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El Padre Virtuoso

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El Padre Virtuoso

 

Todos cuantos le guardamos admiración y respeto lamentamos su partida, que nos pareció temprana. Sentimos que tenía aún mucho que dar y que hacer, tanto por la universidad como por el país de sus inquietudes y desvelos.

 

 

Séneca, el gran filosofo romano de origen hispano, probablemente nos habría corregido señalando que su vida no fue breve, que fue lo suficientemente larga y buena como para aprovechar el tiempo, con el que contó, a plenitud y dejarnos como mensaje el ejemplo de su existencia comprometida y humilde. La muerte no es una tragedia, una tragedia es no haber vivido plenamente.

 

 

El padre José Virtuoso fue un extraordinario sacerdote, un ciudadano muy activo en la lucha por la democracia y la libertad, amén de un magnífico rector para la Universidad Católica. Siempre andaba promoviendo actividades en las que hacía presente el lema ignaciano de: «en todo amar y servir». Con frecuencia nos convocaba para alguna de ellas, haciéndonos, de paso, mejores personas con su compromiso y cercanía.

 

 

Lo conocimos en reuniones del Centro Gumilla y nació una entrañable amistad que se fortaleció con los años y se reafirmó en las diversos proyectos que lideraba para el servicio a la comunidad, el más remoto que recuerdo es el de Catuche, con la gente de la quebrada del mismo nombre, para resolver el tema de la construcción de viviendas en la zona.

 

 

Y a vuelo de pájaro, solo en lo que a quien esto escribe respecta, me tope en mis archivos con: el encuentro de liderazgo ignaciano; la presentación de la academia jesuítica; los sesenta años de la UCAB, que contemplo diversas actividades; el gabinete UCAB, historias que comprometen; el seminario de humor en la escuela de comunicación; en Madrid, con la universidad jesuita de Comillas, un acto para convocar a los egresados y recoger fondos para el plan de becas de la universidad y una larga lista de etcéteras con la complicidad del padre Danny Socorro y Marcelino Bisbal, otro par de incansables trabajadores.

 

 

No nos sentimos apesadumbrados por su partida, sino regocijados con su vida y con el hecho de que la Providencia lo haya puesto en nuestro camino para inspirarnos y enseñarnos a ser mejores. Quiera Dios que los sueños de un país mejor, más justo, de valores democráticos, de honestidad, equidad y cultura, por los que tanto luchó,se hagan pronto realidad.

 

 

Siendo como era Virtuoso, queda como hasta injusto con su memoria decir «que descanse en paz», en su lugar diremos: «que trabaje en paz», también arriba en el cielo, dándoles quehacer a los santos para comprometerlos en la lucha por el bienestar de Venezuela.

 
Laureano Márquez

 

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