Aquí te decimos cómo lograr convivir con tu galán sin arruinar la relación
Vivir juntos es la nueva manera de estar comprometidos. Casi un 50% de mujeres jóvenes en Estados Unidos se muda con su amado, antes de decir “acepto”.
¿Cuándo es el momento adecuado para hacerlo? ¿Qué es lo que realmente está pensando tu novio? ¿Y cómo usar esa enorme caja de la mudanza como un prop sexual? Continúa leyendo, después empaca tus cosas y cambia tu dirección a Calle del Amor #6969.
1. Si alguno consiguiera un trabajo en el extranjero, ¿aún viviríamos juntos?
Si vivieras en cualquier parte del mundo con esta persona porque realmente quieres llevar las cosas al #SiguienteNivel, debes sentirte muy contenta de estar buscando un departamento para los dos. Pero si deseas cohabitar con él para gastar menos en la renta o dejar a tus odiosas roomies, piénsalo dos veces.
“Mudarte con tu pareja por conveniencia te puede comprometer en una relación que no es buena para ti”, dice W. Bradford Wilcox, PhD, director del National Marriage Project. Él asegura que es más probable que dure una relación cuando se toman decisiones importantes cuidadosamente, que cuando las parejas hacen estas transiciones porque parece sencillo.
Piensa en todos los escenarios de vivir juntos en vez de las cosas que crees que deberías hacer (por ejemplo, “me encantaría tener a mi novio todas las noches en mi cama”, en vez de “todas mis amigas ya viven con sus novios, yo también debería hacerlo”).
2. ¿Podemos lidiar con los quehaceres de una casa sin acabar odiándonos?
Debes tomar muy en serio su carácter (por ejemplo, si es muy egoísta), porque puede acabar con la relación. Pero si estás preocupada por su fastidiosa costumbre de dejar los platos sucios en el lavabo, eso es algo normal. De hecho, un 83% de las mujeres admite que vivir con su novio por primera vez es un “verdadero reto” y la parte más difícil es dividir las tareas, según una encuesta en línea de UGallery.
Pero antes de hacer la mudanza, maneja esta situación al estilo Olivia Pope: pidan comida a domicilio, destapen un vino y dividan los futuros quehaceres de acuerdo con sus fortalezas; tal vez él es muy bueno para cocinar y tú eres una máster para lavar los platos.
Y hagan un plan para “negociar su espacio personal”, afirma la doctora Samantha Boardman, psiquiatra del Weill Cornell Medical College. “Tener cajones y clósets separados les dará autonomía y será menos probable que pierdas la cabeza cuando deje su toalla en el piso”.
3. ¿Estamos listos para hablar de dinero?
No es la conversación más sexy, pero deben sentirse cómodos al tocar este tema, porque firmar un contrato no es sencillo. “Si a tu pareja se le pasa un pago de la renta, puedes tener problemas con tu historial de crédito, porque si tú eres la titular significa que eres responsable de cualquier dinero que falte”, señala Alexa von Tobel, fundadora y CEOP de LearnVest, y columnista de finanzas de Cosmo (Tu nombre debe aparecer en el contrato; de esta manera, si terminan no te quedarás sin techo).
Von Tobel sugiere que hagan un presupuesto de cuánto puede dar cada quien para cubrir los gastos de la casa. No hay regla que diga que deban pagar mitad y mitad; si uno de ustedes gana más y no le importa aportar más, pues ¡qué bien! Lo esencial es hacer un plan con el cual ambos estén contentos.
Fuente: Cosmopolitan








