Hampa nuestra de cada día
enero 13, 2014 7:42 am

Dicen que uno no debe prometer nada cuando está contento, ni tomar decisiones cuando está triste. Alguien una vez añadió «ni escribir cuando uno está indignado porque las palabras se las lleva el viento y lo escrito, escrito queda». Pero es imposible no escribir indignado en la Venezuela de hoy. Si esperara no estarlo, creo que pasarían muchos años antes de que volviera a escribir.

 

Huelgan los comentarios sobre el asesinato de Mónica Spear y Thomas Berry. El caso trascendió porque Mónica fue Miss Venezuela y aquí la persona más conocida después del presidente de turno, es la ganadora del concurso. Pero más allá de eso, los Berry Spear le pusieron caras a las decenas de miles de personas que han sucumbido al hampa y que no conocimos… Estoy segura de que ya no existe en Venezuela una sola familia a quien no le haya tocado de primera mano el asesinato de alguien cercano. Y eso, además de ser una tragedia, causa una desbordada indignación.

 

Todo lo que uno se va tragando se revuelve. Recordé la risa aquella del ministro Izarra, por ejemplo, mientras el profesor Roberto Briceño León daba cuenta de las dramáticas cifras de los asesinatos. O las declaraciones de Maduro -como si fuera investigador policial- dando por descontado de que se trataba de un sicariato. O la diligencia para atrapar a los supuestos asesinos después de que el crimen estaba consumado. ¿Por qué si sabían que hay no sé cuántas bandas que «actúan» en la Autopista Regional del Centro no hicieron una razzia y los atraparon antes? Para no hablar de los asquerosos eufemismos de ciertos medios de comunicación que hablaron de «la partida», «el fallecimiento», «el deceso»… ¡Lo único que les faltó fue decir que se «despidieron a la llanera, porque no encontraron manera»! La guinda del postre fue el ofrecimiento de Rodríguez Torres de «recorrer el país para acabar con la delincuencia». Si de verdad lo cree, es un ingenuo. Si no, es un cínico por decir lo menos.

 

No se me quita de la cabeza la niña Maya, que a los cinco años ya es huérfana de padre y madre. Tampoco se me quita la dolorosa imagen del profesor Berry retirando de la morgue las pertenencias de su hijo, nuera y nieta.

 

Indignación, rabia, pero por encima de todo, impotencia: ¡cómo me duele Venezuela! ¿En qué clase de desgracia se ha convertido mi país?

 

@cjaimesb

Por Carolina Jaimes Branger