El día siguiente a la captura y extracción de Maduro puede ser muy largo. No tenemos idea de cuánto durará. ¿Semanas, meses? Donald Trump anunció que junto a sus hombres más cercanos manejará Venezuela. Sin tiempos definidos, hasta que existan las condiciones para una entrega segura del poder político. De la alegría desbocada, contenida durante tanto tiempo, por la caída del dictador a esta nueva situación en la que el régimen, seriamente golpeado y ridiculizado, se mantiene sin embargo en el poder. Una certeza: la incertidumbre nos sigue acompañando muy a nuestro pesar. Los venezolanos aún no somos dueños de nuestro destino.
Son horas de especulaciones y versiones, de probables e inciertos escenarios, tantos como los que había antes de que se desarrollara la Operación Determinación Absoluta, que en cuestión de unas pocas horas descabezó al régimen oprobioso y lo expuso en toda su miseria: las armas de las que dispone solo las usa para acorralar y amedrentar al pueblo pacífico y desarmado que ha convertido en su víctima predilecta.
Lo que parece estar sobre la mesa es una opción que en el transcurso de los meses anteriores había sido, en principio, desechada. La salida de Maduro y su sustitución por Delcy Rodríguez, con garantías para la operación privilegiada de compañías petroleras estadounidenses, minimizando la presencia en ese ámbito de intereses chinos y rusos, entre otros. Preocupa la deseenñosa afirmación de Donald Trump -quizás ligera, como tantas de sus declaraciones- en las que considera que el liderazgo opositor, representado en primer lugar por María Corina Machado, no estaría en capacidad de asumir de inmediato el poder en Venezuela. ¿Es válido esperar una expresión semejante de quien estimamos como nuestro aliado principal en la idea de la recuperación de la vida democrática? ¿O los aliados somos nosotros y ellos escriben sin edición el guion de los acontecimientos?
Los venezolanos elegimos el cambio político con rotundidad el 28 de julio de 2024. Una represión bestial, de quienes el 3 de enero fueron incapaces de enfrentar a su “enemigo mortal” -solo en sus dislates verbales-, impidió la asunción del poder, a lo que nunca se ha renunciado ni se puede renunciar. La voz del liderazgo opositor tiene que ser escuchada necesariamente en este período que se abre tras asestar al régimen un golpe certero, que puede satisfacer el objetivo del enorme despliegue militar estadounidense en el Caribe pero no resuelve la profunda crisis de nuestro país en todos los órdenes de su vida política, económica y social.
La situación recomienda como en otras circunstancias paciencia e inteligencia, fortalecer la unidad de todos los sectores de la vida nacional alineados con el cambio político y mantener la presión para que la ansiada transición política se inicie, y , sobre todo, tome en cuenta a la oposición organizada, que cuenta con un amplísimo respaldo popular, que conoce de manera suficiente los graves problemas de la nación, que está sensibilizada con la causa de los que más sufren -los centenares de presos políticos sometidos al maltrato enfermizo de quienes pretenden seguir en el poder- y que ha prometido la conquista de la democracia, la afirmación de la libertad y el regreso de una buena parte del exilio venezolano.
La hora de la libertad se hace esperar aún más. Siempre supimos que es una tarea compleja, difícil, con situaciones imprevisibles que no dependen, ni se solucionan, solo con nuestra voluntad, por muy decidida que esta sea, y lo ha sido. El gobierno de Donald Trump está obligado a mantener la presión sobre el régimen venezolano para forzar las decisiones que creen las condiciones para el relevo del poder tal cual los venezolanos lo han decidido. A sabiendas, de que la captura y extracción de Maduro no pone punto final a un mandato ilegítimo y nocivo para los venezolanos, fuente de inestabilidad regional y aún un peligro para la seguridad de los Estados Unidos.
Editorial de El Nacional








