El abismo económico en Venezuela: Entre la presión externa y la erosión de la ética ciudadana

El abismo económico en Venezuela: Entre la presión externa y la erosión de la ética ciudadana

Mientras el tablero político se sacude en las alturas, el venezolano de a pie enfrenta una realidad asfixiante: un deterioro económico que se acelera minuto a minuto. La crisis ya no solo se mide en titulares internacionales, sino en la pérdida brutal del poder adquisitivo y en un fenómeno social alarmante: la especulación interna que socava cualquier intento de estabilidad.

La brecha cambiaria: El dólar como termómetro del caos

El tipo de cambio ha entrado en una espiral de devaluación sin frenos. Aunque el Banco Central de Venezuela (BCV) intenta contener el impacto situando la tasa oficial en 311 bolívares por dólar —un salto considerable frente a los 247 bolívares de inicios de diciembre—, la realidad de la calle es otra.

En los comercios y mercados informales, los precios se rigen por un mercado negro descontrolado que oscila entre los 400 y 600 bolívares por dólar. Esta brecha no solo genera distorsiones, sino que destruye la planificación mínima de cualquier familia trabajadora.

Inflación en dólares: El doble golpe al bolsillo

A la devaluación del bolívar se suma un fenómeno aún más crítico: el aumento de los precios en divisas.

  • Ejemplo del impacto: Un kilo de leche, que antes de la operación estadounidense se conseguía por 12 dólares, alcanzó este martes los 16 dólares.

Este incremento del 33% en dólares en menos de una semana evidencia que la inflación ya no distingue moneda, devorando los ahorros de quienes intentaron refugiarse en el dólar.

Un llamado a la conciencia: El peso de la «Viveza Criolla»

Más allá de las sanciones o el conflicto político, existe un factor interno que está dinamitando el futuro del país: la falta de solidaridad ciudadana. La denominada «viveza criolla» se ha traducido en un manejo abusivo del mercado negro, donde venezolanos explotan a otros venezolanos imponiendo tasas de cambio absurdas y sobreprecios injustificados.

Reflexión necesaria: Mientras se espera una estabilidad macroeconómica que parece lejana, el tejido social se desgarra desde adentro. Quien remarca precios por encima de los costos reales para obtener una ganancia desmedida en medio de la tragedia, no solo está sobreviviendo, está contribuyendo al hundimiento del país.

¿Hacia dónde vamos?

El desgaste del ciudadano es absoluto. Sin embargo, el «surgir» que tanto anhela el venezolano no solo depende de las grandes políticas de Estado o de los acuerdos con Washington, sino de un compromiso ético colectivo.

Si la respuesta ante la crisis es el canibalismo económico —donde cada quien busca salvarse hundiendo al vecino—, el deterioro será permanente. La reconstrucción de Venezuela requiere infraestructura y petróleo, sí, pero sobre todo requiere que la honestidad prevalezca sobre el oportunismo. Un país no puede avanzar si su propia gente se convierte en el principal obstáculo para su estabilidad.

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