1 Podría despachar el tema que me propongo abordar apelando al refranero criollo, con aquello de que “la cabra siempre tira para el monte”, y librarme así de dar otras explicaciones. Pero no basta con el empleo del lenguaje coloquial dada la importancia del asunto y la situación del país. No cabe duda de que la fatalidad acompaña a la oposición venezolana. Lo que le sucede no tiene precedente en el mundo.
Transcurridos 15 años, la oposición que se conformó luego del desplome del puntofijismo -si lo prefiere el lector, de la IV República-, a partir de 1999, no da pie con bola. No acertó a la hora de asumir una política coherente, responsable, que le permitiera convertirse en referencia confiable para competir con el chavismo. Al contrario, su actuación está plagada de insólitos desaciertos que la condujeron a sucesivas derrotas; unas veces por incurrir en extravíos, que en política tienen alto costo, y otras por haber sido incapaz de perseverar en líneas justas de las que retorna para transitar atajos.
2 ¿A qué se debe tal actitud? La primera explicación que se me ocurre es que el conjunto de factores desplazado del poder por el chavismo, no entendió lo sucedido. Lo banalizó o, quizá, lo evaluó como un episodio más en el calendario electoral del país y no como lo que en realidad fue: el comienzo de un proceso revolucionario.
En el origen del enfoque pesó mucho la subestimación del momento que vivía Venezuela, caracterizado por el reclamo de un cambio a fondo en la conducción, y en el desprecio al chavismo. Este fue visto como expresión circunstancial, marginal, carente de liderazgo y de propuestas. Ese craso error lo pagó caro la oposición inorgánica, variopinta, contradictoria, que estaba en proceso de formación.
3 La subestimación política del chavismo, de lo que este encarnaba, de su sólido apoyo popular y del impactante liderazgo de Chávez -a lo que se sumaba la amargura por el desplazamiento de que fue objeto el conjunto de factores que gobernó al país-, influyó en las reiteradas equivocaciones de la oposición. La cual se convirtió en opción irracional, en vez de contrapeso racional para abrir camino a alternativas serias en el proceso democrático y constitucional del país.
4 ¿Acaso esa torpe evaluación de la situación no explica, por ejemplo, que ante la conformación de un nuevo tipo de democracia, y en el marco de una excelente Constitución -que la oposición satanizó para luego reivindicarla-, la línea adoptada haya sido la “conspiración permanente” o “continuada”? Es ahí donde está la razón de ser de la aventura del 11-A, de plaza Altamira, la guarimba, el terrorismo, el macroerror del sabotaje petrolero, la abstención en las elecciones parlamentarias de 2005 y otros desaguisados. No lo digo yo.
Lo confesaba en encomiable ejercicio autocrítico el jefe de Primero Justicia, Julio Borges, en 2004 -citado por el vicepresidente Arreaza en su informe a la Asamblea Nacional-, en estos términos: “Me arrepiento profundamente de nuestra posición durante el paro, de no habernos deslindado y convocado a una rueda de prensa a la semana de haberse iniciado. A lo mejor nadie nos hubiese escuchado porque esa huelga fue un espejismo colectivo. Igual ocurre con los sucesos del 11 de abril de 2002. No quiero que, por no llamar las cosas por su nombre a tiempo, vuelva a repetirse la historia.Hemos hecho demasiadas concesiones a la Unidad. Creo que el paro fue un error y espero que Dios nos dé la sabiduría para no dejarnos arrastrar”.
¿Por qué esta impecable reflexión no se convirtió en norma permanente que hubiese impedido que el partido de Borges, y otros, incurrieran en nuevos errores? ¿Por qué, si la adopción de la ruta cívica le dio a la oposición satisfactorios resultados, esta siempre termina arruinándolos con críticas desconsideradas contra el sistema electoral?
5 La derrota de la oposición no es solo una, son muchas. Acaba de tener otra, quizá la más grave porque el sector se estaba recuperando: la del golpe guarimbero. Con las derrotas que le propinaron Chávez en octubre del pasado año y, después, Maduro -en las que no obstante logró una apreciable votación-, a las que se sumaron las de gobernadores y alcaldes, perdió los estribos.
Hizo como la cabra del refrán: tiró otra vez para el monte. Desconoció la legitimidad de Maduro y armó una nueva conjura, de la cual -hay que decirlo- no participa toda la oposición; pero se repite el fenómeno de los ultras imponiendo la línea y los sensatos callados.
El 12 de febrero ocurre el primer conato: el ataque al Ministerio Público y, luego, el 18, la marcha de los radicales, López, Machado y Ledezma, con el propósito de repetir el formato del 11-A de 2002: forzar las barreras de seguridad y avanzar sobre Miraflores. Otra vez la atracción irresistible de la aventura -o “espejismo”, en lenguaje de Borges-, seguido del golpe guarimbero, también inscrito en el manual abrileño, su último fracaso.
6 ¿Resultado? No puede ser más lamentable para la oposición: ¡fracaso total! Otra vez la conducción en manos de los aventureros; la alianza, tejida por la MUD, convertida en guiñapo; el retorno a la violencia que aísla y, al final, desata el rechazo de los propios vecinos. La derrota acompaña, como una maldición, a la oposición. Una fatalidad que afecta no solo al sector, sino también al país en general, por los efectos colaterales que tiene.
Con lo cual su responsabilidad se multiplica, ya que no solo compromete su destino particular, sino también el de todos los venezolanos. Pero eso no le importa. Vive el síndrome Sansón.
Laberinto
Cada día se acentúa más la percepción por el país de que la violencia se desató por razones esencialmente políticas y no sociales. No por la escasez, el desempleo, los servicios, sino porque un sector de la oposición decidió desconocer la victoria electoral de Maduro y creyó que estaban dadas las condiciones para acabar con el proceso bolivariano…
Sostener lo contrario es pura hipocresía. La violencia guarimbera no tiene nada que ver con la protesta ciudadana. Ojala esta existiera para ver si el gobierno corrige errores, desmonta el burocratismo y combate a fondo la corrupción. Pero desgraciadamente no es así. Lo que ocurre es consecuencia del plan de un grupo aventurero que actúa con los mismos formatos del 2002-03: golpismo, sabotaje, guarimba, estímulos desestabilizadores de EEUU…
Esa estructura terrorista utilizó a los estudiantes y grupos de vecinos que, en el curso de los acontecimientos, al tomar conciencia del papel de tontos útiles que jugaban, comienzan a tomar distancia, lo cual deja al descubierto la maniobra…
Ahora opera el aparato que promueve la violencia, conectado a medios de comunicación, embistiendo contra la Fanb para provocar una confrontación que degenere en masacre…
Por eso, el interés en destacar la “represión militar” -ignorando, deliberadamente, que más de 50 efectivos militares han resultado heridos y varios asesinados-, para ocultar la violencia promovida por los guarimberos. Ejemplo, El Nacional (27/3/14) titula: “A 25 años del caracazo la brutalidad militar es mayor”. Una ofensa a la institución que más evolucionó hasta convertirse en dechado de civismo. Solo aquellos que desconocen el pasado -o se hacen los locos-, cuando la FAN estuvo al servicio del terrorismo de Estado (torturas, desapariciones, campos de concentración), promueven la acusación. Sin embargo, andan tocando las puertas de los cuarteles buscando aliados para una aventura.
Por José Vicente Rangel








