La nueva clase
septiembre 13, 2018 1:30 pm

 

Así llamó Milovan Đilas o Djilas político, revolucionario, escritor yugoslavo, militante comunista, combatiente del movimiento partisano contra la invasión nazi-fascista, y líder del gobierno comunista de Yugoslavia tras la Segunda Guerra Mundial. En un estudio sobre la clase socio-económica de comunistas que iba surgiendo y consolidándose en los países controlados por el comunismo y el régimen soviético. Un análisis del sistema comunista en un libro de teoría política sobre el concepto de la nueva clase. Propuso que oficiales del partido-estado formaran una clase que “usa, disfruta y dispone de la propiedad nacionalizada”

 

 

 

En Venezuela ha surgido, y se consolida, una nueva clase. Sin considerar la parte moral, ética. Son casi todos más jóvenes, mucho más ricos, beneficiarios del poder y de veinte años de complicidad no sólo de la dirigencia chavista civil y militar, sino también nacional y de cierta oposición que, de una u otra manera, ha sido privilegiada y beneficiaria.

 

 

 

El principal inconveniente de esa nueva clase con elegantes oficinas, lujosos autos, confortables apartamentos y casas alrededor del mundo, es qué harán con su dinero no siempre bien habido. Además de lo estricto de las sanciones estadounidenses y europeas, que conforman una firme y eficiente estrategia que muerde feroz e implacable en todos los vericuetos financieros, complicándose la permanente caída económica de su propio Gobierno, torpe, incompetente y desconcertado, empieza a afectarlos. Sin contar los fondos congelados, y vigilancias impuestas a los bancos; ¿de qué sirve guardar millones en cuentas que no pueden ser movilizadas en el extranjero, y en los escondrijos locales se deprecian aceleradamente?

 

 

 

El dinero, y la riqueza actual en general, no son bienes pasivos. Son “activos”, es decir, inquietos, deben movilizarse, usarse. Los vehículos se desgastan y corroen, la angustia cansa, los modales se descuidan y los inmuebles cerrados se deterioran.

 

 

 

 

Estas líneas no están escritas con gusto, por el contrario, a mucho desagrado, pero con realismo y crudeza, la transición viene sin duda, pero no podrá ser de sólo venganza sino de acuerdos. Habrá castigos, ciertamente, pero también arreglos perversos. Tendrá y se hará justicia, pero no faltaran los pañuelos en la nariz. Ya la economía no es sólo una desgracia para las clases medias y trabajadores, también un enorme riesgo para los que disfrutan de prebendas e inmunidades que se van quedando sin países a los cuales viajar para contar y usar su fortuna, sin oportunidades para transformarlo. Quizás ya no para ellos, pero sí para sus hijos.

 

 

 

¿Dónde están ahora aquellos míticos capos narcotraficantes, mafiosos, ladrones, delincuentes? Muertos o escondidos, pero sus hijos no tienen cuentas pendientes -que se sepa- con la justicia y se han convertido, muchos de ellos, en apacibles empresarios e inversionistas. Que nos guste o no es otra cosa, pero más allá de justicia y venganza, castigo y ajuste de cuenta, está apareciendo y afianzándose una nueva clase mejor preparada -la mayoría, incluso provenientes de colegios y universidades privadas de alto nivel y por encima de toda sospecha-, tienen mucho dinero disponible y a disposición.

 

 

 

Fortuna que necesita el país, pero también el régimen del cual en buena parte ha salido, y que ninguno de los miembros de esa nueva clase está dispuesto a entregar -devolver- al tesoro público. Pero sí a inversiones, apruebe o no, le interese o no, lo comprenda o no el madurismo que, al mismo tiempo, sigue siendo incapaz de resolver nada, requiere y precisa que alguien ponga dinero en el desierto que él mismo ha creado y amplía cada vez que inventa una ocurrencia.

 

 

 

Pero esa nueva clase -igual que los empresarios y emprendedores que siguen quedando en el país- demandan ajustes importantes que el Gobierno tendrá que ingeniárselas para hacer. La nueva clase sí sabe qué hace falta y urge hacerse, cómo hay que manejar ese timón que en este momento gira alocado sin timonel.

 

 

 

Nuevas normas, nuevo control creciente de la seguridad ciudadana, diferente filosofía económica para un régimen que ni siquiera es ya capaz de cumplir promesas delirantes tras un cambio ilógico e irracional de su moneda, porque ahora los precios, salarios y prestaciones se miden en menos unidades pero cuestan mucho más, no hay quien corrija una navegación que entrompa las olas porque ni sabe ni se le ocurre subirlas y bajarlas en diagonal, no hay empresario opositor ni oficialista ni eficiente ni sinvergüenza que pueda poner ni un soberano en ese mar sin capitán ni tripulación.

 

 

 

La nueva clase está entre dos paredes demasiado altas. Sanciones y amenazas en el extranjero, y los errores del Gobierno. En otras latitudes quizás puedan llegar a ciertos acuerdos cooperantes que les permitan movilizar parte de sus dineros. En el país necesitan una economía que les permita poner a funcionar adecuadamente su patrimonio.

 

 

Por allí parece venir una transición, luce inevitable y se percibe que no será como políticos y analistas superficiales, adjetivadores de micrófonos y columnas periodísticas, anuncian. El detalle es que los venezolanos de hoy, la mayoría, no son los mismos ni interpretan igual que hace veinte años. Ya no tienen ni mastican ilusiones, ahora quieren y exigen realidades.

 

 

Armando Martini Pietri



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