Editorial de El Mundo.es: Irán se levanta por su futuro, frente a la indiferencia de Occidente

Editorial de El Mundo.es: Irán se levanta por su futuro, frente a la indiferencia de Occidente

 

Irán vuelve a arder, esta vez por el precio del pan y por la ausencia de futuro. La huelga de los bazares de Teherán y su rápida extensión a universidades y ciudades de todo el país revelan que la carestía es sólo el detonante de las protestas contra el Gobierno de los ayatolás. La moneda se hunde, la inflación devora salarios y la escasez energética agrava la vida cotidiana, pero lo que estalla en las calles es algo más profundo: el hartazgo ante un régimen que no ofrece horizonte y que responde a las manifestaciones con asesinatos, redadas y propaganda.

Aunque apenas reciba atención por parte de Occidente, la situación es crítica. La cifra de muertos y detenidos confirma el reflejo mecánico de la teocracia islamista: transformar una demanda social en un problema de «orden público» y atribuirlo a una conspiración exterior. El poder vuelve a parapetarse tras el mismo argumento con el que ha justificado décadas de represión, con cortes de internet para silenciar lo que ocurre en las calles. Es el reconocimiento implícito de su debilidad: cuando un Estado sólo se sostiene por el miedo, cualquier grito en la calle se convierte en una amenaza existencial.

Igual que sucedió en 2022, cuando Mahsa Amini se convirtió en símbolo tras su asesinato por no llevar correctamente el velo, la República Islámica pretende sofocar el malestar antes de que se convierta en un movimiento político. Pero, de nuevo, subestima a una sociedad que ha avanzado pese a casi 50 años de tutela clerical.

La comunidad internacional no puede limitarse a medir el pulso a Teherán en clave nuclear o geoestratégica, ni dejar que el régimen se beneficie de la confusión. El deber es otro: denunciar la represión, exigir garantías para los detenidos y apoyar el derecho de los iraníes a protestar. Hay mucho en juego: la degradación moral y económica surgida de la revolución que encumbró a Jomeini en 1979 ha llegado a un punto de no retorno y ha provocado la alianza de colectivos dispares, unidos en busca de un futuro de dignidad para los iraníes.

 

Editorial de El Mundo.es

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