Las oficinas
mayo 12, 2013 5:36 am

En semanas veremos la despenalización del mercado paralelo de divisas

Se dice por ahí que Giordani no quería desocupar el despacho de ministro de Finanzas para Merentes. Como se sabe, Chávez en una de sus infinitas reformas de los ministerios, fusionó en el 2011 los despachos de Finanzas y Planificación y se le dio a Giordani, rompiendo la tradición administrativa que se remontaba al menos a Betancourt de separar el manejo de la hacienda pública del diseño de los planes nacionales. Ahora Maduro vuelve a esa sana práctica y deja a Giordani con sus punto a punto y las citas de Meszaros, mientras Merentes trata de que haya harina pan y azúcar a la vez.

 

El nombramiento de Merentes y la salida de Giordani a todos los efectos prácticos es la movida más reveladora de todas la que ha hecho este gobierno de mientras tanto. En primer lugar, se botan a la basura de la historia los modelos económicos más queridos de Chávez, esas ensoñaciones de una economía que dependía del esfuerzo épico de los funcionarios para que las vacas dieran leche, como si hubiera que dedicarse a respirar o a supervisar el latir del corazón. Como si el mercado no tuviera lugar en la vida social, como si en la sociedad todo fueran órdenes y abnegación, nada de recompensas.

 

Cada día que pasa el Gobierno se percata más de la torta galáctica que fueron estos años de Chávez. Aunque día y noche Maduro invoque al gigante, el fardo que dejó sobre sus hombros pesa más cada momento y sólo puede aliviarse haciendo exactamente lo contrario. Chávez fue el campeón de los realazos, y ahora ni con ellos van a llenarse los anaqueles. Merentes lo sabe, y ya asume las dos medidas esenciales, el gran giro del 2013. Dólares al precio que sea, pero dólares. En semanas veremos la despenalización del mercado paralelo de divisas, típica medida moralista permitida por la abundancia, y el regreso del dólar Cantv o Pdvsa o el que sea. Giordani logró la epopeya de romper el único circuito del capital que quedaba a pesar de un barril a cien dólares, y ahora viene la penosa reconstrucción.

 

Luego, el frenazo a la Ley del Trabajo y a su única innovación verdadera, los horarios. El reglamento en la ley, ausente de las cuñas de Villegas, se dictó exclusivamente para acabar con los dos días seguidos de descanso y las seis horas, verdadera puntilla para las Pymes y descalabro para las grandes. Pues los primeros que quieren trabajar lo mismo que antes y no menos son los trabajadores.

 

Gustavo Linares Benzo

 

glinares@cjlegal.net