COINCIDENCIAS
abril 19, 2013 9:59 am

No podemos seguir construyendo la Revolución ni mucho menos el Socialismo con un montón de burócratas que se están llenando la jeta profesando la edificación de una nueva Venezuela, mientras están haciendo negocios a costillas de las actividades del Estado y de todos nosotros; esto ha generado que el desempeño de esas instituciones se vea afectado, ya que el interés no es “servir al pueblo”, sino “servir a mi bolsillo”.

Si este párrafo lo hubiera escrito yo, sería considerado como algo normal. Su autor es Juan Gómez Muñoz y forma parte de un artículo que fue colgado en una página web del chavismo que aún se atreve a publicar autocríticas. No conozco a su autor pero sí he leído varias de sus columnas en donde siempre, desde su creencia ideológica y desde la necesaria reflexión que debe imponerse en los seres racionales, se nota en él la angustia de quien siente que muchos han secuestrado el proceso en el cual cree.

Todo su artículo denominado “Por qué ganamos de vaina, o por qué de vaina perdimos… ” es, sin duda, parte de una profunda reflexión.

 

“… Creo que no me equivoco si la base del chavismo está esperando ansioso que dentro de nuestras filas se castigue a quienes están destruyendo el proceso desde dentro, aquí los únicos ‘chavistas’ castigados son los que brincan la talanquera… “. De esa forma expresa Gómez Muñoz su rechazo a la impunidad ante el funcionario que se corrompe en el ejercicio de un cargo, pero se deja pasar ese hecho porque está dentro de la revolución mientras el pueblo, incluyendo la base chavista, observa con indignado silencio, los ostensibles símbolos de riqueza que exhiben sin que puedan justificar sus ingresos.

 

Le agregaría a esta reflexión de Gómez Muñoz que no sólo se castiga y denuncia a quienes brincan la talanquera, sino que, a aquellos que lo hicieron y fueron acusados públicamente de actos de corrupción, les basta sólo expresar públicamente que regresan a sus filas para ser perdonados de todos sus pecados. ¿Cómo sus propias bases chavistas van a creer semejantes acusaciones y luego en perdones? ¿Esos regresos permiten entonces el blanqueo de lo tomado del erario público?

 

Para consuelo de Gómez Muñoz debo decir que muchas veces he sentido la misma contradicción -que llega al grado de frustración- desde esta otra acera en la que políticamente me encuentro por convicción, pero que ambas bordean la misma ancha avenida llamada Venezuela, nuestra patria. Aquí también hemos tenido que convivir con algunos dirigentes cuyos símbolos de riqueza exceden, con creces, los ingresos que durante su vida en cargos públicos han podido percibir y a los que no se les conoce actividad productiva en el sector privado ni riquezas familiares que les permitan los altos niveles de gastos que realizan.

 

Los dineros que se sustraen del patrimonio público no son de la parte chavista o de la caprilista, son de todo el pueblo venezolano. Convivir con quienes lo hacen y hasta aceptar la protección automática de esas personas, nos hace de alguna manera cómplices por omisión. Debe haber al menos una sanción moral para ellos. Debería haberla en las filas del chavismo y también en nuestras filas. Duele vernos reflejados siempre en los primeros lugares de las listas de países más corruptos del mundo. Dolía antes y sigue doliendo ahora.

 

La sanción jurídica, incluyendo prisión y devolución de lo sustraído, sólo se producirá si se conforma algún día un verdadero Poder Judicial independiente, al que no lo dominen ni las viejas ni las nuevas tribus, y en el cual, no importe quien gobierne, se aplique la ley. La ausencia de un Poder Judicial independiente constituye la consagración de la impunidad reinante y ello mella la moral de la República.

 

También escribió que “… es hora de reconciliarnos, primero porque ya no somos mayoría, pero a lo que me quiero referir es a la reconciliación con buena parte de los más de 7 millones de venezolanos que votaron por Capriles, esos compatriotas, ni son oligarcas (no la inmensa mayoría de ellos) ni son apátridas; no solo hemos sido incapaces de promover y entusiasmarlos a ellos con nuestro proyecto, es que hemos espantado de nuestra propias filas a varios que antes nos acompañaban”. El desconocimiento de la existencia del otro ha sido también un grave error.

 

En estos días tan difíciles para nuestra patria, en los cuales las dos mitades que conformamos la gran unidad llamada Venezuela, más allá de a cuál de ellas pertenezcamos cada uno de nosotros, reflexiones como las escritas por Gómez Muñoz nos hacen ver que aún existen temas profundos en lo que podemos coincidir sin abandonar nuestras convicciones. El rechazo a las solidaridades automáticas y la reconciliación son, al menos para mí, dos de ellas.

 

gblyde@gmail.com

 

@GerardoBlyde