El embajador de Estados Unidos ante la Santa Sede, Brian Burch, ha defendido las políticas de deportación del presidente Donald Trump, en medio de críticas del Papa León XIV y de los obispos de Estados Unidos.
“La cuestión más amplia de la inmigración es algo que constantemente será una fuente de debate y conversación entre Estados Unidos y la Santa Sede”, reconoció el embajador en una entrevista con Colm Flynn y Hannah Brockhaus, de EWTN News.
Añadió que Trump “tuvo el valor de hacer algo muy difícil. Creo que a veces la gente subestima la dificultad de deshacer el caos que se había producido” en el sistema migratorio estadounidense.
León ha pedido que los migrantes sean tratados con dignidad, utilizando la palabra “inhumano” para referirse a la ofensiva contra la inmigración en Estados Unidos. También ha respaldado a los obispos católicos estadounidenses en sus declaraciones en contra de la deportación masiva indiscriminada de inmigrantes que carecen de estatus legal.
Burch rechazó las críticas generalizadas en Estados Unidos a la aplicación de la ley migratoria, especialmente tras la violencia en Minneapolis, incluida la muerte de dos ciudadanos estadounidenses.
“Lo que me frustró es que hubo muchas acusaciones de que de algún modo esto nacía de xenofobia u odio, cuando yo sé que esta administración, este presidente, está profundamente comprometido con proteger la seguridad y la protección de nuestro país”, dijo Burch.
Del activismo a la diplomacia
Burch, de 50 años, presentó sus cartas credenciales al Papa León el 13 de septiembre de 2025, iniciando su mandato como embajador después de haber sido nominado por Trump en diciembre de 2024.
De 2005 a inicios de 2025, Burch fue presidente de CatholicVote Civic Action y del CatholicVote Education Fund, organizaciones dedicadas a promover la participación católica en la vida política.
Durante su etapa en CatholicVote, se convirtió en una figura de reconocimiento nacional en el activismo católico.
Preguntado sobre ser un llamado católico MAGA, dijo: “Estoy orgulloso de ello”.
“Estoy orgulloso de haber trabajado para elegir a este presidente. Estoy orgulloso de haber representado [a Trump durante] lo que creo que fue un punto de inflexión muy importante en nuestro país”, dijo Burch.
Consultado sobre si fue difícil pasar del activismo a la diplomacia, Burch dijo que, si bien ser diplomático sí implica contener su amor por el debate desde hace mucho tiempo, “no significa que dejes tus creencias o tus principios en la puerta”.
“Siempre me gustaron los debates políticos. Probablemente a veces era más problemático, metiéndome en debates y clubes en la escuela… Ahora soy un provocador en un sentido distinto, con suerte de una mejor manera. Pero siempre disfruto del debate público en torno a la política y otros temas”, dijo.
Al señalar que la Santa Sede y Estados Unidos mantienen relaciones diplomáticas plenas desde 1984, añadió que estaba asumiendo “un cargo que era más grande que yo”.
“Parte de mi trabajo aquí es construir consensos, ayudar a la Santa Sede a comprender las políticas y los objetivos de la administración, y tender puentes entre los dos Estados soberanos”, dijo.
Reconoció la controversia en torno a algunas de las iniciativas de política exterior de Trump, así como a sus políticas migratorias. Pero negó que su labor como embajador consista en «dar explicaciones sobre Trump» al Vaticano.
“Para mí, se trata de un conjunto de ideas. Se trata de un conjunto de prioridades que este presidente está impulsando”, dijo.
“Es explicar por qué lo que estamos haciendo es necesario, es correcto, es bueno para Estados Unidos, es bueno para el mundo. No veo un conflicto ahí. Creo que la gente quiere convertirlo en una pelea de personalidades entre el Papa y el presidente. No se trata de eso”, añadió Burch.
Estados Unidos y la Iglesia Católica
Burch rechazó la idea de que el Vaticano sea antiestadounidense. “La Santa Sede y Estados Unidos comparten este vínculo común en torno a la verdad y la justicia y la dignidad humana y una comprensión fundamental de la libertad. Estas son realidades perennes que trascienden la política”.
Por otro lado, el embajador señaló que hay “áreas de juicio prudencial donde podemos estar de acuerdo en el fin pero discrepar en los medios”.
“Eso ocurre en muchas cuestiones políticas diferentes. Pero creo que en las cuestiones fundamentales, sin duda la protección de la vida, la importancia de la familia, el derecho de los padres a dirigir la educación de sus hijos, la necesidad de promover la paz y la justicia en todo el mundo, no hay desacuerdo entre el Vaticano y Estados Unidos”, afirmó.
Burch descartó la sugerencia de que la decisión del Papa de no visitar Estados Unidos este año refleje alguna fricción entre Estados Unidos y el Vaticano. El embajador dijo que cree que un factor fue el deseo de León de evitar la apariencia de “intentar influir en las elecciones de mitad de mandato”.
El embajador dijo que piensa que el Pontífice viajará a su país de nacimiento al año siguiente: “sin duda será uno de los viajes más grandes que haga como Papa”.
Dijo que no es sólo Estados Unidos el que desea colaborar con la Santa Sede; el Vaticano también busca información de Estados Unidos.
“Dependiendo del conflicto, a menudo Estados Unidos está a la vanguardia tratando de impulsar una solución”, dijo, explicando que cuando se reúne con representantes de la Santa Sede, estos quieren conocer las últimas noticias sobre negociaciones y condiciones en países como Venezuela, Cuba, Rusia y Ucrania.
Según Burch, la Santa Sede quiere saber “¿cómo podemos ayudar?, ¿cómo puede ayudar el Santo Padre?, ¿puede él pronunciarse sobre esto?, o ¿qué papel puede desempeñar la Iglesia en ese conflicto local?”.
Cómo puede ayudar la Iglesia local en zonas de conflicto o áreas de persecución es “un tema frecuente de conversación”, añadió.
“Venezuela es 70 % católica; los obispos en Cuba son una de las voces más importantes para el pueblo allí. Ciertamente, la Iglesia en Europa [es importante], la Iglesia en Tierra Santa se ubica justo entre dos poblaciones que han estado en conflicto durante siglos”, continuó.
“Estados Unidos realmente ve a la Iglesia como este actor global que tiene un papel tan importante que desempeñar y cómo avanzamos tratando de resolver algunos de los problemas”, dijo.
Defendiendo una idea de civilización
Según el embajador, el proyecto de la actual administración estadounidense consiste en preguntarse: “¿Por qué estamos luchando? ¿Qué estamos tratando de defender?”, tal como lo expuso el secretario de Estado de Estados Unidos, Marco Rubio, en su discurso del 14 de febrero en la Conferencia de Seguridad de Múnich.
“Creo que [Rubio] dejó muy claro que estamos defendiendo una herencia, una idea de civilización occidental que ha informado tanto a Estados Unidos como a Europa”, dijo Burch, añadiendo que la Iglesia ha guiado esta idea a través de su tradición intelectual, su historia y su enseñanza moral.
“Estamos defendiendo una forma de vida, una forma de vida informada por la fe y formada por principios profundos de dignidad humana y libertad, sin los cuales el mundo sería un caos”, expresó.
“La Santa Sede y Estados Unidos están ambos alineados —en un sentido histórico más amplio— para defender y recuperar esta herencia que creo que ha hecho del mundo lo que es hoy”.










