Maduro acosa a medios por estar entrampado
junio 2, 2013 3:49 am

Lo que le enferma a Maduro es que se sepan, se divulguen esos terribles males originados en la corrupción…

 

A Maduro nunca le dolieron las más de 20 mil muertes que la violencia registra anualmente (la tasa de muertos por arma de fuego en menores de 17 años subió 163% en 12 años); tampoco la muerte y padecimientos de los enfermos de AH1N1 (a juzgar por las barbaridades de la ministra Iturria criticadas por la Red de Sociedades Científicas Médicas Venezolanas).

 

A Nicolás no le quita el sueño que no haya alimentos básicos en los anaqueles, o que en las farmacias no estén las medicinas que necesitan los enfermos. No siente remordimiento porque la explosiva inflación y sus dos devaluaciones hayan liquidado el aumento salarial.

 

Tampoco le preocupa que los apagones ya no solo abunden en el interior del país, sino en la que antes era la sucursal del cielo; o que las empresas de Guayana estén en ruinas, como lo están las fincas “expropiadas” que hoy son peladeros.

 

Maduro alaba a Ramírez por haber quebrado a Pdvsa (con el petróleo a $100 está pidiendo ahora $4 mil millones a China, $2 mil a la Chevron; $1.500 más a Schlumberger y otros $1.500 a la rusa Rosneft, para un total de $9 mil millones) mientras cae la producción, sube un 134% la compra de combustibles a EEUU, caen los despachos petroleros a EEUU en 22% y los pobres trabajadores de Pdvsa venden sus tarjetas alimentarias para cubrir gastos porque la empresa les debe cláusulas contractuales (EN 29-05-13).

 

Nicolás ordena que la justicia roja impute a Leopoldo López, a sabiendas de su inocencia, mientras la fiscal engaveta las 17 denuncias contra Diosdado por daño patrimonial al Edo. Miranda, además de los graves delitos reseñados por la vocería oficial Mario Silva. Maduro se rinde ante Raúl Castro y permite al G-2 diseñar y ordenar la represión del régimen, y hasta la política comunicacional de los más de 800 medios oficiales que pocos ven o leen.

 

Lo que le enferma a Maduro es que se sepan, se divulguen esos terribles males originados en la corrupción e ineficiencia de su ilegítimo gobierno. No soporta que los medios de comunicación informen sobre sus horrores. Frescas están las mentiras sobre la enfermedad y muerte de Chávez, de las que no tardando mucho se sabrá la verdad. El Dr. Navarrete tuvo que huir del país, perseguido, por declarar que Chávez tenía cáncer.

 

La Globovisión de los Zuloaga, por decir verdades incuestionables, fue sentenciada a muerte cuando Maduro y Arreaza deciden que no estaría en el sistema de TV digital abierta.

 

El llamado a Miraflores de los canales de TV privados no fue para entablar un “diálogo”, como algunos ingenuos dicen, sino para amenazarlos con quitarles la concesión si seguían transmitiendo en directo las concentraciones de Capriles, y si informaban sobre las estremecedoras cifras de criminalidad, apagones, escasez, fracaso de la Misión Vivienda, etc.

 

Para el Ilegítimo, los medios y periodistas críticos son como la kriptonita para el viejo Superman: por eso no les dan acceso a la información oficial y ni siquiera al Parlamento, lugar donde en las democracias del mundo, está lleno de reporteros.

 

“Los medios son la causa de la paranoia” dice irresponsablemente la ministra de Salud, quien afirma que el problema de la AH1N1 “no es el número de muertes, sino cómo informar adecuadamente sobre la prevención”, cosa que su despacho no ha hecho: se incumplieron las metas de vacunación y la mayoría de los medicamentos que llegan de Cuba están vencidos.

 

Reputadas ONG como Provea y Espacio Público están demandando a MinSalud por las irregularidades encontradas en la importación de medicinas cubanas. Como hicieron con la enfermedad de Chávez, el Gobierno oculta el número de enfermos y muertes por AH1N1.

 

Mario Silva le dijo al G2 cubano que el débil “Nicolás está entrampado”. Se quedó corto el principal vocero mediático oficial, porque el Ilegítimo no solo está entrampado ante un país sin divisas y con pagos de deuda de $28 mil millones (capital e intereses) entre lo que queda de 2013 y el 2014, sino por su ya inocultable monomanía de culpar a opositores y medios de los efectos de su visible incapacidad para gobernar (como la acusación a CNN de fraguar un golpe de Estado contra su ilegítima gestión).

 

La cordial recepción que el presidente Santos y las instituciones colombianas prodigaron a Henrique Capriles (saben que él fue el presidente elegido) exacerbaron en el “entrampado” signos visibles de desestabilización: No solo culpó a Santos de dar una puñalada a Venezuela y de conspirar con Capriles, si no que sostuvo públicamente que “llegó un grupo de expertos con un veneno, y están preparados para venir a Venezuela a inocularme el veneno a mí”. Por desatinos menores al descrito, no fue presidente del país Diógenes Escalante

 

Marta Colomina

 

mcolomina@gmail.com