Capriles y el aroma de la victoria
abril 9, 2013 7:11 am

El caprilazo de la avenida Bolívar ha sido la demostración palpable de que el electorado está siendo sacudido por un fenómeno ya expresado y registrado en los denominados tracking poll (medición día a día), el único recurso estadístico posible en esta campaña excepcional y singularísima, entre otras razones, por su brevedad. Por eso, no resulta una locura preguntarse, de acuerdo con esos sondeos, si el amanecer del 15 de abril tendremos de presidente a Henrique Capriles.

 

Generalmente los actos de masas, por muy impresionantes que puedan ser, no definen, necesariamente, los resultados electorales. Con suficiente recursos económicos y, por lo tanto, merced a una maquinaria bien aceitada, es posible dar demostraciones de eso: de capacidad movilizadora y organizativa para reunir muchedumbres, transmitir la sensación de poderío electoral e influir sobre el ánimo de los votantes.

 

Pero el asunto estriba en que la campaña de Capriles, debidamente organizada y entrenada, adolece de grandes limitaciones a la hora de hacer la contabilidad de recursos y sin éstos es imposible hacer funcionar una maquinaria por muy bien que ésta pueda funcionar. Entonces, cabe preguntarse: ¿de dónde y cómo aparecen esas multitudes cuyo estado, digamos, de contagiante exaltación, difiere, de lejos, en intensidad, con las convocadas por el lánguido candidato rojo? Sólo hay una respuesta, la movilización espontánea, el aroma de la victoria, el sonido inconfundible de un “click” que está despertando la inconformidad de los indecisos y el fatalismo de los pesimistas.

 

¿Asombroso pero tardío? ¿Perceptible pero insuficiente? ¿Entusiasmante pero de efecto limitado? Realmente no lo sé. Eso lo dirá el 14 de abril. Pero a ojos vistas el gigante de la resignación se despereza, está abriendo los ojos, se estira y esos movimientos agitan un escenario electoral que el chavismo había montado deliberada y laboriosamente, con la anuencia del líder desaparecido, para mantener la estructura de poder sin el sostén fundamental, es decir, él mismo.

 

Al conjuro de un estallido múltiple de calamidades, todas represadas hasta el siete de octubre (la desaparición del caudillo, dos devastadoras devaluaciones, incremento desatado de la violencia, desabastecimiento permanente, odioso contraste entre los escabrosos escándalos de la decadente nomenklatura y las carencias del pueblo llano) se ha comenzado a resquebrajar la estrategia del candidato del “más allá”, transfigurado en el discípulo del “más acá”. Las brumas del “recurso místico” se despejan ante una realidad que se abre paso independientemente, incluso, del resultado electoral. Está visto, Capriles ha tocado la tecla clave, aquella que anuncia el fin de una época.

 

@rgiustia

 

 

Fuente: EU

Por Roberto Giusti