Las cárceles se han convertido desde hace décadas en los «centros de mando» de las pandillas que operan en Guatemala, organizando tras las rejas el millonario «negocio» de las extorsiones a comerciantes, que les permite vivir con grandes privilegios, mientras lideran la ola de violencia que golpea al país centroamericano.
El director ejecutivo de Acción Ciudadana (capítulo guatemalteco de Transparencia Internacional), Manfredo Marroquín, explicó este jueves a EFE que el sistema penitenciario del país centroamericano padece una penetración histórica de la corrupción que permite a las estructuras criminales operar con total impunidad.
Según Marroquín, los centros de detención no funcionan como instituciones de rehabilitación, sino como «centros de mando del crimen» donde la falta de control estatal permite que tanto pandilleros como políticos corruptos gocen de beneficios exclusivos.
Todo ello se registra en medio de la ola de violencia que vive Guatemala después de que el pasado fin de semana fueran asesinados diez policías, después de que las autoridades retomaran el control de tres prisiones donde los presos, principalmente pandilleros, se amotinaron y tomaron como rehenes a varios trabajadores penitenciarios.

La situación se ha agudizado desde julio de 2025, cuando el Gobierno de Bernardo Arévalo de León intentó retomar el control de las prisiones retirando los privilegios a los reos y trasladando a sus líderes a la cárcel de máxima seguridad Renovación I, en el sureño departamento (provincia) de Escuintla, a unos 50 kilómetros de Ciudad de Guatemala.
El millonario negocio de las extorsiones
De acuerdo con datos oficiales y de organizaciones no gubernamentales, el fenómeno de la extorsión ha alcanzado dimensiones críticas. Miles de denuncias anuales interpuestas por comerciantes, transportistas y pequeñas empresas —cuyas pérdidas se valoran en millones de quetzales— tienen un denominador común: la mayoría de las llamadas y órdenes de cobro emanan directamente desde el interior de las prisiones.
El Centro de Estudios Económicos Nacionales (CIEN) confirmó esta tendencia en su informe de enero de 2026, al detallar que el año 2025 cerró con un total de 25.961 denuncias por extorsión, frente a las 24.978 registradas en 2024.
Este incremento de 983 casos adicionales representa una variación al alza del 3,9 %, consolidando una tasa de 142,7 denuncias por cada 100.000 habitantes.
Según el investigador del CIEN David Casasola, el departamento de Guatemala sigue concentrando cerca de la mitad de los delitos de extorsión y homicidios en el ámbito nacional, lo que refleja la operatividad de las pandillas que, pese al encierro, mantienen intactas sus estructuras de comunicación.

El Gobierno ha calificado la situación de las cárceles guatemaltecas como una «bomba de tiempo permanente», al encabezar la sobrepoblación penitenciaria en Latinoamérica, con un índice de ocupación que supera el 300 %.
Exigencias de líderes pandilleros
Los 23 centros penales del país tienen capacidad para 6.000 reclusos, pero albergan actualmente a más de 23.000, de acuerdo con las autoridades.
Esta saturación, sumada a una fuerza de apenas 3.997 guardias para custodiar a toda la población de reos, facilita que los internos mantengan acceso a teléfonos celulares y armas, instrumentos fundamentales para coordinar crímenes en el exterior.
Pese a los recientes operativos de aislamiento de líderes pandilleros en centros reformados como Renovación I, la persistencia de la corrupción continúa siendo el mayor desafío.
El CIEN destaca que, en cada requisa, las autoridades siguen incautando dispositivos de comunicación, lo que evidencia la urgencia de profesionalizar la carrera penitenciaria y concluir un censo que permita retomar el control real de quienes dictan sentencias desde sus celdas.
Mientras tanto, los reos de alta peligrosidad y los cabecillas de las pandillas buscan mantener sus beneficios.
Es el caso del líder de la organización criminal Barrio 18, Aldo Dupie Ochoa Mejía, alias ‘Lobo’, quien demandaba su traslado a otra prisión y comodidades como aire acondicionado, ingreso de comida de restaurantes a domicilio y una cama de tamaño ‘king size’ en su celda. EFE










