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Trump y el nuevo proteccionismo

Posted on: febrero 22nd, 2017 by Maria Andrea No Comments

Según Paul Krugman: “El colapso social de la clase trabajadora blanca es mortalmente serio… La mortalidad entre los estadounidenses de raza blanca y edad media, que había venido declinando por generaciones, comenzó a subir de nuevo a partir del 2000. Este incremento en la tasa de mortalidad se refleja en importante medida por un aumento en los suicidios, el alcoholismo y el abuso de opioides prescritos… Algo está realmente mal en el país de tierra adentro” (“Republican elite’s reign of disdain”, The International New York Times, March 19-20, 2016).

 

 

 

Efectivamente, “el país de tierra adentro” está en crisis profunda ante la contracción del empleo fabril en Estados Unidos. Al centrar su atención y su mensaje en el voto obrero blanco, Trump logró que la matemática del Colegio Electoral le abriera las puertas de la Casa Blanca. Durante su campaña prometió dejar sin efecto la Asociación Transpacífico y renegociar el TLCAN y otros “terribles” acuerdos comerciales. Más aún, amenazó con sacar a su país de la Organización Mundial de Comercio. Desde la presidencia está haciendo realidad ese mensaje.

 

 

 

Un conjunto de consideraciones parecieran señalar, sin embargo, que el proteccionismo no es la respuesta al problema planteado.

 

 

 

Primero. Desoír la lógica de las ventajas económicas comparativas es siempre riesgoso. En función de las mismas cada país aporta aquel segmento del proceso productivo donde es más fuerte, cediendo a otros las áreas donde no lo es. Es la esencia de las llamadas cadenas de suministro. Bajo esta óptica Estados Unidos es fuerte en áreas como la innovación tecnológica, la conceptualización general del proceso productivo y el mercadeo internacional, resultando débil en la manufactura donde el costo de su mano de obra es elevado. Si en función de consideraciones políticas el proceso de manufactura se concentrase en Estados Unidos, el resultado sería un producto final más caro. Ello conllevaría al encarecimiento significativo del costo de vida para el consumidor estadounidense, incluyendo allí a los obreros. Pero a la vez a la pérdida de competitividad internacional para los productos estadounidenses, pues el hecho de que este país se retire de las cadenas globales de suministro no significa que sus competidores también lo hagan.

 

 

 

Segundo. Proteccionismo invita a proteccionismo. La evidencia histórica muestra que las guerras comerciales conducen a un empeoramiento económico de las partes involucradas. En 1930, en ocasión de la depresión económica, Estados Unidos aprobó la Ley Hawley-Smoot que imponía tarifas a 2.000 productos importados. Como resultado de la guerra de tarifas el comercio mundial decreció en 66% hasta 1934. El desempleo estadounidense que en 1930 había sido de 8% alcanzó a 25% durante el período 1932-33.

 

 

 

Tercero. Si bien es cierto que el porcentaje de empleo fabril en Estados Unidos se ha contraído significativamente, también lo es el que desde 1990 la fuerza laboral no agrícola ha aumentado en 33% (“Robots are taking jobs…”, Harvard Gazette, February 15, 2017). La mayoría del nuevo empleo creado ha ido al sector de los servicios.

 

 

 

Cuarto. Un estudio de 2015 publicado por Ball State University señala que entre 2000 y 2010 el 88% de los empleos manufactureros perdidos en Estados Unidos fueron atribuibles a la automatización y sólo un 13,4% al comercio internacional. De acuerdo a un informe del Mckinsey Global Institute de febrero 2017, la automatización en su nivel actual estaría en capacidad de absorber 1,2 millardos de empleos. La mitad de ellos en sólo cuatro países: Estados Unidos, China, Japón e India. Lo anterior conlleva a dos consideraciones. La tecnología y no el comercio es la responsable del grueso de los empleos fabriles perdidos. Aun cuando Estados Unidos enfatizara la preservación de su empleo fabril ello no garantiza que otros países también lo hiciesen con lo cual, al igual que en el primer punto, sus productos perderían competitividad internacional.

 

 

 

Quinto. Si es en los servicios y no en la manufactura donde los empleos están siendo creados y si el desplazamiento manufacturero es producto de la tecnología, lo lógico sería enfatizar la reconversión laboral. Ello implicaría un énfasis en los procesos educativos y de entrenamiento laboral. Un informe de la Casa Blanca del 2016 reconoce, sin embargo, que los sistemas educativos y de entrenamiento laboral en Estados Unidos resultan manifiestamente inadecuados para hacer frente a los retos que confronta el empleo.

 

 

 

Mantener en respirador artificial al empleo fabril estadounidense, a expensas de la pérdida de competitividad de su industria, del encarecimiento de su costo de vida y de las represalias comerciales, no es la respuesta. Esta pareciera encontrarse en la educación y en el entrenamiento adecuados para amortiguar el impacto tecnológico y propiciar la reconversión laboral. Y allí queda mucho por hacer, especialmente porque la crisis del sistema educativo estadounidense es casi tan grande como la de su industria manufacturera.

 

 

 

Alfredo Toro Hardy

 

 

Por Confirmado: Francys Garcìa

China: ¿Liderando las ligas mayores o medianas?

Posted on: febrero 16th, 2017 by Maria Andrea No Comments

China ha venido promoviendo activamente un orden económico internacional cónsono a sus intereses. Como punto de partida se encuentra el Banco de Desarrollo Chino, el cual por sí solo se ha transformado en una poderosa herramienta financiera alternativa a las multilaterales financieras controladas por Occidente. Únicamente en América Latina dicha institución ha prestado más que el Banco Mundial, el FMI y el BID juntos.

 

 

 

En 2014 se creó, por su parte, el Nuevo Banco de Desarrollo de los BRICS con sede en Shanghai. El mismo cuenta con un capital inicial de 50 millardos de dólares llamado a duplicarse en los próximos años. De manera paralela los países integrantes de ese grupo crearon el Acuerdo de Reserva de Contingencia con un capital inicial de 100 millardos de dólares, para el cual China comprometió casi la mitad. En ambos casos la preeminencia de Pekín es clara.

 

 

 

En este mismo sentido, pero dentro de su ámbito continental, China ha venido adelantando la creación de un Banco de Inversiones de Infraestructuras Asiático para el cual ha comprometido 100 millardos de dólares y un Fondo de Infraestructuras de la Ruta de la Seda para el cual ha ofrecido 40 millardos de dólares. Ambos se inscriben dentro de su iniciativa de un “Cinturón y un Camino” cuyo objetivo es promover la interconectividad y los lazos económicos de Asia con Europa y África.

 

 

 

China también ha proyectado su influencia económica hacia las distintas regiones de la cual es parte por vía de instituciones y mecanismos como la Organización de Cooperación de Shanghái, el área de Libre Comercio del Este de Asia y la Asociación Económica Regional Integral. En el marco de la última Cumbre de APEC, China empujó con buen éxito la iniciativa de un Área de Libre Comercio del Asia Pacífico.

 

 

 

De igual manera, pero ya dentro de un ámbito financiero global, China se mueve en dos direcciones. De un lado hacia la internacionalización de su moneda, el yuan, y del otro hacia el posicionamiento de Shanghái como principal centro financiero de Asia. En relación a lo primero está buscando atar, en la medida de lo posible, el uso de su signo monetario a su extensa red de comercio internacional, la cual constituye la mayor del mundo. En función de lo segundo creó la Zona de Libre Comercio de Shanghái en 2013 a los efectos de experimentar con la liberación de tasas de interés, eliminación de controles de capital y acceso extranjero a los mercados de capitales chinos.

 

 

 

Paso a paso, pero con impresionante consistencia de propósito, China está dando forma a una globalización paralela susceptible de debilitar fuertemente al orden económico dominado por Occidente. La razón fundamental de este proceso es la necesidad de obtener un posicionamiento internacional que le permita superar el rechazo occidental a ocupar un espacio cónsono a su fortaleza económica.

 

 

 

En 2014, y tal como lo confirmó oficialmente el FMI, el PIB de China medido en poder de paridad de compra sobrepasó al de Estados Unidos, haciendo de ese país la primera economía del mundo. En efecto, frente a los 17,4 billones de dólares que constituyen el PIB estadounidense, China se presenta con 17,6 billones. Sin embargo el poder de voto de este último en el FMI es de apenas 3,8%, frente a un 17,9% para Estados Unidos. Atrincherándose en viejos privilegios Estados Unidos y sus socios europeos se han negado a reconocer la nueva correlación de fuerzas económicas en el mundo.

 

 

 

Y de pronto, como mana caído del cielo, Estados Unidos el principal articulador y beneficiario del orden al cual se opone China, decide mirar fronteras adentro y desentenderse de la globalización. Ni corto ni perezoso el Presidente Xi se apresuró a transformarse en el nuevo paladín de la globalización y del libre mercado. En el Foro Económico Mundial de Davos, celebrado en enero pasado, éste dejo claro la plena disposición de su país en tal sentido. Más aún, en la medida en que Washington abandona también su liderazgo y su participación en la lucha contra el Calentamiento Global, China pasa a asumir la conducción de este proceso. Contra todo pronóstico Pekín pasa a transformarse en el principal candidato a liderar el llamado “orden liberal” en el mundo.

 

 

 

A Europa no le quedará más opción que la de ceder los espacios que China venía reclamando y subsumirse a su papel rector. Nada más natural, a la vez, que China busque articular su “globalización paralela” con el orden liberal. No es coser y cantar, desde luego, pero en esa dirección parecieran moverse las tendencias.

 

 

 

China confronta, sin embargo, dos fuertes obstáculos: las trabas a la participación foránea en su economía y su geopolítica expansiva. La noción de hegemonía, y de eso precisamente se trataría, requiere de la aceptación de los otros al propio liderazgo. Y mientras Pekín no suavice su posición en ambos campos, difícilmente podrá obtener ese reconocimiento. Para China ha llegado el momento de decidir si quiere ser el primero en las ligas mayores o en las ligas medianas.

 

 

 

 

Alfredo Toro Hardy

EEUU y el comienzo del fin del petróleo

Posted on: enero 13th, 2016 by Laura Espinoza 1 Comment

La Unión Europea se encuentra involucrada hasta la médula en materia de energía renovable. Buen ejemplo de ello es la llamada iniciativa de la Tercera Revolución Industrial. Esta fue endosada por su Parlamento en 2007 y se encuentra en fase de instrumentación por varias agencias de la Comisión Europea, así como por los 27 Estados que la integran.

 

 

Este proyecto se sustenta en varios pilares. El primero busca convertir a los inmuebles de Europa en minicentrales de generación de energía eléctrica. Ello se lograría dotándolos de paneles solares, de máquinas para convertir la basura en energía o a través de cualquier otro mecanismo apto para producir energía renovable. El segundo buscaría dotarlos de métodos adecuados para conservar esa energía, contrarrestando así los altibajos en su capacidad de generación (ejemplo, la noche o la falta de sol en el caso de los paneles solares). El tercero se sustentaría en redes transmisoras de energía eléctrica bidireccionales que replicarían a las redes de Internet. Por esta vía los inmuebles podrían recibir electricidad cuando la propia fuese deficitaria o transmitir sus excedentes a un centro receptor. Este último se ocuparía de redirigirlos a quien los necesitase. Los vehículos eléctricos, de su parte, nutrirían sus baterías en los propios estacionamientos de los edificios.

 

 

El paraíso de la energía verde

 

 

Alemania va a la vanguardia de la Unión Europea en la persecución de este paraíso de la energía verde. Hasta el presente ha convertido a un millón de edificios en pequeñas plantas de generación de energía renovable, mientras trabaja en el desarrollo y puesta en práctica de mecanismos de almacenamiento de esa energía por vía del hidrógeno. A la vez está ensayando redes bidireccionales de “Energía-Internet” en seis regiones del país.

 

 

Si bien Europa encabeza la carrera hacia la energía verde, también China y Japón hacen esfuerzos muy importantes en sus propios términos. La gran pregunta es qué hace Estados Unidos. La respuesta a la misma la da Jeremy Rifkin, mayor especialista mundial en estudios prospectivos y artífice de la Tercera Revolución Industrial. De acuerdo a sus palabras: “En esta materia Estados Unidos no está en nada. Las compañías energéticas llevan la voz cantante y ellas han convencido al país de que es independiente energéticamente y de que el cambio climático es una falacia. Así las cosas, Estados Unidos sigue atado a los combustibles del siglo XX” (Todd Miller, “The Arquitect of Germany’s Third Industrial Revolution: an Interview with Jeremy Rifkin”, Huffpost Business, May 12, 2015).

 

 

Las palabras de Rifkin no tomaban en consideración, sin embargo, una variable importante. Estados Unidos cuenta en la actualidad con el Presidente más ambientalista de su historia. Según Daniel Yergin: “Más que ningún otro Presidente, Obama ha buscado darle el sector de la energía una orientación renovable. En efecto, ha elevado las apuestas de la energía renovable al nivel de destino nacional: ‘La nación que dirija al mundo en la creación de estas fuentes de energía’, ha señalado, ‘será la nación que conduzca la economía global del siglo XXI’” (The Quest, London, 2012).

 

 

Lo que sí es indudable es que, a pesar de los esfuerzos de la Casa Blanca, la revolución del esquisto ancló fuertemente a ese país en la matriz de la energía fósil. Para la mayoría de su sector productivo, para parte importante de su clase política y para amplios sectores poblacionales, la industria del esquisto se presentaba como sinónimo de independencia energética y como motor de crecimiento de su economía.

 

 

Ataque preventivo

 

 

Esta realidad cambió, sin embargo, cuando Arabia Saudita decidió lanzar un ataque preventivo destinado a cortar de raíz la rentabilidad del petróleo de lutita. Al abrir el chorro de su petróleo al máximo, sabiendo que ello generaría una estrepitosa caída en los precios, Riad buscó acabar con la revolución del esquisto. No era desde luego tarea sencilla dada la alta flexibilidad de dicha industria, donde es fácil salirse cuando la rentabilidad baja y reentrar cuando sube. El problema es que nadie desea ser picado dos veces por la misma culebra. ¿Quién querrá volver a invertir en una industria cuya rentabilidad puede derrumbarse ante la sobreproducción petrolera? La credibilidad del petróleo de lutita fue irremediablemente destruida.

 

 

Ahora bien, sacar de escena al petróleo de lutita significa romper el anclaje de Estados Unidos con la matriz energética petrolera y dar alas a la cruzada presidencial por la energía renovable. Mientras la economía estadounidense respaldase a la matriz petrolera, ésta difícilmente podía verse desplazada internacionalmente. Sin este apoyo en cambio es difícil que resista a las fuerzas del cambio.

 

 

Gracias a la acción de Riad el grueso de sus reservas petroleras se quedará bajo tierra y con ello, de paso, las nuestras.

 

Alfredo Toro Hardy

China y EEUU: la danza de las dos «g»

Posted on: abril 25th, 2014 by lina No Comments

El día en que la geopolítica opaque a la globalización la paz tendrá sus días contados.

 

La relación entre Pekín y Washington se sustenta en dos «g»: globalización y geopolítica. La primera tiende a unirlos mientras la segunda los separa. En 2013, y bajo el impulso de la globalización, China vendió 439 millardos de dólares a Estados Unidos quien, a su vez, le vendió 120 millardos. Este superávit comercial, ya de larga data, le ha permitido a China convertirse en el mayor tenedor de bonos de la deuda pública estadounidense, brindándole un fuerte respaldo a esta última economía. El monto de dicha tenencia alcanzó a 1,27 billones (millón de millones) de dólares en diciembre de 2013. Sin embargo, en este ámbito se genera también competencia y el Acuerdo de Libre Comercio Trans-Pacífico impulsado por Washington va a contracorriente de los flujos de integración y comercio chinos en el Este de Asia. En contexto, no obstante, la globalización une a estos dos países mucho más de lo que los separa.

 

Al nivel de la geopolítica, en cambio, todo los separa. Más aún, genera un curso de colisión inevitable entre ambos. Dos escenarios básicos y una razón de fondo son responsables de ello. El Mar del Este de China y el Mar del Sur de China conforman dichos escenarios. En el primero un simple archipiélago inhabitado de 7 kilómetros cuadrados de superficie, reclamado por China y Japón y conocido como Senkaku/Diaoyu, da forma a un potencial conflicto bélico entre estas dos naciones asiáticas susceptible de involucrar también a Estados Unidos. Allí confluyen los sentimientos nacionalistas de las partes reclamantes, importantes reservas de hidrocarburos y el Tratado de Defensa Recíproco entre Estados Unidos y Japón que obligaría al primero a acudir en apoyo del segundo en caso de guerra.

 

En el Mar del Sur de China, de su lado, convergen factores inmensamente más complejos. Los mismos incluyen las rutas marítimas más transitadas del planeta (por el solo Estrecho de Malaca circulan el 60% de los requerimientos energéticos de Japón y el 80% de las importaciones petroleras de China); inmensas reservas de hidrocarburos; importantes riquezas pesqueras; múltiples diferendos en torno a tres grandes archipiélagos (Pratas, Paracels y Spratlys) que enfrentan a China con Vietnam, Filipinas, Malasia y Brunei y, finalmente, una postura estadounidense contraria a las posiciones chinas y de apoyo a quienes las confrontan.

 

La razón de fondo de este antagonismo entre China y Estados Unidos es simple y en esencia se remonta a un inmemorial principio de política exterior: la llamada «Trampa de Tucídides». Toda gran potencia que emerge busca alterar un status quo que constriñe su ascenso mientras que toda gran potencia que declina busca preservar un status quo que sustenta su primacía. Ello hace de la confrontación entre ambas un hecho natural. Esta realidad se expresa de muchas maneras en la actual medición de fuerzas entre Washington y Pekín.

 

En definitiva, la relación entre este par de potencias habrá de desenvolverse en medio de la tensión dinámica entre las dos «g». Sin embargo, el día en que la geopolítica opaque a la globalización la paz tendrá sus días contados.

 

Alfredo Toro Hardy

Chávez y Estados Unidos

Posted on: marzo 14th, 2013 by Super Confirmado No Comments

En febrero de 1999 me reuní con el presidente Chávez en La Casona. Pocos días después debía partir a Washington para hacerme cargo de nuestra embajada allí y era el momento de recibir sus instrucciones con respecto a la tarea a cumplir. Sus palabras fueron precisas: mantener relaciones cordiales sustentadas en el respeto recíproco. De hecho algunas semanas antes, en tanto embajador designado a Estados Unidos, me había tocado acompañar al presidente electo en su viaje a ese país y ser testigo de su reunión con el presidente Clinton. Fue el primero de tres encuentros entre ambos jefes de Estado cuyo denominador común fue precisamente la cordialidad y el respeto recíproco.

 

A pesar de que Washington no estaba acostumbrado a posturas de clara independencia frente a sus políticas, por parte de un presidente latinoamericano, la administración Clinton supo asimilarlas, manteniendo las relaciones bilaterales en un plano constructivo. Ello cambió drásticamente con la llegada de Bush al poder. El tono y la actitud de las nuevas autoridades con responsabilidad sobre América Latina, en consonancia con el estilo de dicha administración, vinieron cargados de prepotencia e ideología. El suyo era un mundo de satélites en el que no se admitía la disidencia ni la independencia de criterio.

 

No pasó mucho tiempo antes de que el nuevo gobierno estadounidense comenzara a dar luz verde y a actuar en connivencia con el aventurerismo político extremo que caracterizó a la oposición venezolana en aquellos tiempos. Ello resultó paralelo a los esfuerzos sostenidos ante gobiernos amigos para arrinconar a Venezuela. En algunos casos, como en el de la España de Aznar, esto dio resultado. En otros, como en el de la Gran Bretaña de Blair, sus intentos no prosperaron. Gracias al apoyo dado a Chávez por la totalidad de los sindicatos británicos y por la izquierda del Partido Laborista, Venezuela se convirtió en el único ejemplo internacional en el que Blair no pudo hacer causa común con Bush.

 

La llegada de Obama pareció presagiar una vuelta a los parámetros de su antecesor demócrata en relación a Venezuela. Tal fue el deseo expreso del presidente Chávez quien en Trinidad le dijo al nuevo inquilino de la Casa Blanca que quería ser su amigo. Lamentablemente la política exterior implementada por Hillary Clinton pareció con frecuencia más una continuación de la de Bush que un regreso a la de su marido.

 

En su intento por aislar a Venezuela en América Latina y el Caribe, Washington terminó aislándose de la región. El fuerte impulso de nuestro fallecido presidente resultó fundamental para integrar a la región en torno a un conjunto de instituciones novedosas, cuya expresión más lograda es la Celac. En esta última, en la que tienen cabida 33 países, 590 millones de habitantes y 20 millones de kilómetros cuadrados, no participa Estados Unidos. Pero junto a los logros de la integración está la nueva presencia económica de China en esta parte del mundo, por la que también el presidente Chávez hizo mucho. Ojalá EEUU comprenda el papel protagónico que juega Venezuela en la geopolítica regional y propicie un reencuentro basado en el respeto a nuestra condición soberana.

 

altohar@hotmail.com

 

Fuente: EU

Por Alfredo Toro Hardy

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