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Decide y elige, pueblo: ¡avanza, no te resignes, no te rindas! 

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Decide y elige, pueblo: ¡avanza, no te resignes, no te rindas! 

 

 

“Cuida tus pensamientos, porque se convertirán en tus palabras. Cuida tus palabras, porque se convertirán en tus actos. Cuida tus actos, porque se convertirán en tus hábitos. Cuida tus hábitos, porque se convertirán en tu destino”. Mahatma Gandhi

 

 

Se anunció finalmente el cronograma de las llamadas elecciones primarias. Arranca en forma un proceso que convida a todos y especialmente a los que quieran realmente cambiar las cosas. Hay otros convocados que no se dan por aludidos por una de estas dos razones o ambas: se resignaron a morir viviendo o se rindieron, sin dar la mejor de sus batallas.

 

 

Resignación es un vocablo polisémico. Puede tener diferentes significados. El diccionario de la RAE nos precisa: “Entrega voluntaria que alguien hace de sí poniéndose en las manos y voluntad de otra persona”. Otra acepción reza así: “Aceptación con paciencia y conformidad de una adversidad o de cualquier estado o situación perjudicial”. Todavía se lee en la web: “Cuando una persona se resigna, acepta una situación y deja de luchar contra ella o de buscar soluciones respecto a la problemática que se le plantea. Por lo general, la resignación aparece cuando algo es inevitable o cuando el sujeto se ha cansado de pelear”.

 

 

En ocasiones creo advertir en la gente, luego de 23 años del pandemónium en que nuestra sociedad y nuestra patria han vivido y como resultado de la revolución de todos los fracasos, más que fatiga, desaliento, frustración; un dejo de fatalismo, quizá se asemeje de alguna manera a la aceptación, por aquello de apreciar ante sí una poderosa e insuperable adversidad, aunque el destino aparezca como un comodín a disposición para explicarse, engañarse o simplemente resignarse.

 

 

Venezuela encajó en el tremedal de la amargura, la antipolítica, la mentira y el cinismo, a la que fue llevada por los cantos de sirenas que obraban en su consciencia. Cedimos la república y la democracia, seducidos por un discurso meramente vindicativo, venido de un obscuro y mediocre liderazgo, auspiciado por una o varias oligarquías; pero, cabe una pregunta: ¿Nos rendimos? ¿Lo dejamos así? ¿Renunciamos y nos apagamos como la llama de una vela que sopla el viento?

 

 

La historia demuestra que solo trascienden aquellos pueblos que se la juegan. Los que mantienen posiciones, los que persisten, los que lloran a veces, pero continúan siendo dignos de respeto y consideración. Creo recordar a Maquiavelo y “la modestia no aplaca a un enemigo jamás”.

 

 

Por eso valoro tanto la gesta de los maestros que se han atrevido a hacer frente al dictador y han desafiado la triste propuesta de resignarnos que anda en la boca de muchos que, incluso, se permiten decir: “No apruebo, no me gusta el liderazgo opositor o por así llamarlo, me abstendré”. La peor cachetada es la que nos asestamos nosotros mismos.

 

 

Esta suerte de autocracia, si no la combatimos, nos quitará hasta el alma. ¿Se han dado cuenta de que han cerrado en un año un centenar de emisoras de radio? Judicializaron o compraron a los partidos, degüellan a diario la prensa, la televisión, se roban sus equipos e instalaciones y simplemente, los dejamos seguir ultrajando, vejando, maculando a los portaestandartes de la libertad.

 

 

Apuntan los facisocialistas a dos bazas fundamentales de la sociedad, para no dejar entonces nada erecto de la república de Venezuela que se ufanaba de ser referencia en el continente de asiento de los derechos humanos. La primera es la Ley de Participación Estudiantil que piensan ellos instrumentar para convertir a los muchachos en esquiroles e intimidar a los maestros, educadores, licenciados, profesores para que no reclamen ni mucho menos pesen en la conciencia social a la que sirven denodadamente y se sumen a los que sí han decidido hacerles frente.

 

 

Paralelamente, enfilan sus cuernos hacia las ONG, expresión de la sociedad civil, instrumentos de colaboración, defensa y promoción de los mejores proyectos en salvaguardia de los derechos humanos y veedores de las políticas que aluden a aquellas áreas carentes, falentes, precarias del Estado chavomadurista, militarista, transgresor, a los fines de vigilar, fiscalizar o de acompañar a los más vulnerables, asistiéndolos en su pobreza y vulnerabilidad.

 

 

Dan por sentado que entre el miedo, la sirvergüenzura y la impunidad nos la seguiremos calando -¡y perdonen el coloquio!- porque reparten una bolsa con granos y jejenes. Con eso, afirman insolentes, incluso en reuniones públicas, que se ganaron al pueblo y el que ose pensar, opinar o criticar le será retirada la talega o lo sacarán de la vivienda que ocupa, la que por cierto le recuerdan -viles como son- que jamás le reconocerán como suya.

 

 

La guerra económica que se libra se la hace el oficialismo al pueblo. Cada día más empobrecidos con el salario más bajo del planeta, en caída libre en cuanto al Índice de Desarrollo Humano, con ofensivas desigualdades entre los que se conectan a la mecánica concupiscente y aquellos que padecen, hambreados, enfermos, despreciados como los pensionados o acaso, sin agua, luz, seguridad, sin futuro, sin esperanza.

 

 

Hay que apartarlos del mando para enfrentar el desastre que trajo la peor de las pandemias, la de una revolución -y lo repito porque es menester- que solo se anotó fracasos. Nadie puede negar lo que tiene ante sus ojos.

 

 

Solo tenemos un camino, nos guste o no: el voto. El que diga lo contrario o colabora con ellos o se piensa ir o se resignó o se rindió; lo cual me niego a aceptar como venezolano y como ciudadano que se pretende dotado de dignidad y eticidad.

 

 

Las primarias están allí, son la opción; yo respaldo un candidato, pero si no resultare favorecido, me sumaré a la campaña del que lo fuera y retará al régimen, que solo significa continuidad y sufrimiento, abuso, irrespeto, desprecio, discriminación y odio, que pretende llamar traidores a los que disienten y temerarios ejercitan de sus derechos humanos y ciudadanos.

 

 

Elige entonces qué hacer: yacer muerto en vida porque renuncias a tu espíritu o dejar la silla y agregar tu carácter y tu dignidad a los que han decidido contribuir con el cambio.

 

 

De eso se tratará de aquí a 2024 o a cuando estos constructores de nuestra tragedia dejen que se exprese la soberanía y echar el resto llegado el momento para aceptar la decisión soberana. ¡Venezuela no se perderá!

 

 

 Nelson Chitty La Roche

nchittylaroche@hotmail.com

@nchittylaroche

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