Roma despierta con el cielo despejado como en sus mejores tiempos de conquista. Un vehículo se aproxima haciendo un giro a la izquierda para estacionarse y poder atravesar la calzada con dirección al noreste de la basílica de San Pedro, rumbo al Palacio Apostólico, donde aguardaba el papa León XIV a la líder de mayor arraigo estratosférico de Venezuela y premio Nobel de la Paz 2025, María Corina Machado.
Camina extasiada por un mundo donde la historia habla a través del arte. Viste de riguroso negro, como es la norma vaticana desde el siglo X, cuando el papa Silvestre II fue reverenciado por las iglesias de oriente utilizando atuendos de tonalidad oscura. El máximo jerarca de la Iglesia católica la recibió con una sonrisa. Una reunión altamente provechosa para el futuro de Venezuela.
María Corina le planteó su intercesión para lograr la liberación total de los presos políticos. Que la transición sea una ruta segura no utilizada por la dictadura para tratar de permanecer utilizando sus tradicionales subterfugios. El papa León XIV escuchó con suma atención los argumentos que esgrimía la guerrera. El encuentro se extendió más de lo habitual.
Fue una conversación sincera entre dos figuras que no son antípodas en la forma de abordar la bravísima crisis venezolana. Un fuerte estrechón de manos fue la despedida entre la máxima autoridad católica del mundo y la premio Nobel de la Paz. Dos visiones que se entrelazaron en un territorio que es historia universal.
En las afueras, Roma mantenía el rictus de su pasado descrito en los monumentos que se alzan como el epígrafe del imperio.
En la brújula de la libertad nacional está EEUU como el garante de un proceso en esa dirección. Cruzando el océano van los sueños en el corazón ardiente de una mujer demócrata. Entre hermosos jardines espera la Casa Blanca.
La joya del poder estadounidense, que fue construida entre tobillos negros encadenados que en el silencio recitaban el himno de la libertad, recibirá a la dama de hierro que desafió a las fieras del averno político tropical. Un vuelo hasta Washington para encontrarse con Donald Trump. Una agenda distinta para clarificar conceptos y aproximar posiciones con la mayor intención de devolverle la libertad a Venezuela, hoy secuestrada por unos energúmenos.
Había que vencer la reticencia del primer mandatario norteamericano con respecto a la oposición venezolana. Fresco en su memoria el fracaso de la experiencia Juan Guaidó, que terminó siendo un capítulo en donde unos pillos se enriquecieron con el sacrificio del pueblo venezolano, viviendo espléndidamente en el exterior. Es por ello que Trump decidió tomar el toro por los cuernos. Otro espectáculo de malabaristas malandrines no quiso que se repitiera.
El presidente conoció personalmente el talante democrático de María Corina, comprendiendo que ella no responde al pasado en ninguna de las dos aberrantes formas. Una muy fructífera jornada de trabajo en donde abordaron los temas más álgidos. El presidente norteamericano quedó gratamente impresionado con las dotes de estadista de la líder.
Manejó cada punto con un conocimiento bárbaro de la situación nacional. En ningún momento exigió prebendas. Su idea es encontrar la vía expedita en la consecución de la libertad para su país. Quien estuvo junto a Donald Trump le demostró que su liderazgo revela una construcción política diferente.
Los venezolanos de bien deben estar orgullosos de lo que ocurrió esta semana. Es muy poco común que alguien pueda reunirse con las dos figuras más importantes del planeta en cuestión de horas. Sendas reuniones para llevar los planteamientos de Venezuela en la voz de su liderazgo más influyente. El respeto que recibió por parte de ellos es una puerta para el futuro.
María Corina Machado representa el futuro de la libertad nacional. Creemos que su liderazgo construirá una nación de primer orden. Estamos en la ruta correcta. Esto no tiene vuelta atrás; la tiranía vive sus horas amargas. Saldremos de esta desgracia.
Alexander Camber
X: @alecambero











