Maduro: Desatado y bien desatado
julio 16, 2013 7:05 am

Para muchos venezolanos que se dedican a escudriñar los intríngulis del poder, este gobierno, sostenido sobre el nombre del ya trascendido caudillo, está aprendiendo a caminar sin muletas. A seis meses del anuncio de su partida definitiva y a tres de haber asumido formalmente las riendas del poder, Maduro está perfectamente consciente de que el legado, a diferencia (o quizás, a semejanza) de lo que anunciara Francisco Franco, no “está atado”, ni mucho menos “bien atado”.

 

En realidad ignoramos si con la frasecilla en cuestión el Generalísimo suponía que el Rey Juan Carlos, a quien había designado como sucesor, seguiría la política de su Movimiento Nacional, con el restablecimiento de una monarquía de viejo cuño o daría paso a una serie de reformas políticas que convertirían al Reino de España, como finalmente sucedió, en un país democrático. Que Franco se equivocó en su experimento con la formación política de un príncipe Borbón que le fue dócil hasta el día de su muerte pero luego cambió radicalmente, en nombre de los nuevos tiempos y de la democracia, es algo que quedó refrendado cuando su participación fue decisiva en el fracaso del golpe de Estado del 23 de febrero de 1981.

 

Los herederos, está visto, no siempre continúan fieles a sus mentores y aun en vida los han desafiado como lo demuestran numerosos ejemplos, uno de los cuales, el de Santos-Uribe, nos toca muy de cerca por la distancia y el tiempo. Sí, se podría alegar, pero Maduro se inspira hasta en la manera de hablar de Chávez, y es un hombre tan escaso de recursos, tan limitado de pensamiento y tan escaso de voluntad, que todo lo toma prestado del maestro, quien, a fin de cuentas, lo designó precisamente por esa razón.

 

De manera que seis meses después el símil del “atado y bien atado”, asume no una sino dos connotaciones y ambas contradictorias con su principio. Salta a la vista que el país no está atado y bien atado, sino totalmente desatado y bien desatado en todos los órdenes y en realidad lo que campea es el desorden y algo muy parecido al caos. Pero también lo es que el discípulo parece estar cogiendo una línea distinta a la trazada por el caudillo y esto, sobre todo, se percibe con mayor claridad en el tema económico, que era el elemento esencial del llamado modelo chavista.

 

Así que ni el país, ni el heredero, fueron dejados pisando terreno firme, en una estación, dentro de una ruta y un determinado itinerario, cualquiera que fuese su naturaleza, para a partir de allí continuar un proyecto, independientemente de su naturaleza ideológica. Quizás lo único que el caudillo dejó claro y en lo cual el sucesor y sus adláteres han mostrado consistencia y continuidad, es en la decisión, que es más un instinto, de mantenerse en el poder al precio que sea.

 

@rgiustia

Por Roberto Giusti