La taquilla del cine venezolano cayó en 2025

La taquilla del cine venezolano cayó en 2025

El año pasado 54.041 personas acudieron a las salas para ver películas venezolanas, lo que representa una caída de 28,36% respecto a las 75.436 que se registraron en 2024

 

 

El cine venezolano sigue sin poder despegar en la taquilla pese a que ha crecido levemente el interés del público por ver películas en las salas.

En 2025, 54.041 personas compraron entradas para ver un filme nacional, frente a las 75.436 de 2024, que ya representaba una caída con respecto a 2023, cuando se registró un pico de 204.821 espectadores, en parte gracias al fenómeno de Simón, que fue vista por 117.329 personas.

Si se comparan las cifras de 2024 y 2025, la caída fue de 21.395 espectadores (28,36%). Pero si el cotejo es entre 2023 y 2025, la disminución es aún más abrupta: se perdieron 150.780 entradas, es decir, 73,61%.

Los dos filmes venezolanos más vistos, y los únicos que superaron la barrera de los 10 mil espectadores el año pasado, fueron la comedia Un viaje de película de Carlos Daniel Alvarado, con 12.190 entradas, y la película de terror No lo escuches de Alexmir Dordelly, que llevó a 11.047 personas a las salas. Otra comedia, El vendedor de Nando de la gente, se ubicó en el tercer lugar con 8.687 asistentes.

La lista continúa con Kueka: memoria ancestral de Francisco Pinto (3.354), Las dos caras de Jackson Gutiérrez (3.235), ¡Ay, mamá! Una familia venezolana de Luis Carlos Hueck y Fabrizio de Filippis (2.979), Vulgar de Elio Palencia (2.059), Atiende de Carlos Tatú García (2.031), Los herederos de Pablo de la Barra (1.824) y Cristal de Bárbara de Oliveira y Jhony Febles (1.767).

Si se toma en cuenta el total de personas que acudieron a las salas, la brecha es aún más significativa. 7.968.576 asistieron a los cines en 2025, de las cuales solo 0,67% vio cine venezolano. Pero si la comparación es con el filme nacional con mayor taquilla, Un viaje de película con 12.190, el porcentaje se sitúa en 0,15%. En contraste, el público venezolano optó por taquillazos como Lilo & Stitch, la más vista con 1.057.023 espectadores; Zootopia 2, con 558.796, y Una película de Minecraft, con 452.680.

Los motivos de la caída son diversos, analizan expertos y cineastas cuando se celebra, hoy 28 de enero, el Día Nacional del Cine. Para el periodista cultural Humberto Sánchez Amaya, presidente del Círculo de Críticos Cinematográficos de Caracas, la preferencia de la gente por un filme como Un viaje de película puede deberse a la necesidad de distraerse por lo que supone vivir en Venezuela.

“Hay películas que pasaron inadvertidas, como Mariposa de papelLa memoria es un caracol o la misma Zafari, una película hecha por venezolanos que no obtuvo el certificado de obra nacional. Eso se debe obviamente a la precaución del público venezolano en resguardar su bolsillo en un contexto inflacionario y de mucha incertidumbre”, expresó el también crítico de cine.

Por tanto, el público al asistir al cine opta, por ejemplo, por Lilo & Stitch porque se trata de una producción para toda la familia, así que la inversión está asegurada. “Podríamos hablar de una plena recuperación del cine venezolano cuando haya mayor disposición económica para invertir y arriesgarse más”, añadió.

Sergio Monsalve, crítico de cine de El Nacional y documentalista, afirmó que si la taquilla fuera una suerte de “plebiscito anual”, el cine venezolano perdería la elección por su escaso contacto con el sentir de las nuevas audiencias, su estado de censura y su devaluación estética y conceptual. Explicó que es un cine con poco impacto devenido en un “micro nicho” y en el que hay miedo a hacer críticas. “Esto supone una involución industrial que dos o tres éxitos moderados no pueden ocultar. Creo que es por diseño. A todos parece convenir un cine venezolano que nadie ve”, lamentó.

El cineasta, guionista y crítico Edgar Rocca percibe, en cambio, la situación como una oportunidad, pues el hecho de que más de 50 mil personas hayan visto películas venezolanas en 2025 debe significar algo para el gremio. “Ese público existe y no podemos permitir que se nos vaya y que los números sigan bajando año tras año”.

La disminución en la taquilla obedece a varios factores, tales como, dijo, el problema de la difusión, los hábitos de consumo o la competencia con el streaming. También consideró que los exhibidores no se arriesgan con el cine venezolano ni se sientan a buscar soluciones junto con los cineastas, algo que, subrayó, debe cambiar.

Kaori Flores Yonekura, directora de El extraordinario viaje del dragón, elegida para representar a Venezuela en la edición número 40 de los Premios Goya, señaló que si bien la audiencia para su filme no resultó tan alta como se esperaba, los comentarios que recibió fueron estupendos tanto en salas como en espacios especiales.

Afirmó que aunque los venezolanos se sienten orgullosos por lo que realizan, es algo difícil de medir debido a la situación económica. “Te puede interesar consumir productos culturales locales, pero debes tener los recursos económicos para acceder a ellos”.

Para ella afectó también al cine nacional la suspensión del Festival del Cine Venezolano, puesto que era un lugar de tradición que contaba con espacios de encuentro especializados con la prensa y con quienes conforman el gremio en el país, además del apoyo a los estudiantes de cine o a las carreras de medios audiovisuales. “Por muchísimos años se hizo en Mérida, una ciudad que nos ha dado grandes cineastas y grandes títulos, que no solo representan al país hacia lo interno sino también internacionalmente”.

Mariana Rondón, ganadora de la Concha de Oro en el Festival de Cine de San Sebastián con Pelo malo, ha realizado recientemente dos filmes que se han destacado internacionalmente. Uno es Zafari, bajo la empresa Sudaca Films que tiene con la cineasta Marité Ugás, que se estrenó justamente en la sección Horizontes Latinos de San Sebastián, en 2024; y el otro es Aún es de noche en Caracas, que, dirigido junto con Ugás, tuvo su lanzamiento en 2025 en el Festival Internacional de Cine de Venecia.

Ambos filmes son ejemplos de que la migración venezolana ha seguido abordando temáticas nacionales aunque se realicen en otros países. Muchas veces sin contar con la certificación de obra nacional, como pasa con Zafari, coproducida con siete países, o No voltees de Alejandro Hidalgo, que contó con el equipo de producción responsable de la nominada al Oscar La sociedad de la nieve, se grabó en Uruguay y se ambientó en México.

“A pesar de todas las dificultades, el cine nacional está herido pero no muerto. Creo que se está haciendo. Que hay gente tratando de hacer cine con dificultades, dentro del país y fuera. Eso habla de salud. A pesar de lo difícil que puede ser hacer cine en estas circunstancias, igual todos los cineastas buscan maneras y mecanismos para hacerlo”, dijo Rondón.

Es una situación compleja, continuó, porque se supone que es “contra natura” realizar cine venezolano fuera de Venezuela. “Pero bueno, eso es lo que nos quedó. Hay que hacerlo de todas maneras. El año pasado sufrimos la terrible pérdida del Festival de Cine de Mérida / Margarita (el Festival del Cine Venezolano se mudó de Mérida a Margarita por razones logísticas), y a pesar de eso, hay gente filmando, inventando historias que tienen que ver con Venezuela. Eso es lo que importa”.

José Ernesto Martínez, productor de cine, señaló que el factor de la comedia ligera ayudó al cine venezolano en 2025, con filmes como Un viaje de película. Consideró que ha habido avances importantes en el género documental, con casos como La memoria es un caracol o El extraordinario viaje del dragón. Para él, es necesario crecer en promoción del cine nacional, pues si el público no se entera será complicado que vaya a las salas.

“Tenemos que buscar reconectar con el público venezolano. Es una tarea que debemos hacer todos. Los gremios, los productores, los directores, el Centro Nacional Autónomo de Cinematografía, los actores, los distribuidores y exhibidores. Es un trabajo en conjunto. Mientras no logremos esa cohesión para que todos los factores empujen hacia el mismo lado en función de la promoción del cine venezolano, será difícil salir de estos números bastante bajos”, afirmó Martínez.

Humberto Sánchez Amaya mencionó que, si bien hay cineastas que lo han hecho, se debe ahondar y reconocer la idiosincrasia venezolana: entender sus colores, sus maneras o sus ademanes, y que, por tanto, se enaltezca lo positivo y lo negativo desde un punto de vista narrativo. Llevar a cabo, en conclusión, obras que vengan de lo más profundo de las maneras de ser de los venezolanos. Así se podría, explicó, afianzar el cine nacional y tener relevancia en la región.

Sergio Monsalve cree que el principal reto es recuperar el tejido gerencial, económico y cultural que levantó al cine venezolano en la década de los años 70 y los primeros años de los 2000, cuando se alcanzaron cifras récord en taquilla, sintonía con el público y visibilidad en festivales de prestigio.

“Es lo mínimo a lo que podemos aspirar en tiempos de promesas de cambio. Hay que abrir espacio a las generaciones de relevo, regresar a la época donde se podía producir y estrenar, sin necesidad de pasar por filtros partidistas y de propaganda. Convocar al gremio a una jornada de diálogo sin que medien cogollos y caciques”, expresó.

Edgar Rocca  recordó que el cine enfrenta en todo el mundo el problema de la taquilla. En el caso de Venezuela, dijo que quienes deberían liderar esa conversación son los exhibidores. “Se ha intentado diversificar el contenido: fútbol, conciertos, eventos especiales, incluso en otros países videojuegos o pantallas cada vez más grandes. Nada de eso ha funcionado de forma sostenida”.

“En mi análisis, el problema es que no se ha logrado que ir al cine vuelva a ser una experiencia más cómoda, atractiva o divertida que otras opciones de ocio, especialmente cuando se ha convertido en una salida costosa”, agregó.

Hace falta también un festival de referencia. Rocca mencionó casos como el Festival de la Crítica, retomado el año pasado y que dirigió en sus primeras cuatro ediciones. Pero el hecho de que se haya suspendido el Festival del Cine Venezolano resultó un retroceso, sobre todo porque era una gran ventana para las películas nacionales. “Los otros festivales son valiosos, pero tienen alcances más específicos y no cuentan con la misma marca ni visibilidad nacional”.

Monsalve subrayó que Venezuela tiene buenos festivales, con historia, pero se vieron afectados con la “pésima idea de hacer una cacería de brujas contra el Festival del Cine Venezolano, el más importante del país”. Desde entonces, explicó, sobrevino una fractura de la que el cine no se ha recuperado, hasta que se notifique el regreso del evento que se realizó por 20 ediciones entre Mérida, Caracas y, recientemente, Margarita, inspirado en el antiguo Festival del Cine Nacional de Mérida, organizado entre las décadas de los años 80 y 90 bajo el ala institucional de la Universidad de Los Andes.

“El ambiente festivalero es más de temor, menos de festival, más de luto o cementerio, con nulo alcance y resonancia, habida cuenta además de curarse desde la cautela, la falta de crítica, la lista negra tácita, la complacencia y condescendencia, entre jurados que nadie conoce, las mismas barajitas repetidas, y películas ignotas por igual”, manifestó el crítico.

La repercusión de películas venezolanas en festivales internacionales, no obstante, repercute en el mercado en cuanto a que un filme, al ganar reconocimientos, puede negociarse y abrirse a otras ventanas de exhibición, pero internamente su impacto en las salas no es significativo, dijo Sánchez Amaya. “Basta con revisar los números de la taquilla para ver cómo películas que pudieron tener un recorrido interesante en festivales, tanto nacionales como internacionales, no tienen mayor suma en espectadores. Eso se debe a lo que comentaba sobre la poca capacidad de riesgo debido al ingreso del espectador y su familia”.

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