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Las crisis de la economía socialista

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Las crisis de la economía socialista

 

 

La historia política y económica es evidente testimonio de que muchos economistas no han podido equivocarse más pues las crisis continúan haciendo mella en la economía socialista

 

Las crisis casi siempre son predecibles. Generalmente ocurren tras problemas no resueltos o cuando no se tiene idea de cómo enfrentar la incertidumbre.

 

 

Sin embargo, podría explicarse que las crisis acusan situaciones atiborradas de confusiones por problemas que se solapan y distorsionan la realidad. En tanto estados de desarreglo, despliegan un haz de luz capaz de iluminar oportunidades u oscurecer el contexto donde ancla sus precedentes.

 

 

Las crisis sucesivas, al posibilitar soluciones mediante cambios que parecían difíciles o imposibles de lograr, generaban nuevos problemas. De esa forma, las realidades se vieron encadenadas por seguidillas de crisis que luego se convirtieron en las formas de alcanzar objetivos de desarrollo. O en vías expeditas para alcanzar el antidesarrollo.

 

 

El caos público en la economía socialista

 

Las políticas públicas desacertadas, así como manipulaciones articuladas desde gobiernos arbitrarios, resultaron en infundadas decisiones y dieron forma a estructuras edificadas con base en propósitos ideológicos carentes de consistencia argumentativa.

 

 

Justamente, esto sucedió por causa del entorno cognitivo que rodeó e inspiró postulados de teoría social, política y económica de inconexa coherencia y endeble contundencia. A manera de ejemplo, algunos son: asistencia, protección integral, corresponsabilidad, solidaridad, pluralismo político, distribución de la riqueza, derecho de propiedad, equidad.

 

 

En consecuencia, el mundo de la economía se vio seducido por implicaciones que provenían de consideraciones debilitadas en argumentación y concatenación con principios de otras ciencias igualmente fundamentales para alcanzar importantes objetivos de desarrollo.

 

 

Así congruencias, vinculaciones y garantías propias de modelos de desarrollo comenzaron a fallar en sus intenciones de propiciar el crecimiento, progreso, bienestar y sincronía social, económica y política. No solo como resultado de haberse plegado a ideologías caracterizadas por un sectarismo desmedido, sino, también, por el efecto solapado de operaciones y mecanismos divorciados de realidades necesitadas de un desarrollo soberano.

 

 

La reversión como proceso de recuperación

 

Fue así como, de pronto, la dinámica de un mundo convulsivo como el presente hizo que resucitara el ideario de economistas clásicos preocupados por tener en cuenta la historia, la geografía, la política y la sociología.

 

 

No haber atendido la inquietud que determinó la concepción de una teoría económica respetuosa de variables que perfilaron la autodeterminación de las naciones sopesada desde la dignidad, las libertades y derechos del hombre, terminaron induciendo graves crisis económicas, políticas, culturales, ambientales y sociales alrededor del mundo.

 

 

Arremeter contra leyes económicas y de mercado con el amparo encubridor de intervenciones gubernamentales excesivas, condujo a generar caos de todo orden. En consecuencia, se dieron serios despilfarros descomunales en la administración pública de muchos países. Particularmente, de aquellos amoldados a la horma ideológica de doctrinas económicas y políticas dogmáticas, ortodoxas.

 

 

Remedio peor que la enfermedad

 

La aplicación desbalanceada de una oferta transgresora de las capacidades de demanda configuró una situación de crisis de la cual puede inferirse que sigue dominando el terreno social y político. Indistintamente de la factura ideológica de los gobiernos de turno.

 

 

Esto hizo ver cuadros de desarreglo que abarcan cuantas realidades son posibles. De ello se obtuvo la moraleja mediante la cual pudo deducirse que la política no tiene la fuerza suficiente para movilizar la demanda como pivote de la dinámica de la economía.

 

 

La historia política y económica es evidente testimonio de que muchos economistas no han podido equivocarse más pues las crisis continúan haciendo mella, particularmente en sociedades que han dejado convencerse por ideologías políticas torcidas. Eficaces estas al momento de seducir a sectores de la población cuyo analfabetismo político y económico, es su bandera de presentación y carta de vida.

 

 

La inflación se comió al mundo, tanto como el desacierto de políticas económicas privadas de la más mínima racionalidad. Ejemplo de tan craso estado de desacomodo, caos y malversación ha resultado toda intención de regular el mercado con los preceptos e instrumentos del patético y desvergonzado socialismo. Del centro de la susodicha realidad, han provenido las caídas incitadas por las crisis de la economía socialista.

 

Antonio José Monagas

@ajmonagas

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