Pelea que desvela
julio 24, 2020 6:20 am



  La tensión entre China y EE. UU. no deja de ser una pesadilla para el mundo, ya bastante convulso.

 



“Debería estar claro quién está interviniendo e infiltrándose en la política interna de otros, y quién está empezando las peleas”. Estas palabras del portavoz de exteriores chino, Wang Webin, dan una idea del nivel de tensión en las relaciones entre Estados Unidos y China. Como en una pelea escolar, las dos partes se acusan mutuamente de haber comenzado la reyerta.

 



El caso es que si estas ya eran complejas antes de la crisis por la pandemia de covid-19, originada en Wuhan, ahora están en un nivel máximo de tensión, sin precedente. Prueba de ello es la decisión, inédita, de Washington de ordenar el cierre del consulado chino en Houston. El Gobierno estadounidense le dio a China un plazo de apenas 72 horas para desocupar la sede. A este episodio se suma ahora el conocido ayer sobre la búsqueda que lleva a cabo el FBI de una científica china que estaría escondiéndose en la sede de San Francisco, tras haber quedado en evidencia su vínculo no declarado con el Ejército de su país.

 

 

Y es que a todo el abanico de roces, conflictos e intercambio de sanciones de la guerra comercial que ambos países venían librando antes de la pandemia, ahora se suma la intriga que rodea la frenética carrera por hallar la vacuna contra el covid-19. Este coronavirus ha dejado una China golpeada, sin duda, pero complacida por exhibir las virtudes de su sistema totalitario al mundo. Al tiempo, la crisis ha mostrado vulnerabilidades no solo del sistema de salud estadounidense, sino también las que surgen de hondas fisuras en su sociedad.

 

 

El temor, sin duda, apunta a que esta tensión desemboque en un conflicto bélico, pero por momentos pareciera que batallas de similar talante a las de una guerra ya se libran en campos virtuales. En cualquier caso, un contexto de tensión como este, con Donald Trump viendo cómo su reelección parece embolatarse, no deja de ser una pesadilla para un mundo ya bastante convulso.

 

 

editorial@eltiempo.com



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