Antonio Ledezma: Atentados por ambiciones y fanatismos

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Antonio Ledezma: Atentados por ambiciones y fanatismos

La historia de la humanidad se ha venido desenvolviendo entre los más inusitados acontecimientos. Este mundo que habitamos ha sido sacudido por terremotos, como ese que derrumbó edificios y arraso con la vida de miles de seres humanos recientemente en Turquía y Siria; tsunamis como el que se consumó el día 26 de diciembre de 2004, inundó a Indonesia, Sri Lanka, Tailandia, India, Maldivas, Sumatra, Andamán y el suroeste de China, dejando un pavoroso resultado de más de 227.000 muertes. También los pobladores de la Tierra han sido azotados por pandemias o por guerras mundiales como la que se desató a raíz del atentado de Sarajevo perpetrado el día 28 de junio de 1914, que se llevó por delante la existencia del archiduque Francisco Fernando de Austria y de su esposa la duquesa Sofía Chotek. La acción la emprendieron un grupo de jóvenes de origen bosnios identificados con la célula irrendentista, entre quienes figuraba Gavrilo Pincip, a quien se tiene como el autor material del crimen. Ese hecho desencadeno la primera Guerra Mundial, ya que el imperio austrohúngaro apuntó su dedo acusatorio contra el gobierno de Serbia y de inmediato declaró la conflagración.

 

Otro no menos significativo acontecimiento se había escenificado años antes, el día 14 de abril de 1865, cinco días posteriores al acto solemne de rendición de las tropas bajo el mando del comandante general del Ejercito de Virginia del Norte, Robert E. Lee. En este caso se trataba del magnicidio del que fue víctima el presidente de los EEUU Abraham Lincoln, quien lamentablemente no corrió con la misma suerte de Andrew Jackson, que tres décadas antes (1845) también fue blanco de una conspiración que no se materializó. Lincoln pagaba con su vida su esfuerzo en medio de aquella guerra civil estadounidense.

 

Pero quien tampoco tuvo el mismo hado de Andrew Jackson, ni la estrella que salvó al presidente Ronald Reagan, aquel 30 de marzo de 1981, cuando un veinteañero accionó su arma para disparar contra el mandatario, a las puertas del hotel Hilton en Washington, fue el pionero del movimiento pacifista hindú, Mahatma Gandhi, quien había coronado con éxito su sueño independentista de la India en 1947 y meses después, rezando en el jardín de su estancia, una balacera le cegó la vida en Nueva Delhi, hasta donde se había trasladado Nathuram Godse, un extremista emparentado con agrupaciones ultraderechistas indios indiciado como responsable de tal atentado.

 

 

En cada uno de estos atentados salen a relucir los fanatismos, las ambiciones, los desequilibrios, los odios o rencores que guían los planes que han sacudido a la humanidad, como aquel día 22 de noviembre de 1963 en que vimos postrarse sobre el cuerpo de su esposa Jaqueline, al joven presidente John F. Kennedy. Ese asesinato pervive en medio de un limbo en que solo ha salido a despuntar el nombre de Lee Harvey Oswald como autor material del magnicidio realizado en la ciudad de Dallas, por cuyas calles se desplazaba la limosina descapotable desde la que la pareja presidencial saludaban a los ciudadanos apostados en las aceras. Seis años después, el senador Robert Kennedy, otro miembro de la dinastía, también fue asesinado en los pasillos del hotel Ambassador de la ciudad de Los Ángeles, a manos de un joven inmigrante palestino de 24 años conocido como Sirhan Sirhan.

 

 

Antes, el 21 de febrero de 1965, la locura de los desenfrenados fanáticos condujo hasta la sala en la que se congregaban centenares de seguidores de Malcolm X, a los asesinos que apuntaron con sus metrallas el cuerpo del predicador mientras escalaba hasta el podio ubicado en la tribuna desde la que pretendía dirigirse a la concurrencia en el bario neoyorquino de Harlem. Otro crimen que aun repercute en los sentimientos de la humanidad, fue el que puso fin a la luminosa existencia de Martin Luther King. El pensamiento de Luther King, iariamente es citado en discursos y se le tiene como emblema para defender los Derechos Humanos. Por enarbolar las banderas de los derechos civiles de los afroamericanos, un recalcitrante exponente del racismo, James Earl Ray, el 4 de abril de 1968, apretó el gatillo de su rifle para que una bala apagara esa antorcha de paz y libertad. A partir de entonces un monumental alud de protestas conmovieron a los Estados Unidos y al resto del mundo. Lideres religiosos católicos también han sido perseguidos por pistoleros delirantes, uno de ellos, recordado por millones de fieles con inmenso y creciente afecto, fue su santidad Juan Pablo II contra quien atentó el día 13 de mayo de 1981 un fanático místico musulmán identificado como Mehmet Ali Agca, pieza de los extremistas agrupados en la célula “lobos Grises”. El 13 de mayo de 1981, cuando ingresaba en un automóvil descapotable a la plaza San Pedro, el ahora fallecido papa Juan Pablo II recibió cuatro disparos del extremista turco Mehmet Alí Agca, miembro del grupo de extrema derecha “Lobos grises”.

 

En América latina han ocurrido actos de esa naturaleza que han engendrado revueltas que perduran en la memoria de sus respectivos pueblos. Uno de ellos el conocido Bogotazo desatado el día 9 de abril de 1948 a raíz del atentado que acabó con la vida del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán. El ejecutor de ese asesinato terminó linchado por una enardecida multitud. Dos años después, el día 13 de noviembre de 1950, se produjo en Caracas el magnicidio que tuvo como víctima al presidente de Venezuela Carlos Delgado Chalbaud, cuyo asesino fue identificado como Rafael Simón Urbina al que se tiene como el autor material, ya que circula desde entonces la especie de que actuaba cumpliendo ordenes del militar Marcos Pérez Jiménez, hipotético autor intelectual del regicidio. Al líder de la democracia venezolana Rómulo Betancourt intentaron asesinarlo en varias oportunidades tanto en su exilio como dentro del territorio nacional, tal como sucedió el día 24 de junio de 1960 mientras la caravana presidencial se enrumbaba hacia el Paseo Los Próceres y el vehículo en el que se encontraba fue atacado por una bomba activada por sicarios contratados por el dictador dominicano Rafael Leonidas Trujillo. En otro desfile realizado el día 6 de octubre de 1981 atentaron contra el presidente egipcio Anward al-Sadat, quien, a diferencia del presidente venezolano Rómulo Betancourt, si perdió la vida a raíz de un ataque terrorista que obraba por encargo del grupo anexado a la red de la Jihad Islámica.

 

 

Retornando al ámbito latinoamericano tenemos la historia novelesca de los supuestos 638 atentados urdidos que tenían como objetivo al dictador cubano Fidel Castro. Un relato, también de empaque peliculesco son los múltiples atentados que supuestamente se prepararon por enemigos de los cabecillas del chavomadurismo en Venezuela, Hugo Chávez y Nicolás Maduro.

 

Pero se siguen ejecutando horrorosos atentados que no tienen como diana mandatarios o a lideres prominentes, sino a seres humanos desconocidos que practican deportes, que acuden a sus centros de estudios, o a cumplir sus jornadas de trabajo; personas que salen a compartir con sus amigos a una cafetería o a un lugar de bailes y terminan siendo estremecidos por una bomba o apagadas sus vidas por ráfagas de disparos. La historia registra el atentado terrorista del 27 de julio de 1996 que liquidó la vida de una persona y dejó a otras 111 personas gravemente heridas. El blanco fue el Centennial Olympic Park en Atlanta cuando se desarrollaban los Juegos Olímpicos de Verano y el terrorista estadounidense Eric Robert Rudolph, un fanático cristiano, cumplía uno de sus 4 ataques en esa misma zona de Georgia, motivado por su animadversión a la homexualidad y a las propuestas de establecer el aborto.

 

Todavía sentimos el inmenso dolor que produjo el no menos abominable atentado del 11 de septiembre de 2001ejecutado por cuatro grupos suicidas adscritos a Al Qaeda que secuestraron un número similar de aviones comerciales que terminaron estrellándose contra las Torres Gemelas de Manhattan, desde entonces nos cambiaron la manera de vivir por las necesarias medidas de seguridad que limitaban, de alguna manera, la indispensable libertad personal de los viajeros. Posteriormente se dieron los atentados del 11 de marzo de 2004 en España que hicieron estallar artefactos explosivos en 4 trenes de la red de cercanías de la Comunidad de Madrid con un saldo deplorable de 193 fallecidos y dos mil personas heridas. Los autores fueron miembros de células terroristas de Al Qaeda y miembros de Grupo Islámico Combatiente Marroquí.

 

El día 13 de noviembre de 2015 las luces de la ciudad de Paris fueron apagadas por el luto que impusieron los atentados terroristas en la localidad de Saint-Denis, hasta donde acudieron los ejecutores, unos suicidas yihadistas, para interrumpir el concierto de Bataclan, al mismo tiempo que disparaban a las personas ubicadas en las terrazas de 5 bares y restaurantes, asesinando a 130 personas y dejando a otras 435 heridas. Mas recientemente, un fanático religioso atacó una congregación de Testigos de Jehová, a la que había pertenecido, matando a seis e hiriendo a ocho personas más. El hecho tuvo lugar el pasado 10 de marzo del presente año en Hamburgo, Alemania. La policía local identificó al agresor como Philipp F., al que visitaron meses antes del atentado para constatar si había adquirido un arma de fuego y verificar si estaba en condiciones psicológicas de portarla sin representar un riesgo, ya que en la comisaria policial habían recibido un alerta anónima que indicaba que Philipp se mostraba indispuesto con la congregación de la que se había separado. Los funcionarios policiales concluyeron que el indiciado evidencio un animo de cooperación y serenidad, por lo que resolvieron dejarle su arma de fuego.

 

Aspiro que este relato sirva para que estemos consientes del peligro que nos acecha en medio de esta vorágine en la que asumen roles preponderantes personajes comprometidos con la agenda del mal que en anteriores entregas he resumido como la amenaza de las tres “V”: Virus, con la secuela que asoma los pebeteros en los que se cocinan las pócimas para desatar guerras bacteriológicas. La violencia de las guerras planificadas por sociópata que tienen su dedo en el botón para detonar bombas atómicas y los vicios que propulsa el narcotráfico desde los oscuros pasillos de la economía paralela.

 

@Alcaldeledezma

 

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