En un escenario donde la salud pública y privada se enfrenta a transformaciones estructurales y tensiones políticas constantes, el debate sobre la infraestructura tecnológica suele opacar un elemento invisible pero determinante: la calidad operativa, ante esto Omar Arias, científico venezolano y profesor de la Escuela de Salud Pública de la Universidad Central de Venezuela (UCV), afirma que la calidad no es un estándar administrativo opcional sino el eje gravitacional que debe sostener la práctica médica en un entorno de polarización.
Oma Arias, físico médico, explicó que la salud trasciende las facciones políticas siendo la precisión diagnóstica un derecho humano el cual no admite compromisos ideológicos, la concepción de vida de un profesional de la salud debe estar intrínsecamente ligada a la excelencia. «La calidad en imagenología no se agota con la adquisición de equipos de vanguardia; eso es apenas el inicio del compromiso, dónde mantenimiento predictivo mediante la ejecución rigurosa de controles de calidad y pruebas de periodicidad diaria, semanal o mensual es el verdadero escudo contra el error”, enfatizó.
Arias señaló como la figura de los Oficiales de Seguridad Radiológica y la disciplina técnica de los licenciados en imágenes se vuelven protagónicas para garantizar que el haz de radiación sea una herramienta de curación y no un riesgo añadido. “La cadena de responsabilidad en el mantenimiento preventivo y correctivo, estas intervenciones deben recaer exclusivamente en casas comerciales debidamente autorizadas ante la Dirección de Energía Atómica del Ministerio del Poder Popular para la Ciencia y Tecnología (Mincyt). La improvisación en el servicio técnico no solo compromete la inversión económica, sino que vulnera la seguridad radiológica nacional”,
El director general de Serofca explicó que la calidad técnica es indivisible de la legalidad institucional, un estándar el cual debe regir con igual severidad en los pasillos de un hospital público como en la clínica privada más sofisticada, sin embargo, el equipo y su mantenimiento son inútiles sin el capital intelectual “la formación continua es el pilar que sostiene la seguridad del paciente. «En salud, la capacitación nunca termina; no basta con un curso realizado hace quince años o el simple cumplimiento de un requisito administrativo para ostentar un cargo»,
“La medicina moderna evoluciona a un ritmo que exige una búsqueda constante de conocimiento que supere lo básico enseñado en las aulas, la mediocridad formativa se traduce, inevitablemente, en una baja calidad diagnóstica afectando el destino clínico de la población”, la fibra más sensible del planteamiento de Arias es la humanización de la física médica recordando constantemente a sus estudiantes y colegas que el paciente en la camilla de rayos X o tomografía es el amor de la vida de alguien.
Asimismo, el profesor de la UCV resaltó que la segunda área clave en la calidad es evidentemente el diagnóstico clínico en mano de los médicos radiólogos, y aquí la formación es fundamental pero incluso el entorno donde se interpreta el estudio es parte de esta arquitectura de calidad. “El uso de monitores de grado médico con resoluciones específicas según la especialidad y el control de los niveles de iluminación en las salas de informe son factores técnicos que determinan la exactitud de un hallazgo, infraestructura para el monitoreo de dosimetría mensual, soportada por laboratorios especializados, es la única forma de asegurar que quienes cuidan la salud de otros no estén comprometiendo la propia, y por supuesto disponer de la permisología ante la autoridad reguladora: la Contraloría Sanitaria, se convierte en una exigencia clara,” acotó.
Concluyó que la calidad es un tejido complejo donde la física, la técnica y la ética se unen para proteger la vida, independientemente de cualquier coyuntura política. “»Quien recibe esa dosis de radiación podría ser tu esposa, tu hijo o tu madre; debemos garantizar la máxima calidad porque cada disparo de radiación lleva consigo una responsabilidad ética ineludible», comentó como esa empatía profesional es la que debe obligar a la implementación de controles de calidad anuales y levantamientos radiométricos cada cuatro años, o siempre que ocurran modificaciones estructurales en las salas.










