Editorial de El Nacional:¡Feliz navidad!

Editorial de El Nacional:¡Feliz navidad!

Hoy es un día especial, de reencuentro y de buenos deseos para todos, los más cercanos y aquellos con los que compartimos trabajos, responsabilidades o el simple recodo de un camino que nos juntó sin proponérnoslo. Feliz Navidad para todos, como saludo y como expresión sincera de que transcurren unos días más livianos y prometedores de algo mejor, distinto y sorprendente.

Ese espíritu navideño nos va a acompañar el resto del año y ojalá siguiera con nosotros durante una buena parte del trayecto que se avecina, que avizora tensiones, situaciones complejas y ese anhelo de cambio que es consustancial al ser humano. Una insatisfacción, que canalizada adecuadamente, es la fuerza que nos empuja a rebelarnos contra la mediocridad, la imposición, la rutina inútil, la injusticia y contra gestos, palabras y silencios que ensombrecen el futuro.

Estamos -queremos confiar en que así es- ante un momento de definiciones que puede ser, finalmente, muy importante para el país y para nuestras vidas y la de nuestros familiares. Es deseo mayoritario de los venezolanos que haya un cambio de mando en la cabeza del poder y se abra la puerta, y las ventanas, al aire democrático. Ha sido más de un cuarto de siglo perdido, de destrucción de lo que había sin que lo que se prometió como nuevo o redentor haya tenido el mínimo impacto positivo en la vida de todos. Todo lo contario.

Somos una nación de votantes. Nos acogimos a esa práctica desde 1958 cuando cayó la que creímos la última dictadura, y convertimos el día electoral en el centro de la vida política y le conferimos la esperanza siempre de un cambio para mejor, que en ocasiones ocurrió, y en otras nos frustró. Pero seguimos creyendo en el método, incluso en estos tiempos donde el que tiene las armas alardea de un poder que no les pertenece, porque las armas no son suyas, las torcieron a su favor y ahora apuntan a la gente indefensa.

Gente que fue a votar el 28J con la ilusión de que no cometerían el crimen político que cometieron, un fraude vergonzoso, inaudito. Es la mayor violencia jamás cometida, es arrebatar por la fuerza la victoria a los que creen que su voto será contado, porque es su voz.

La situación en la que se encuentra el país por obcecación de la cúpula gobernante , sin futuro político fuera del poder, impide concretar el simple acto de la transmisión de mando que ocurrió, por ejemplo, en Bolivia, y antes en Argentina, y tiene fecha en el calendario para que suceda en Chile, en marzo próximo cuando Gabriel Boric, un líder de izquierda, la entregue el poder a José Antonio Kast, un conservador, cabeza de fuerzas de derecha.

Lo que medio siglo atrás hacíamos sin pestañear, ahora lo hacen países que entonces eran dictaduras militares, y, nosotros, dependemos, a pesar de nuestros votos y nuestras muestras de repudio a quienes mandan, de aliados internacionales, con Estados Unidos y Donald Trump a la cabeza, que agradecemos y, a la vez, nos llena de preocupaciones. La responsabilidad primera es muy clara: quienes robaron la elección del 28J actúan en contra del interés de las mayorías y burlan como nunca antes la soberanía popular. Tenerlo claro es clave para entender un momento político trascendental.

Que esta Navidad sea el preludio de un tiempo nuevo.  De apego a la ley y las buenas costumbres del trabajo, la solidaridad y la palabra empeñada. Que seamos capaces de hacer una sociedad de iguales, sin distingos, sin prisioneros por su forma de pensar, hablar y vivir a su manera; una sociedad próspera, sin falsas promesas. Una sociedad en verdad para todos. Vale la pena soñarla en un día especial como el de hoy.

 

Por Javier Conde

 

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