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Amoroso y la inseguridad

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Amoroso y la inseguridad

Escuché con atención las declaraciones que dio el pasado miércoles el diputado Elvis Amoroso en la nada complaciente entrevista que le realizara José Vicente Antonetti. Sabiendo, como lo sé, de la amistad que desde hace muchos años une a Amoroso con Maduro y Cilia y siendo además el presidente de la Comisión de Política Interior de la AN, debo reconocerle que fue mucho más serio y responsable de lo que lo ha sido el propio Maduro al tratar dos temas tan fundamentales: la inseguridad y el desabastecimiento como consecuencia, ambos, de erradas políticas instrumentadas por años.

 

Se enredó al tratar de explicar la inexplicable presencia de su suplente en la infame sesión que terminó en una emboscada a la fracción de diputados de la unidad. Y se salvó de responder -pues no le hicieron la pregunta- sobre la no devolución a los diputados de la Unidad a las presidencias y vicepresidencias de las comisiones permanentes que por proporcionalidad les corresponden. Amoroso, que ya tiene tres períodos como parlamentario, conoce bien cuáles son las reglas a las que me refiero y le habría sido muy difícil defender públicamente la decisión de Diosdado de mantener a nuestros diputados fuera de esos cargos.

 

Respecto a la inseguridad -tema al que quiero referirme dejando el control de cambio y desabastecimiento para los expertos en ello- Amoroso señaló, en el marco de la información que daba sobre la posible y pronta aprobación de la Ley Desarme, que los planes espasmódicos no son suficientes y tienden a ser efectistas ante la criminalidad. Dijo que los alcaldes que tenemos cuerpos policiales, los gobernadores y el gobierno nacional somos los responsables de la seguridad, pero que se requiere coordinación entre todos para que este mal desatado en Venezuela pueda ser combatido con efectividad. Que este tema no debe ser politizado. Todo ello lo compartimos y lo decimos a diario.

 

Quizás en esta ocasión su amigo Maduro lo escuche y, en vez de estar atacando constantemente a nuestra policía municipal, se informe primero de la cuantiosa inversión que hacemos en ella para que hoy sean los mejores pagados, formados y equipados del país. También sería bueno que se informe de los índices de delitos que ocurren en todos los municipios y deje de decir, falsamente, que el nuestro es el más inseguro. Sólo basta comparar las cifras del muy rojito municipio Libertador con las nuestras, por índice de habitantes, para que su mentira quede desnuda.

 

Maduro debería informarse además sobre la coordinación que siempre hemos realizado con todos los entes nacionales y regionales de seguridad. Tanto los civiles (CICPC, PoliNacional) como los militares cuando son activados (Guardia Nacional y hasta el Ejército). Nunca hemos impedido las actuaciones conjuntas que se nos han solicitado. Al contrario, nos apoyamos mutuamente, pues en este tema no se puede ser irresponsable. Aun con los ataques públicos que nos ha hecho, los funcionarios asignados a Baruta coordinan con nuestra policía, pues son nuestros funcionarios quienes conocen todos los rincones de nuestro municipio.

 

El gran problema de la inseguridad está en nuestro Poder Judicial que consagra la impunidad al haber sido tomado por jueces nombrados a dedo por la revolución, que negocian la libertad de los detenidos. Las tristemente célebres tribus judiciales de la mal llamada cuarta república fueron sustituidas, luego de dos procesos de reforma judicial, por otras tribus de jueces sin preparación y con mucha hambre atrasada, con notables excepciones por supuesto. Faltan más policías en todos los cuerpos. Eso es cierto. Pero la gran mayoría de los funcionarios realiza enormes esfuerzos para atrapar a los delincuentes y en más de un 80% son liberados por los tribunales rápidamente. De eso debería estar enterado Maduro. Creo que Amoroso sí lo está.

 

El vértice superior de la pirámide judicial venezolana, la presidencia del TSJ, acaba de ser sustituida. Reposa sobre sus hombros la inmensa responsabilidad de acometer todo lo que en sus competencias está para acabar con esas nuevas tribus y con ello terminar con la impunidad reinante. Si no hay sanción al delincuente, no hay posibilidad alguna de que quien delinque sienta al menos el temor de ser juzgado y sentenciado conforme a derecho. Sabe que, pagando un precio, su crimen quedará en el olvido. ¿Será que la nueva presidenta del TSJ sí se ocupará de esto y no de usar a la justicia para persecuciones políticas?

 

Aprieten donde hay que apretar y coordinen donde hay que coordinar. Los resultados se verán muy pronto. Si se mantienen sólo en el discurso político y en las acciones efectistas que no efectivas, la delincuencia seguirá tan fuerte como hasta ahora.

gblyde@gmail.com / @GerardoBlyde

 

Por Gerardo Blyde

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