Un nuevo despliegue de luces, cámaras y flashes volvió a brillar la mañana de este jueves en el Abasto Bicentenario de Puerto Ordaz, donde el vicepresidente para la Seguridad y Soberanía Agroalimentaria, Yván Gil; el ministro para la Alimentación, Yván Bello; y el gobernador del estado Bolívar, Francisco Rangel Gómez, echaron mano del poderío mediático estadal para inaugurar, por segunda vez en el año, la sede del establecimiento comercial.
Los daños a las instalaciones por el supuesto ataque con “armas contundentes de la guarimba”, el 22 de febrero, fue el motivo para presentar, al igual que en abril -mes de la primera inauguración-, la plenitud de unos anaqueles repletos de todo tipo de productos que no se veían desde entonces; todo incluido en un show que se extendió desde primeras horas de la mañana hasta el mediodía.
Lo que no reflejaron las cámaras fue la cola que se apoderaba de las afueras del sitio desde la madrugada, donde personas enfermas y de la tercera edad esperaban bajo el sol el fin de aquel despliegue mediático para volver a lo de siempre: el infortunio de la cola, los timadores de oficio, los que buscaban “colearse” y los gritos de policías y militares para mantener el orden. La única diferencia, además de la venta del pernil a 80 bolívares el kilo, fue que esta vez los anaqueles sí estuvieron surtidos con todos los productos de la canasta básica.
Jesús Lachea, una mujer de 60 años de edad, era la primera de la cola de la tercera edad este jueves para adquirir alimentos en el Abasto Bicentenario. No por eso estaba contenta; de hecho, lucía de capa caída, pues el cansancio ya le pasaba factura.
Así como ella Josefina Muñoz y Norbella Díaz, también en la cola de atención “especial”, llegaron pasadas las 5:00 de la mañana como suelen hacer una vez cada semana: lo que permite el sistema biométrico instalado hace una semana en las ocho cajas del establecimiento estatal para evitar la reventa y las compras nerviosas.
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