, que hay que empezar a elaborar, hay que sumarle una narcodictadura en Venezuela que quiere ampliar su influencia y utiliza ambos canales, el político y el del narcotráfico, para lograr sus objetivos expansionistas en el continente. Habrá que sumarle a este delicado escenario una Rusia cada vez más agresiva que no dejó de lado la región, como sí lo hizo Estados Unidos, después de la caída del muro de Berlín. Para Rusia, América Latina es un objetivo estratégico por el efecto que tiene en Estados Unidos y con los cubanos y los narcos, una alianza que lleva décadas, la tienen servida para crear ese efecto de disrupción que tanto los beneficia.

 

 

Distinguir ya entre dinero de Venezuela o de los narcos es prácticamente imposible pues la alianza que en ese país hay entre un remedo de gobierno y las organizaciones criminales que allí se asientan está consolidada. Se complementan, se nutren y crecen al amparo de una impunidad total. Así que lo sucedido en Colombia, y repito aún falta mucho por saber, es apenas el principio de una captura del Estado por cuenta de esa alianza narcopopulista que va a crecer en la región.

 

 

La debilidad y corrupción de las instituciones electorales es uno de los elementos críticos en este nuevo balance de poder. Es más fácil comprar una elección que ganarla a través de amenazas o de violencia. No con ello quiere decir que no se utilice la violencia, en especial contra esos actores que son incómodos, como son los periodistas.

 

 

México es un gran ejemplo de cómo va a ser la pelea a futuro. La violencia contra los periodistas en ese país y la desprotección por parte del gobierno no tiene nombre. Y el cambio que quiere hacer el presidente López Obrador del sistema y la institucionalidad electoral hacen parte de esa agenda común que tienen los populistas y los narcos.

 

 

Latinoamérica, a pesar de los sucedido en las últimas dos décadas, es la región más democrática en el mundo en desarrollo. Y si Estados Unidos no quiere tener un barril de pólvora al lado o una región cooptada por una alianza de los narcos con Rusia y China (Cuba y Venezuela son unos peones) tiene que despertar a esa nueva amenaza. Es una verdadera lástima que quienes hoy manejan la política latinoamericana en el actual gobierno norteamericano sean de tan bajo nivel y no tengan el peso específico para promover una agenda que neutralice estos riesgos a la democracia.

 

 

La crisis en Colombia por los dineros mal habidos en la campaña de Gustavo Petro son apenas un síntoma de una debilidad mayor, la fragilidad de los sistemas electorales en nuestros países. Lo de Colombia no tiene nombre pues su registrador, quien maneja el tema electoral, tiene junto a su familia unos cuestionamientos enormes. Y el Consejo Electoral, la máxima instancia en estos temas, es un nido de politiquería de pequeña talla que solo vela por su interés personal y de partido entregando su verdadero ser, la defensa de la democracia.

 

 

Ya veremos cómo termina el escándalo en Colombia. No creo que pase a mayores pues este populismo no tiene ningún valor democrático. Al igual que en 1994, comprarán silencios y comprarán votos si los necesitan, pues están acostumbrados a la impunidad y a su ética perversa que les justifica. Basta escuchar a Lula hablar de Venezuela como una democracia para entender cómo se comporta esa izquierda tan nociva para las libertades.

 

 

A eso hemos llegado.

 

 

 Francisco Santos

 

Artículo publicado en La Silla Rota

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