¡Gracias por seguir aquí!
noviembre 23, 2015 7:57 am

Ahora el Paseo Colón se llama Paseo de la Resistencia Indígena. No me había fijado que en el pedestal del (antiguo) Paseo Colón colocaron una muy fea estatua de un cacique. No tengo nada en contra de los caciques ni de nuestros indígenas, básicamente porque tengo sangre timotocuica y probablemente también cumanagota. Además, crecí rodeada de representaciones de hermosos caciques, pues mi tío abuelo Pedro Centeno Vallenilla fue quien los inmortalizó en murales, cuadros y monedas. Pero esa estatua del Paseo Colón es un insulto al buen gusto. Pero no es de la estatua de lo que quiero hablar.

 

Como la mayoría abrumadora de los venezolanos, también tengo sangre europea. Nuestro mestizaje es lo que nos convierte en una raza cósmica, por eso no entiendo esa insistencia en sumergirnos en un revisionismo histórico, crear nuevos odios de viejos cuentos, cuando los textos históricos indican que no hubo tal resistencia, al menos durante muchos años. La historia está llena de crónicas de conquistadores y conquistados, de usos y abusos de fuerza, pero lo que pasó hace más de quinientos años debe quedarse allá. Esa manipulación de los hechos históricos no es otra cosa que un artilugio para manipular a las personas en el presente.

 

Las campañas xenófobas han calado… qué tristeza lo que ha pasado y sigue pasando en nuestro país. Dos de mis tres hijas viven fuera de Venezuela y no me gustaría que las hicieran sentir forasteras. Desconozco este país de hoy chauvinista y patriotero. El que fue el país de los brazos abiertos es hoy el país que saca a patadas a quienes no nacieron aquí, no importa cuán arraigados estén.

 

Lo que sí me gustaría saber es qué hicieron con la estatua de Colón y las estatuas que estaban a su lado. Deberían entregarlas a la Embajada de Italia o al Centro Ítalo Venezolano. Además de que eran bellas, siempre las sentí como un homenaje a la inmigración italiana que ha sido tan próspera y sobre todo, que ha querido tanto a nuestro país.

 

Tengo cientos de ejemplos que puedo nombrar. Gente que conozco y quiero, como Grazia y Giovanni Napolitano. Ellos nacieron en Sicilia. Grazia era una bebé cuando llegó a Venezuela. Giovanni tenía catorce años. Aquí se casaron, tuvieron sus hijas y sus nietos, todavía trabajan todos los días y se sienten venezolanos como el que más, porque sencillamente, son venezolanos. Ahora que los venezolanos sabemos lo duro que es emigrar, debemos considerar mejor y querer más a quienes vinieron a hacer de nuestra patria la suya. A esas personas que han dado y siguen dando lo mejor de sí por y para Venezuela.

 

Hace un par de semanas, Giovanni me leyó un texto que escribió que me conmovió hasta las lágrimas. Hablaba de las fronteras. De allá donde nació, de aquí donde creció y ha vivido la mayor parte de su vida. “Aquí me dicen “musiú” y entiendo que es por cariño. Sé distinguir cuándo el apodo es insultante. El otro día me gritaron “pitiyanqui, vete para tu país” y yo me quedé pensando, “¿para dónde me voy a ir, si yo soy venezolano?”. Es verdad que nací en Italia y tengo mi pasaporte italiano, pero mi patria es Venezuela”… Sobran las palabras ante semejante testimonio. ¡Claro que su patria es Venezuela! ¡Qué maravilla tener compatriotas como Giovanni y Grazia!

 

Para mí el Paseo Colón seguirá siendo el Paseo Colón aunque haya desaparecido la estatua del Almirante del Mar Océano. Para mí, los italianos seguirán siendo mis queridos italianos… Gracias por haber venido… ¡Gracias por seguir aquí!

 

Por Carolina Jaimes Branger

Noticiero Digital 



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