Maduro – Mendoza
mayo 19, 2013 7:40 am

La pregunta es si finalmente el Gobierno entenderá que sin empresa privada… no hay paraíso

No me cabe duda que Maduro intenta adoptar una estrategia mixta de radicalización política con moderación operativa en el plano económico.

 

Entiendo que el ruido que la radicalización política genera en la opinión pública tiende a opacar las acciones de negociación económica, y es normal que así sea, pero a fin de construir los escenarios futuros es importante separar el ruido de las señales relevantes, como diría Natan Silver en su último libro.

 

El modelo adoptado por Maduro plantea un línea dura contra sus adversarios políticos, a la que se añade, sin embargo, negociaciones más fluidas en el campo empresarial, quizás de bajo perfil, intentando oxigenar la economía para dar piso a la ausencia precisamente de una dinámica de relaciones políticas más fluida.

 

En este escenario no deben esperarse pactos con la oposición. El Gobierno se radicaliza contra sus adversarios e intenta mantener a raya cualquier enemigo actual o potencial y es común ver ataques, amenazas, expedientes “legales”, así como la inhabilitación política de actores que puedan considerarse peligrosos.

 

Algunas señales de esa radicalización se observan en los nombramientos del gabinete en las áreas netamente política y de seguridad.

 

Los ataques radicales no se concentran sólo en los actores políticos. Incluyen la construcción de chivos expiatorios en el sector empresarial y en la comunidad internacional. La diferencia con estos últimos es que el ataque se concentra en el discurso y no en acciones que amenacen realmente a los involucrados.

 

En el caso empresarial, si bien los ataques verbales se mantienen y la relación Gobierno-sector privado luce hostil, las oportunidades de negociación y solución de algunos problemas aumentan notablemente.

 

El Gobierno esta interesado en apoyar el crecimiento de la oferta, sabiendo que sólo el sector privado puede hacerlo de manera estable y eficiente y aunque no lo reconozca abiertamente, está dispuesto a negociar.

 

La señal más importante que se observa en este sentido es el nombramiento de Nelson Merentes como ministro de Finanzas, en sustitución de Jorge Giordani, este último un actor clave del ala dura radical, que amenazó las relaciones operativas entre el sector productivo y el Gobierno Nacional.

 

Pero quizás lo que mejor describe la estrategia de moderación dual ha sido la reunión entre Nicolás Maduro y Lorenzo Mendoza. La convocatoria del Presidente fue altisonante e intentaba reforzar la idea del “culpable” empresarial de los problemas de desabastecimiento e inflación.

 

Eso llevó a muchos analistas y políticos a interpretarla como una nueva acción hostil contra el sector empresarial y los más alarmados incluso a un presagio de expropiación futura. Mi interpretación es muy distinta. Si ubicamos el movimiento de Maduro en el plano de su estrategia actual, mi lectura es que el llamado de Maduro, hecho en clave radical, significa, sin embargo, un interés de buscar soluciones al problema de desabastecimiento que presenta el mercado y sabe que no hay ninguna otra vía que no sea a través de resolver los problemas de quienes realmente producen.

 

El discurso ataca al empresario y lo responsabiliza del problema, pero la acción intenta desanudar los elementos críticos que les impide que el mercado fluya adecuadamente.

 

No se trata de un cambio hacia un modelo moderno, sino de una acción pragmática de supervivencia que lo lleva a una mayor disposición a entender la problemática del sector empresarial. La reunión entre Maduro y Mendoza es positiva, independientemente del discurso encendido y la diatriba que le rodea. La pregunta es si finalmente el Gobierno, ante la evidencia que le arropa, entenderá que sin empresa privada, empezando por Polar… no hay paraíso.

 

Luis Vicente León

 

luisvleon@gmail.com

@luisvicenteleon