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La Inteligencia Artificial

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Google, por su parte, está lanzando su programa Bard para competir con ChatGPT, prometiendo que no sustituirá jamás la capacidad creativa del hombre. Mientras tanto, los miedos siguen creciendo y el debate ético subiendo de tono

 

 

El debate que ha suscitado la llegada a nuestras manos de las nuevas herramientas de Inteligencia Artificial apenas comienza. Hay personas que ven una amenaza a la creatividad humana en esos programas, que buscan información en bancos de datos inagotables, escogen por medio de algoritmos las relevancias claves de cada tema, y en segundos elaboran unos informes precisos, sorprendentemente bien hechos.

 

 

Por otro lado, hay otras personas que toman a la Inteligencia Artificial como un sofisticado instrumento tecnológico, que sirve para aliviar la carga de trabajo de los seres humanos. Consideran que esas herramientas son ideales para elaborar y redactar informes de trabajo, que pueden ser un punto de partida para la reflexión y agregarles el valor que trae el talento humano. Ven a un mundo mejor, en el cual no tendremos que esforzarnos demasiado en conseguir información y redactar reportes.

 

 

El muy prestigioso Instituto de Estudios Políticos de París (Sciences-Po) prohibió a profesores y alumnos, sin una referencia transparente, el uso del popular software gratuito de Inteligencia Artificial llamado ChatGPT, para evitar fraudes y plagios. Otras escuelas y universidades en los Estados Unidos, también han vetado servirse de cualquier programa de Inteligencia Artificial, sin una autorización previa del instituto educativo.

 

 

Como para bajar el rechazo que generan estos instrumentos, la compañía AI, que fue creada por el famoso Elon Musk, de Tesla, y Sam Alta, presentó un producto que permite detectar si el trabajo fue hecho por un ser humano, o por su programa ChatGPT. Además, Microsoft ha invertido miles de millones de dólares en esa compañía AI, para mejorar el desempeño y control del ChatGPT.

 

 

Google, por su parte, está lanzando su programa Bard para competir con ChatGPT, prometiendo que no sustituirá jamás la capacidad creativa del hombre. Mientras tanto, los miedos siguen creciendo y el debate ético subiendo de tono.

 

 

Muy buenos amigos, como el insigne abogado Carlos Sarmiento, radicado en España, me envían material para alimentar la discusión académica sobre el tema. De esa manera, refiriéndose a la sustitución del hombre por la Inteligencia Artificial en materia de derecho, me hizo llegar un trabajo hecho por la también abogada Carla Sarmiento Colmenares, en la cual se pregunta: ¿Qué hacemos con la inteligencia humana, si la Artificial pasa a ocupar todos los espacios?

 

 

La investigadora reflexiona muy agudamente sobre el tema, convencida de que la Inteligencia Artificial no piensa, sino que une, procesa, y produce aquello que ya muchos pensaron, arrojando un resultado final. Asegura que los abogados pueden estar tranquilos, porque “los clientes nunca describen en detalle toda la situación que desean que uno les analice y les ayude a resolver”. La Inteligencia Artificial no está en capacidad de administrar justicia, dice, porque esa es una labor de humanos.

 

 

Otro buen amigo que vive en Alemania, Miguel Ángel Latouche, doctor en Ciencias Políticas, y exdirector de la Escuela de Comunicación Social de la UCV, me envía su último artículo titulado: “El efecto Frankestein”. En ese trabajo, Latouche navega por los turbulentos mares de la ética y de la manipulación genética. También se mete por los resbaladizos pasadizos donde la moral debe imponerse a la búsqueda del conocimiento. Al final, el monstruo siempre se rebela contra su creador.

 

 

El profesor Latouche hace referencia a un artículo de Alexander Armbruster, según el cual “Tesla y Apple acaban de detener el desarrollo de la Inteligencia Artificial con capacidad para competir con actividades humanas, por considerar que las mismas pudieran representar un riesgo para la sociedad”.

 

 

Lo cierto es que el debate apenas comienza, y seguramente vendrán muchos más argumentos a favor y en contra de los programas de Inteligencia Artificial. Como toda herramienta, su buen uso depende del usuario y no del artefacto. Lo novedoso es que por primera vez en la historia de la humanidad, estas herramientas de Inteligencia Artificial pueden emular, de una forma cada vez más parecida, a los informes que produce la inteligencia humana.

 

 

En las clases que imparto en la Escuela de Comunicación Social de la UCV, aconsejo a mis alumnos utilizar todos los apoyos posibles que ofrezca la tecnología como lo que realmente son; unos instrumentos para recolectar información, para comparar, para ayudarnos a reflexionar. Una vez usados, creo que es mejor poner a trabajar nuestras propias neuronas para llegar a conclusiones únicas, que sean producto de la maravillosa e inagotable capacidad creativa que Dios nos concedió a los seres humanos.

 

 

Alvaro Montenegro Fortique

@montenegroalvaro

 

 

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