Edificio Royal, una tragicomedia con un toque de absurdo se estrena hoy en las salas nacionales

Edificio Royal, una tragicomedia con un toque de absurdo se estrena hoy en las salas nacionales

A Iván Wild (Barranquilla, 1976) una vez le contaron que un hombre que trabajaba en una funeraria no quiso devolver un cadáver por incumplimiento en el pago del cliente. La historia le sirvió como punto de partida de Edificio Royal, una tragicomedia con un toque de absurdo que se estrena hoy en las salas nacionales.

 

El filme, una coproducción entre Colombia y Venezuela, es una cinta coral que agrupa a personajes algo extravagantes que viven en un mismo lugar: un embalsamador que se lleva un muerto a la sala de su casa, un anciano sin memoria al que su esposa le hace creer que su hijo se llama Tom Cruise, una administradora que trata de recuperar su antigua belleza, un conserje que intenta mantener en pie a un viejo edificio.

 

La ópera prima de Wild copia detalles de varios géneros. Es una obra sobre la muerte que tiene sus dosis de alegría. A veces divierte, a ratos emociona. También, por momentos, puede resultar un poco floja. “Edificio Royal es una película que intenta ser ella misma. Es una suerte de carnavalada (…). Me gusta dejar abierta la lectura para que el espectador tome sus propias decisiones al verla. No mostrarle el camino”, dijo el director colombiano, que escribió el guión a cuatro manos con Carlos Franco.

 

Los autores tardaron cuatro años en terminar la historia. A medida que conseguían financiamiento, la reescribían. Quisieron incluir los relatos suficientes como para ofrecer una lectura particular de la sociedad colombiana y/o caribeña. “Lo más difícil fue encontrar la manera de desarrollar una película que contara la vida desde el fragmento, desde la crueldad o lo cotidiano”, agregó Wild, que delegó la postproducción y colorización a la empresa venezolana Futuro Films (a cargo de Teresa Correa).

 

Edificio Royal ya se vio el año pasado en la nación vecina. A Wild le motiva que su película llegue ahora a otros lugares. “Venezuela tiene algunos elementos similares a Colombia, propios de ese absurdo que está idealizado alrededor de la alegría y que siempre he creído que guarda una profunda tristeza, un desamparo”.

 

La coproducción le sirvió a Wild para estrenar en el país. El cineasta cree que convenios entre productores también puede ser una vía para ampliar mercados en Latinoamérica. “Creo que son importantes, al menos en teoría o en el papel. Después empiezan los problemas de la distribución y exhibición, que ponen películas solo una semana para favorecer a una cinta estadounidense. Sin embargo, es un camino. El cine latinoamericano debe protegerse. Un ejemplo: Pelo malo ganó el Festival de San Sebastián y no se ha visto en Colombia. Otras más comerciales tampoco. Más allá del asunto de si hacen taquilla o no, hay un gran bloqueo mental. Hay que fortalecer nuestro cine”, concluyó Wild, que ya trabaja en varios documentales para la televisión pública en su país. Mientras, su primera película se exhibe en Venezuela.

 

 

 

EL UNIVERSAL

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