Los entrenadores se vieron desbordados por las noticias de niños desaparecidos en cuanto dejó de temblar el suelo.
Decenas de niños que juegan en la principal liga infantil y juvenil de Venezuela terminaron en el hospital, algunos de ellos recién huérfanos.
Entre ellos estaba Samuel Brito, un fenómeno del béisbol de 12 años, cuyo rescate de entre los escombros de su casa quedó grabado en un video dramático. Sobrevivió porque sus padres lo protegieron de las paredes que se derrumbaron y que mataron a su madre y a su padre, según sus familiares.

Pero muchos seguían desaparecidos, probablemente atrapados bajo las casas derrumbadas. Y varios —sus equipos aún no saben exactamente cuántos— fallecieron, muchos junto a sus familias.
A Franco Gutiérrez, un jugador de béisbol de 4 años, lo encontraron abrazando a su madre dentro de su casa colapsada; y a su padre lo encontraron en otra habitación no muy lejos, según Miguel Moreno, que dirige el equipo de béisbol en el que jugaba Gutiérrez.

Hiram Villarroel, de 6 años, un aspirante a lanzador que empezó a jugar hace menos de un año, sigue desaparecido en algún lugar entre los escombros de un bloque de apartamentos derrumbado, junto con sus padres.

“Me siento impotente”, dijo el padrino de Hiram, Russell Vásquez, que ha ido todos los días a las ruinas del edificio donde vivían Hiram y sus padres. “Yo quisiera meterme en ese edificio y buscar por todos lados, pero no puedo”.










