El discurso y las circunstancias

El discurso y las circunstancias

1 El discurso del presidente Nicolás Maduro

El 8 de este mes ante la Asamblea Nacional, con motivo de la presentación del proyecto de Ley Habilitante, constituye una clara definición de políticas económicas, sociales, institucionales y, lo que es más importante, de carácter ético. Preferí que transcurriera cierto tiempo para decir algunas cosas sobre el documento. Y sugerí su amplia divulgación, ya que Maduro se esmeró a la hora de hacer el planteamiento.

 

Lo concibió no solo para el restricto escenario parlamentario, sino también para llegar a lo más profundo del país. Ese detalle es significativo porque el Jefe del Estado ha podido despachar su tarea con una presentación formal, rutinaria, pero optó por darle proyección orgánica. Profundo sentido político para llegar a la vasta audiencia del pueblo. Aspectos esenciales del mensaje.

 

2 Ética

Quiero hacer énfasis en el aspecto relativo a la ética, al cual Maduro se refirió largamente y abordó en varios pasajes del mensaje. Le asigno mucha importancia a esta invocación, sostenida y reiterativa del tema, porque se trata de un valor en crisis desde tiempo atrás, que se agrava con los años. Diría que en todos los niveles. En el público y el privado, en diferentes capas sociales, en todas las edades, entre quienes dirigen y en los que están en la base.

 

Por eso considero que todo cuanto se haga por abordar el problema, singularizarlo y reflexionar acerca del mal que le ocasiona a la colectividad, es vital. El hecho de que el Jefe del Estado lo asuma, lo desarrolle y desbroce, que desnude su gravedad, el deterioro que causa a Venezuela, significa la entronización magistral en el discurso oficial de un tema generalmente soslayado, banalizado, bien por despreocupación o con el deliberado propósito de obviarlo.

 

3 Corrupción

Como consecuencia del planteamiento sobre la ética y el funcionamiento de la sociedad, Maduro arremetió como nunca hizo un jefe de Estado contra la corrupción. Sobre todo, no estableció excepciones. Él mismo se encargó de señalar a los corruptos de cualquier color, amarillos y rojos rojitos, y los de otros colores, gente del sector público y del privado.

 

Pero no se quedó en el simple señalamiento, en el trajinado diagnóstico, sino que pasó a otra fase, la de las sanciones. Al referirse a estas, puntualizó que una dura penalización es conveniente, pero no basta. Como tampoco basta la represión. Que hay que hacer labores de inteligencia y extremar las medidas para acabar con la impunidad, de la que son responsables poderes públicos, como es el caso de una administración de justicia laxa, muchas veces implicada en el delito.

 

4 Diálogo

Aspecto importante, que exige valor a la hora de asumirlo por las reacciones que provoca, es el diálogo. Invitar a dialogar a todos los sectores en un país polarizado y compatibilizar diálogo con aplicación urgente de acciones contra la conjura económica y la desestabilización política, es parte de un manejo acertado de las atribuciones que le confiere la Constitución al Jefe de Estado. De eso se trata. Maduro lo entiende con claridad.

 

Pero no solo lo capta, sino también lo materializa con iniciativas ante las cuales hay reacciones que confunden diálogo con claudicación. Maduro dio instrucciones al ministro de Finanzas, Nelson Merentes, de reunirse con el empresariado, sin discriminar a nadie, y este lo ha hecho con acierto.

 

El propio presidente hace otro tanto y conforma mesas de trabajo con el sector privado de la economía. La ratificación en el discurso de su disposición a seguir adelante en esta política, pese al grado de conflictividad que estimulan ciertos sectores, es una buena señal. Y hay otro aspecto del diálogo que Maduro tocó: el que tiene que ver con el sector político. ¿Captará este la señal? Los grupos democráticos de la oposición -no los aventureros que tienen planes acordados con el gobierno de EEUU- deben reflexionar sobre esa búsqueda de interlocución. Porque ganan ellos y gana el país.

 

5 Podría hacer otros comentarios sobre el emblemático discurso de Maduro, bien concebido, trabajado con responsabilidad que, por sí mismo, devela las miserias de ciertos críticos enfermos de odio, pero lo importante es avanzar. Dejar que los perros ladren. Para consolidar la democracia como expresión social y de auténtica participación del pueblo. Releyendo el discurso, uno encuentra motivos suficientes para estar satisfecho de que Maduro no haya incurrido en la deplorable actitud de los renegados, de aquellos que tan pronto arriban al poder traicionan el legado de sus antecesores. En fin, sin duda que el camino escogido es el correcto.

 

Por José Vicente Rangel

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