¿Capitulando ante unos soldados de terracota?
noviembre 12, 2016 12:53 pm

En abril de 1974, al abrir un pozo unos campesinos de la aldea de Hsien-yang, en la provincia de Shensi, en China, tropezaron con las cabezas, manos y otras partes de unas esculturas de terracota de tamaño natural, muchas de ellas con armaduras de bronce, espadas en la mano y puñales. Hasta entonces se había supuesto que la pirámide sepulcral del primer emperador de China, Qin Shi Huangdi, estaba más que saqueada. Inmediatamente se hicieron eco todos los periódicos de «uno de los mayores hallazgos funerarios del mundo»

 

 

 

El emperador estaba obsesionado con la inmortalidad y tomaba mercurio para prolongar su vida, aunque ello lo condujo a la locura y probablemente aceleró su muerte. Cuando Qin Shi Huangdi enfermó, ya había pasado el tiempo en que los esclavos y los cortesanos eran sepultados vivos con el monarca muerto, entonces el emperador ordenó que se hiciera un ejército de más de 7.000 soldados de terracota(barro) de tamaño natural para que lo cuidaran en la otra vida.

 

 

 

Cuando Hugo Chávez cayó enfermo, en manos del régimen cubano, se decidió que Nicolás Maduro sería el “defensor del legado”. A cuatro años de su muerte, el país se encuentra camino a la “somalización”, nada menos que a su desintegración como nación unificada, con grandes territorios controlados por pranes y enormes bolsones de miseria por doquier. A una nación anarquizada. A un estado fallido.

 

 

 

Nicolás Maduro no controla nada: No es jefe del gobierno, ni de las Fuerzas Armadas ni del Psuv. Su incapacidad ha traído una miseria atroz e impensable en un país que puede ser próspero.

 

 

 

Maduro, usando la “deterrence” (disuasión) soviética de la guerra fría, aprendida por cubanos, ha logrado “asustar” a unos pocos políticos opositores, los ha convencido que controla el gobierno, cuando en realidad no tiene apoyo popular, ni calle, ni apoyo internacional, no cuenta con los trabajadores, ni los profesionales ni los gremios de productores nacionales.

 

 

 

Maduro sólo se siente que hace o domina algo en sus programas de televisión o de radio. Afuera, toda Venezuela es Villa Hermosa.

 

 

 

Maduro está sentado en una mesa. Es su tabla salvavidas. Pero cualquier cosa que salga de ella que no contemple un Referendo Revocatorio sólo hará empeorar la situación del pueblo venezolano. Más del ochenta por ciento quiere que se vaya lo más pronto posible.

 

 

 

La miseria crece exponencialmente en el país. También la desesperación.

 

 

 

La oposición en la Asamblea Nacional prometió soluciones porque así lo exigió y exige el pueblo venezolano. Luego de once meses la ausencia de hechos cumplidos la desnuda. No es tiempo de exigirle al pueblo más actos de fe. Es tiempo de darle victorias concretas.

 

 

 

Se han preguntado esos dirigentes opositores, víctimas del deterrence, por qué nadie usa camisas del Psuv en las colas por alimentos, por qué nadie grita viva Maduro en los mercados populares.

 

 

 

¿Se han preguntado que les va a pasar a ellos si abandonan el referendo revocatorio?

 

 

 

Aceptar menos es capitular ante unos soldaditos de barro. El pueblo destesta a los cobardes. Y a quienes se limpian el rabo con la Constitución.

 

 

@morandavid



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