Abundan los consejos para organizar una fiesta o reunión perfectas, pero para ser un buen invitado hay que cultivar ciertas habilidades.
Aunque nunca faltan consejos para quienes planean organizar una fiesta —el influyente libro de Martha Stewart de 1982, Entertaining, dedica más de 300 páginas al tema—, se presta comparativamente menos atención al arte de ser un buen invitado. Pero sí que es un arte, o al menos una habilidad, que al parecer se cultiva cada vez menos, ya que los estudios sugieren que la tendencia a socializar está en declive en Estados Unidos. Aun así, probablemente todos conocemos a gente que se comporta de maravilla en una cena. Con la esperanza de aprender de ellos, les hemos preguntado a seis expertos con raíces en Nueva York —entre ellos, un chef, un escritor y una cantante— cuáles son las cosas que hay que hacer y las que hay que evitar.
Confirma tu asistencia con cuidado
Primero, decide si de verdad quieres ir. Eso significa ser realista con respecto a tu tiempo y energía. El escritor y chef Andy Baraghani, de 36 años, admite que con la edad se ha vuelto “un poco más selectivo” a la hora de comprometerse, aunque si el evento en cuestión es una cena en casa de un amigo, dice: “Es probable que vaya”. La estilista Beverly Nguyen, de 35 años, fundadora de Beverly 1975, una tienda de artículos para el hogar en el Bajo Manhattan, considera cuánto significaría su presencia para la persona que la invitó y ella qué podría aportar a la velada. Si en este punto ya crees que no vas a ser buena compañía, dice el autor y colaborador de T Aatish Taseer, de 45 años, quizá sea mejor quedarte en casa: “Ir a una fiesta y ser un pesado es un delito”. Hagas lo que hagas al valorar una invitación, dice Hamilton South, cuya edad no ha revelado, vicepresidente de Standard Industries, lo que no debes hacer es preguntar quiénes serán los demás invitados. “Es una costumbre neoyorquina”, dice, “y la peor falta de modales posible”. Si dices que vas a ir, genera confianza cumpliendo tu palabra. “Es como un espectáculo”, dice la cantante y artista visual Vivian Bond, de 63 años. “No lo cancelaría a menos que estuviera demasiado enferma para salir al escenario”.
Llega razonablemente a tiempo, pero nunca antes
Cuando se trata de reuniones íntimas, el margen para llegar “con un poco de retraso” es más corto de lo que podrías pensar. “Si alguien dice que a las 8, yo llego a las 8:05”, dice South. Baraghani cree que deberías llegar “10 minutos tarde, como máximo” a una cena, aunque una fiesta grande sin asientos fijos ofrece más flexibilidad. Pero tampoco llegues antes, ni siquiera justo a la hora. “Dale un momento a la anfitriona para que se arregle el pelo”, dice Nguyen. Si eres el primero en llegar, dice Bond, echa un vistazo a ver si hay algo en lo que puedas echar una mano, y si el anfitrión no quiere ayuda, “sírvete una copa y mantente al margen con encanto, sin convertirte en un zombi”. La artista Chloe Wise, de 35 años, a veces lleva esta idea un paso más allá y le pregunta al anfitrión si necesita algo de la tienda. “Vete y vuelve”, dice. “Lo ideal es que para entonces ya haya alguien más allí, y que ustedes dos se enamoren”.
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Credit…Ilya Milstein
Cuando lleves comida o regalos, confía en tus instintos
Wise nunca llega con las manos vacías, ya sea llevando una tanda de su focaccia casera de masa madre, cogiendo una sola flor de un ramo que haya en su mesa o comprando una botella de sake de camino al lugar de destino. Baraghani, por su parte, evita llevar flores. “Me parecen algo muy personal”, dice, y admite que es “muy exigente con los tipos que quiero en mi casa”. Nguyen también sugiere llevar un regalo solo si refleja que conoces bien a tu anfitrión. Si se trata de alguien a quien le encanta cocinar, por ejemplo, una buena botella de aceite de oliva le hará mucha ilusión sin desentonar con su decoración. Ella es cautelosa a la hora de llevar un platillo; añadir algo al menú sin consultar antes con el anfitrión, dice, puede ser “como ir de blanco a la boda de alguien”. El regalo debería ser algo que el anfitrión no se sienta obligado a servir ni siquiera a abrir en esa ocasión, sino que pueda disfrutar a su propio ritmo, dice Baraghani. Una excepción es el hielo, que, según mencionan Bond y Wise, suele escasear y se agradece mucho.
Los acompañantes son un privilegio, no un derecho
Es normal querer contar con la compañía —y el apoyo— de un amigo o pareja cuando vas a un evento social, sobre todo si no conoces a muchos de los demás invitados o te da miedo dejar a alguien al margen. Si la reunión va a ser grande o informal, dicen Wise y Taseer, puede que un acompañante sea bienvenido, aunque igual es mejor que lo consultes antes. (“Si es un picnic, puedes hacer lo que te dé la [palabrota]”, dice Wise.) Pero al planificar un evento más formal, como una boda, señala Taseer, es probable que el anfitrión haya pensado con mucho ciudado en su lista de invitados, y deberías detenerte a tenerlo en cuenta antes de pedir llevar a alguien a quien no han invitado inicialmente. Nguyen también desaconseja pedir un sitio extra si el evento se celebra en un restaurante, donde el aforo suele ser limitado y un plato más puede disparar la cuenta.
Wise —que, como todos los consultados para este artículo, también es una anfitriona muy experimentada— dice que “le parece impactante que alguien pida traer a un acompañante” a una cena, a menos que dé razones de peso de por qué su presencia será un valor añadido. Si estás en el otro lado y tienes la suerte de ser el acompañante, añade, disfruta, pero evita comportante con demasiada familiaridad. En otras palabras, “no te eches a la piscina sin ropa al final de la noche”, dice Wise, “a menos que alguien más lo haga primero”.
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Credit…Ilya Milstein
Sé (o aparenta ser) seguro de ti mismo
¿Te sientes inseguro al llegar? No eres el único. Incluso los invitados más experimentados sufren ansiedad social. “Hay una bebida llamada gin martini que, en mi opinión, es absolutamente transformadora para las ocasiones sociales”, bromea Taseer. Pero no te limites a ahogar tus nervios: acéptalos. Al fin y al cabo, dice Nguyen, significan que te encuentras en una situación con posibilidades desconocidas. Además, fingir un poco de confianza puede darte buenos resultados sociales. Bond recuerda una ocasión en la que, cuando era estudiante universitaria, ella y un amigo se encontraron en la sala VIP del Studio 54. “¿Y ahora qué hacemos?”, preguntó el amigo. “Finjamos que somos súper interesantes y divertidísimos”, respondió Bond. “Nos quedamos allí sentados como extras en una película y nos reíamos el uno del otro”, cuenta Bond, hasta que otras personas de la discoteca, intrigadas por su aura, se acercaron. Otro enfoque, dice Nguyen, es simplemente “mirar a alguien a los ojos y darle la mano”.
Intenta conectar
La confianza puede ser fingida, pero la conversación debe ser sincera y estar impulsada por la curiosidad. Baraghani cree que preguntarle a alguien a qué se dedica, sin embargo, “es aburrido” y puede parecer una evaluación encubierta de su estatus social. Él prefiere preguntar por los viajes recientes de la persona: una pregunta segura pero estimulante, aunque no haya ido muy lejos. Nguyen suele preguntar: “¿Qué te inspira en este momento?” para crear un espacio en el que la gente pueda hablar de sus valores y experiencias recientes. A Wise le atraen las preguntas más abstractas, como “¿Cuál crees que es lo contrario de la nostalgia?”. Cuando se siente atrevida, a veces le pregunta a otro artista: “¿Quién es un artista sobrevalorado y quién es un artista infravalorado?”. Dice que puedes sustituir “artista” por casi cualquier cosa que te interese.
Por otro lado, “en mi familia, si le hacías preguntas a la gente, se consideraba que eras entrometido y maleducado”, dice Bond, quien, en cambio, inicia las conversaciones con un cumplido. Y Taseer suele optar por partir de lo que alguien ya ha revelado sobre sí mismo. “La gente tiene esa curiosa costumbre de decir algo al principio que delata lo que más le importa”, explica. Sea cual sea tu enfoque, no saques el celular durante los momentos de silencio en la conversación. Resistir esa tentación, dice Baraghani, “permite que la conversación fluya”, y, a menos que seas fotógrafo profesional, añade Nguyen, nadie necesita que hagas fotos.
Echa una mano con tacto
El papel de un invitado “no es estar al servicio de los demás”, dice Taseer, sino pasarlo bien. Si de verdad quieres echar una mano, sé específico, según lo que requiera el momento. Si ves que faltan platos en la mesa o que hay eneldo abandonado en una tabla de cortar, pregunta si puedes ayudar a poner la mesa o a picarlo, aconseja Baraghani. No insiste en ayudar si el anfitrión se niega, aunque admite que esto va en contra de la cultura persa de la hospitalidad con la que creció, en la que los anfitriones y los invitados suelen enzarzarse en un baile de insistencia y resistencia. Sin embargo, no siempre necesitas permiso para ayudar. Nguyen suele encontrar alguna forma de echar una mano, como rellenar los vasos de agua, preguntar si alguien quiere otra bebida o servir la comida que se está compartiendo al centro, estilo familiar.
Sáltate las despedidas, pero envía un agradecimiento
No siempre es necesario despedirse —y, en algunos casos, es mejor no hacerlo—. A menos que se trate de un evento muy íntimo, dice Taseer, “se crea un ambiente lúgubre” cuando anuncias que te marchas. Si sabes de antemano que te vas a ir temprano, sobre todo de la cena, Nguyen sugiere que se lo digas al anfitrión con antelación. Luego, una vez que te hayas ido, dale las gracias al anfitrión. A Nguyen le gusta enviar un mensaje de agradecimiento justo después del evento y mencionar algo concreto que le haya gustado. “Es bonito que alguien pueda mirar el celular esa misma noche y saber simplemente que te lo has pasado muy bien”, dice. Pero también envía una tarjeta de agradecimiento de verdad por correo postal. Lo mismo hace South, siempre que el evento en cuestión haya tenido lugar en casa de alguien. “Todo el mundo piensa que un correo electrónico es lo mismo que una nota”, dice. “Yo no creo que lo sea”.
No te obsesiones con tus errores
Si cometes un desliz, intenta recordar que gran parte de lo que se considera “mal comportamiento” es una parte necesaria de la fiesta, aconseja Taseer, y ten en cuenta que probablemente los demás no se hayan escandalizado tanto por tu comportamiento como tú temes. “Cuando alguien es el anfitrión, sabe que la gente va a derramar bebidas, a emborracharse demasiado”, dice Nguyen. Si sientes la necesidad de disculparte, hazlo una vez. Y ya está. “No hay nada peor que disculparse una y otra vez por lo mismo”, dice Nguyen. “Si realmente has hecho el ridículo”, dice Bond, “envía flores”.
Rose Courteau es una escritora de Arkansas que vive en Brooklyn. Cree que la buena conversación ocurre justito afuera de la zona de seguridad.
The New York Times en español
Illustration By Ilya Milstein. Animation By Jonathan Eden











