El olvido selectivo: Rory Branker sigue tras las rejas en un limbo jurídico
Enero de 2026, las puertas de las cárceles venezolanas se abrieron para devolver a casa a decenas de trabajadores de la prensa. Sin embargo, para Rory Branker, editor de La Patilla, el silencio sigue siendo su única compañía. A 11 meses de su detención arbitraria, su nombre se ha convertido en la «ausencia más ruidosa» de las recientes listas de excarcelaciones.
Un balance agridulce para la prensa
Mientras el país veía con esperanza los reencuentros de figuras como Roland Carreño, Carlos Marcano y Carlos Julio Rojas, junto a otros reporteros y camarógrafos, el caso de Branker quedó suspendido en un limbo jurídico.
A diferencia de sus colegas, el editor permanece recluido enfrentando cargos de traición a la patria, financiamiento al terrorismo y conspiración; una tríada de acusaciones que, en el actual sistema de justicia, podría acarrear una condena de hasta 30 años de prisión.
La opacidad de la «reconciliación»
Hasta la fecha, ni la Fiscalía ni el Gobierno de la presidenta encargada han ofrecido un argumento transparente sobre por qué el editor de La Patilla fue excluido del proceso de liberación.
Puntos críticos del caso Branker:
Aislamiento judicial: A diferencia de otros casos con amplia mediación, su proceso parece haberse estancado en la burocracia estatal.
Falta de fe de vida: Sus allegados denuncian que, a medida que sus compañeros de celda salen, Rory queda en una situación de mayor vulnerabilidad y soledad.
Criminalización del periodismo: La persistencia de su detención es vista por activistas como una advertencia a los medios digitales independientes.
“El caso de Rory Branker es una herida abierta. Es la prueba más incómoda de que la ofensiva contra la prensa en Venezuela no ha terminado, sino que se ha vuelto selectiva”, denuncian defensores de la libertad de expresión.
El SNTP se ha ratificado que no habrá silencio frente a esta injusticia. Mientras otros comunicadores respiran aire de libertad tras meses de criminalización, la lucha por Branker se intensifica para evitar que su nombre se pierda en la sombra del olvido oficial.