Asilos
julio 12, 2013 7:04 am

Probablemente, el del cardenal primado de Hungría, Jozsef Mindszenty, ha sido uno de los casos más emblemáticos de asilos políticos. Nació en el seno de una familia humilde y católica y se ordenó sacerdote en 1915, a los 23 años de edad. Su vida estuvo signada por la lucha en contra de los regímenes comunistas y el nazismo, defendiendo siempre elecciones libres, libertad religiosa y a la propiedad privada.

 

En 1919 tomó el poder en Hungría la revolución comunista que instauró la República Soviética Húngara. Mientras duró este intento fallido, fue enviado junto a muchos otros sacerdotes y obispos a un campo de concentración. Al fracasar, ese mismo año, fue liberado, nombrado párroco y se dedicó a fundar numerosas escuelas católicas. En 1944 fue nombrado obispo de Veszprem. En pleno desarrollo de la Segunda Guerra Mundial, luego de la invasión nazi sufrida por su país, liderizó la suscripción de un comunicado firmado por todos los obispos del oeste de Hungría, en la cual exigían cesara la persecución nazi en contra de los judíos y sus políticas de exterminio. Este documento le valió ser encarcelado hasta que, en 1945, los alemanes abandonaron el territorio húngaro.

 

En 1946 es nombrado arzobispo de Esztergom y cardenal. Se había instalado un nuevo gobierno que pronto comenzó a volcarse aceleradamente hacia el comunismo; desaparecieron los partidos políticos y las libertades ciudadanas. La Iglesia católica se convirtió en el último bastión de resistencia al régimen comunista y el Cardenal Mindszenty la encabezaba.

 

En diciembre de 1949 fue encarcelado por su férrea oposición a la estatización de las escuelas católicas. El régimen comunista utilizó su caso para demostrar su poder. Se le torturó y se le realizó un juicio público, con pruebas forjadas, condenándolo a cadena perpetua por traición a la patria. Se eliminaron las escuelas católicas y se disolvieron todas las órdenes religiosas.

 

La revolución húngara de 1956 produjo su liberación, y en Budapest pronuncia un duro discurso público en contra del comunismo. Unas horas después, las tropas rusas invadieron Hungría y acabaron con la revolución anticomunista. El cardenal buscó asilo en la embajada de EEUU. Allí permaneció durante 15 años. En 1971, tras varias negociaciones entre el Vaticano y el gobierno comunista, el cardenal salió de su país y se instaló en Viena, desde donde continuó su lucha por la libertad de su pueblo. A Venezuela vino en 1975, siendo recibido con honores de jefe de Estado por el entonces presidente Carlos Andrés Pérez. Falleció a los pocos meses pues la prisión, la tortura y el exilio habían hecho mella en su salud.

 

El asilo del cardenal resulta históricamente muy relevante, no sólo por lo largo, sino porque era él quien no quería abandonar su país. Sentía que hacerlo era abandonar la lucha y que además se había constituido en un muro de contención para que el Vaticano no negociara con el régimen comunista acuerdos de convivencia.

 

Existen dos casos de asilos que en la actualidad han sido otorgados pero que no se han concretado. El senador opositor boliviano Roger Pinto se declaró perseguido político del gobierno de Evo Morales en Bolivia y desde mayo del 2012 está dentro de la embajada del Brasil en La Paz, esperando por el salvoconducto que le permita salir, dado el asilo que le otorgara Dilma Rousseff. Evo rechazó el asilo y se niega a permitirle la salida del país. El otro es más conocido, se trata del fundador de WikiLeaks, Julian Assange, que lleva 11 meses asilado en la embajada del Ecuador en Londres; el Reino Unido tampoco le otorga el salvoconducto alegando que es requerido en Suecia donde es acusado de delitos sexuales.

 

El caso del espía Snowden es particularmente interesante y distinto. No se encuentra físicamente alojado en ninguna sede diplomática. Está en eso que se denomina “zona de tránsito” dentro de un aeropuerto ruso. Los rusos no quieren quedárselo y Estados Unidos le revocó su pasaporte. Se encuentra, en la práctica, en un verdadero limbo. Los gringos lo quieren de vuelta, deportado, para juzgarlo por revelar información confidencial. Venezuela, Bolivia y Nicaragua le han ofrecido asilo, pero para que opere, tendrían los rusos que otorgarle el salvoconducto. Como no ha ingresado legalmente, todo se le complica más.

 

Lo que no se entiende es qué hacemos nosotros, los venezolanos, involucrados en este asunto “ofreciéndole” el asilo antes de que el ahora famoso espía nos lo hubiera solicitado. Las ganas de figuración internacional y la necesidad de distraer a la opinión pública nacional de los asuntos tan graves que nos ocurren, son las únicas causas para que estemos metidos en semejante enredo.

 

gblyde@gmail.com / @GerardoBlyde

Por Gerardo Blyde