De la necesaria sincronía ciudadana y el liderazgo
septiembre 2, 2022 10:32 am

 

“La humildad es la verdad.” Santa Teresita de Jesús

 

 

La homilía del evangelio del pasado domingo se refirió a uno de los más importantes referentes contenidos en el Nuevo Testamento. Jesús explica cuanto es menester la asunción de la humildad como carácter y parámetro existencial. Confieso que escuchando al sacerdote me vino al espíritu una reflexión a la que he dedicado varios días.

 

 

¿Cómo lograr la atención del grueso de nuestra gente que vive la hora de la desciudadanización como resultado del daño antropológico o sus radiaciones? ¿Cómo superar el resentimiento, el sesgo de la desconfianza, el prejuicio antipolítico que se muestra en todos los estudios de opinión que se procuran?

 

 

El Centro para el Desarrollo Económico (Equilibrium CenDE) abunda en la presentación de un trabajo de investigación sobre los jóvenes y su percepción del país y que me permitiré trasplantar acá, con amplitud además, a partir de la glosa que hace Keissy Bracho y que publica el portal Dígalo ahí Digital, en los siguientes párrafos, “Verónica Medina, coordinadora de investigación de Equilibrium, detalló que los jóvenes venezolanos, en edades comprendidas entre los 18 y 29 años, tienen una percepción dudosa sobre el respeto de los derechos humanos en el país y desconfían mayoritariamente del buen funcionamiento de las instancias públicas y privadas y de la sociedad civil en general.

 

 

“Los resultados demuestran con claridad una profunda desconexión y desencanto por parte de la juventud venezolana hacia el sector político del país, debido a lo cual más de la mitad (52%) se considera independientes políticamente, mientras que 16% no sabe o no responde a la pregunta. Apenas 3% de la juventud se identifica con el oficialismo, mientras que 29% lo hace con la oposición”, es una de las conclusiones del estudio.

 

 

Dicha valoración negativa se hace evidente durante la evaluación que hacen los jóvenes de las instituciones del país. Medina detalló que las instancias peor valoradas en esta encuesta fueron el gobierno de Nicolás Maduro (83%), la policía (81%) y el gobierno interino de Juan Guaidó (75%).

 

 

“Tanto gobierno nacional como el interinato reciben prácticamente la misma connotación negativa, sin determinar si es justo o no. Pero los jóvenes les asigna la misma carga de valor negativa que es superior a 35%. Lo otro es que ninguna supera 50% a favor, ni siquiera la Iglesia o la empresa privada, lo que otorga una situación de rechazo generalizada, entre actores públicos, privados y sociedad civil”, expresó

 

 

En cuanto a las instancias públicas, privadas y sociales, indicó que las mejores valoradas son las empresas privadas (49%), iglesias (35%) y las ONG (30%). «Las iglesias, históricamente, se apoderan del primer lugar siempre. Pero aquí han tenido un desplazamiento a favor de las empresas y esto tiene que ver con una sensación de mejoría económica, porque las empresas privadas pagan un mejor salario”.

 

 

Traje esta larga cita y relativa a los jóvenes pero que irradia tal vez a muchos más, al texto de este artículo, porque nos deja claro otro aspecto a cotejar en el examen que hemos de hacer en la búsqueda de comunicación con una sociedad reacia, desconfiada, arisca, con la cual, sin embargo, en mi criterio, es imprescindible, impretermitible insisto, conectar, con miras a ciudadanizar y convocar para la tarea liberadora que emprendemos.

 

 

Es menester, tomar consciencia de la distancia que hoy nos aparta y especialmente, al liderazgo; de los destinatarios del poder que yacen con voluntario aislamiento, consciente de lo que ello significa o inconscientemente, por cierto.

 

 

Esa separación sigue a la huelga electoral que nos privó de la mitad tentativamente de los electores en las consultas electorales recientes  y, cabe recordar que varios millones de los nuestros, obran en otras latitudes y la diáspora, no esta en la agenda del CNE y muchísimo menos del oficialismo y aún peor, el llamado o pretendido liderazgo opositor no se ha dispuesto a llevar a cabo acciones en la dirección de presionar al espectro institucional para permitirles ejercer su derecho y actuar, protagonizar, su ciudadanía soberana.

 

 

Acortar los espacios entre los coterráneos es la tarea política de esta hora y no otra. Volvernos a mirar a los ojos. Platicar, compartir, dialogar y no me refiero al espectáculo mediático de México. Pienso en los más numerosos, vulnerables, afectados, marginados, hambrientos de muchas cosas y sobre todo de dignidad, segregados en la actual circunstancia de toda dirigencia e incluso entre ellos, de ellos mismos.

 

 

Me permití interrogar a un sujeto que advertí hurgando en la basura con otros más en una esquina de La Florida, sobre qué conversaban entre ellos al hacerlo y me respondió que casi no se hablan, porque compiten entre ellos o porque su rutina los mantiene silenciosos, apartados de los demás.

 

 

¿Qué les dice a las acontecidas mayorías el liderazgo, y me refiero de cualquier tipo de dirigencia o conducción política? ¿Cómo se relacionan? ¿Se logran comunicar? ¿Acaso se comprenden unos y otros?

 

 

El tejido entre la dirigencia y la sociedad política ha sido deliberada, dolosa y morbosamente destruido por los zafios del PSUV, siguiendo instrucciones del servicio de inteligencia cubano y por los mamelucos del régimen. De allí que la conducción y la representación de la sociedad civil y política esté tan disminuida; aunque, creímos ver reacción reciente, pero, viene opacada desde antes y especialmente a partir de 2017.

 

 

Esta experiencia chavomadurista deletérea y hay que repetirlo, lejos de inclusiva, ha sido mas bien, excluyente. La revolución no solo trajo todos los fracasos sino todas las desigualdades. De allí que el tránsito comunicacional societario tenga baches y vericuetos que complican su universalidad, como propósito y razón ciudadana.

 

 

Contra esa desconexión hay que ir asumiendo la política como poiesis; ante esa bifurcación y esos meandros donde nos condujo el populismo militarista e ideologizado, hay que insurgir.

 

 

No es el rechazo a los compatriotas que respaldan al régimen ni la polarización a rajatablas la respuesta. Hay que llegarles a todos porque la ciudadanización que debemos lograr no se cumple en segregación sino, todo lo contrario.

 

 

No es fácil y lo tengo claro. Empero, es el reto y la victoria ante la hegemonía patológica que como un gravamen se nos ha impuesto que, sin embargo, luce mecánica y precaria. Ya no tienen cómo defender su pésima gestión; como bien dice el amigo César Pérez Vivas, lo del dólar es más dolor para nuestra gente más pobre y es el resultado de una política económica y monetaria que nos ha arruinado.

 

 

Hay que decirles a todos y también a los que no han visto o querido ver la verdad que, los que nos metieron en este remolino de todas las crisis no saben, no quieren y no son los que nos pueden sacar de ella. Es sencillo en su complejidad, pero, por allí hay que apuntar.

 

 

Nelson Chitty La Roche

@nchittylaroche