El Papa advierte que «no se puede encerrar la Iglesia en el propio grupo o la propia nación»

El Papa advierte que «no se puede encerrar la Iglesia en el propio grupo o la propia nación»

Con gran energía, el Papa Francisco salió el miércoles al paso de los tribalismos religiosos advirtiendo que «no se puede encerrar la Iglesia en el propio grupo o la propia nación. Eso sería muy triste».

 

El Santo Padre se refería al problema de algunos movimientos y organizaciones religiosas que marcan obsesivamente las barreras con el resto de los católicos o que ridiculizan a otros grupos, y también al problema del contagio de los nacionalismos políticos en algunos lugares.

 

El Papa subrayó la hermosura de la universalidad, señalando que «Somos una familia. ¡Y esto es un gran don de Dios! No hay una Iglesia para los europeos, otra para los africanos, otra para los americanos…».

 

Como examen práctico de unidad, Francisco invitó a más de ochenta mil peregrinos a hacerse una pregunta «en silencio, cada uno en su propio corazón. ¿Rezo por mis hermanas y hermanos cristianos que sufren persecución en tantos lugares?». Quien no se conmueve ante su tragedia, vive encerrado en su egoísmo.

 

«Los fieles están cansados de los chismes»

 

Pero la mayor falta de unidad no es olvidarse de quienes sufren agresiones y abusos en lugares lejanos, sino hacer daño «a la Iglesia, a la parroquia o a la comunidad mediante los chismorreos». Con gran fuerza insistió en que los chismes, las habladurías, la maledicencia y la murmuración «¡Hacen daño! ¡Hieren!».

 

Para cortar con ese vicio antipático aconsejó que «antes de caer en chismorreos, uno debe morderse la lengua». Con buen humor añadió que «Esto nos hará bien, pues la lengua se infla,no se puede hablar y así no hay chismes…».

 

Los ochenta mil peregrinos, que habían seguido con atención cada frase de su catequesis, habían reído con las bromas y habían ratificado con aplausos los pasajes más exigentes, volvieron a premiarle con una ovación arrolladora.

 

Muchos fieles están cansados de chismorreos en los ambientes eclesiásticos. También de los comentarios displicentes o irónicos que miembros de algunos grupos hacen sobre otras realidades eclesiales distintas a la suya.

 

Francisco lleva seis meses combatiendo –sobre todo, en las homilías de la mañana- el chismorreo y la hipocresía que «hacen mucho mal a la Iglesia». Está promoviendo una conversión en todos, desde los fieles de a pie hasta los altos cargos de la Curia.

 

Fuente ABC

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