La avalancha de Nieves…
noviembre 3, 2015 5:57 am

 

 

Las recientes confesiones del exfiscal 41 con competencia nacional del Ministerio Público, pone en evidencia lo que viene siendo notorio en Venezuela: la Justicia no es ciega, ni autónoma ni imparcial. Es revolucionaria, quiero decir, selectiva e inducida. No vamos a especular sobre las razones del exfuncionario para confesar sus tropelías. Tampoco si su acto de «introspección» fue profundo o sincero. Es innegable que sus actos comportan violaciones manifiestas a los DDHH que deberán procesarse. Pero si quiero detenerme en un aspecto fundamental del análisis: Por qué cooperó y por qué dejó de hacerlo. ¿Consciencia? ¿Miedo? ¿Un «avalanchamiento» de arrepentidos en puerta? NO es fácil, decía el ciudadano…

 

 

En Israel (1961) se inicia el juicio a Adolf Eichmann por genocidio contra el pueblo judío durante la II Guerra Mundial. Casi todos los periódicos del mundo enviaron periodistas para cubrir las sesiones. Eichmann fue acusado de crímenes contra la humanidad, siendo condenado en 1962, en las proximidades de Tel Aviv. Una de las corresponsales presentes en el juicio -enviada de la revista The New Yorker- era Hannah Arendt. En 1963, basándose en sus reportajes del juicio y, sobre todo, su conocimiento filosófico-político, Arendt escribió un libro que tituló «Eichmann en Jerusalén». En él describe el desarrollo de las sesiones y un análisis del «individuo Eichmann». Según Arendt, el alemán no poseía una trayectoria o características antisemitas, ni presentaba rasgos «de una persona mentalmente enferma». Actuó como actuó, simplemente por el deseo de ascender en su carrera profesional, y sus actos fueron el resultado de órdenes acatadas de superiores. En Eichmann no había un sentimiento «del bien o del mal», sino de celo y eficiencia. Para Arendt, el nazi no era el «monstruo» ni «pozo de maldad». Los actos de Eichmann no eran disculpables, ni él inocente. Pero no fueron realizados porque estuviese dotado de una inmensa capacidad para la crueldad, sino por ser un burócrata; un operario dentro de un sistema basado en los actos de exterminio. Sobre este análisis, Arendt acuñó la expresión «La banalización del mal», para expresar que algunos individuos actúan dentro de las reglas del sistema al que pertenecen, sin reflexionar sobre sus actos. La tortura, la ejecución de seres humanos o la práctica de actos «malvados», no son considerados a partir de sus efectos o de su resultado, con tal que las órdenes para ejecutarlos, provengan de estamentos superiores. Hannah Arendt alerta que es necesario estar siempre atento y evitar que ocurra. El miedo, y la banalización del mal, hace que el hombre renuncie a su voluntad crítica; empero el sujeto sigue siendo éticamente responsable. Por eso Arendt recriminaba no el hecho de haber obedecido órdenes, sino de haber cooperado. A partir de esta exigencia ética y humana, Eichmann y cualquier acusado, no tendría escapatoria -consciente y reflexiva- de la justicia.

 

 

A diferencia de Eichmann, de los hechos y de los tiempos, el fiscal Nieves -sí, tardíamente- hizo un esfuerzo reflexivo que lo desbanalizó de sí mismo, y de la crueldad del sistema de persecución y garrote, que ahora denuncia pero que él obedeció. Nieves le ha dicho al mundo, «soy responsable de validar pruebas falsas; de firmar una acusación sobre delitos que López no cometió, por no haber llamado nunca a la violencia; de participar en un juicio donde no se respetó el debido proceso, ni el derecho a la defensa; donde no se quemó el edificio del MP, ni las unidades de policía; ni Parque Carabobo, y en fin, donde todo fue un montaje para inhabilitar políticamente a López, a quien el gobierno le tiene miedo». No es poca cosa lo que ha dicho Nieves… A diferencia de Eichmann, Nieves examina, reconoce y denuncia, la gravedad de sus actos y omisiones, y a pesar de estar a la saga de un asilo político, asume los riesgos de ser deportado. Nieves decidió hablarle al mundo porque su hija estudiaba con la hija de López… y afirma «no dormir tranquilo» porque los hijos de López fueron separados injustamente de su padre… Dice que «le echaba la bendición a esa muchacha para sensibilizar su responsabilidad». ¿Cuántos Nieves hay en el sistema judicial venezolano? ¿Reflexionarán? ¿Podrá más el miedo que la consciencia? ¿O lo contrario? Nieves le pidió perdón a López, a su esposa, hijos, padres y a los venezolanos… No soy nadie para perdonar al exfiscal Nieves. Igual lo haría… Pero lo que si demandamos los venezolanos decentes -de donde vengan- es que todo aquel que atentando -bajo el sable del miedo, la crueldad y la banalización del mal- contra la vida y la libertad de inocentes, se rebele a esos mandatos, y por los hijos de Venezuela, hagan justicia, !diciendo la verdad! De algún modo la historia los redimirá. Al decir de Arendt, «sólo Dios distingue entre el bien y el mal. Ni el diablo es capaz de hacerlo…», por lo que el cielo o el infierno, estará reservado a quienes logren dar paz a su alma, dando paz a su consciencia.

 

 

Se avecina una avalancha de Nieves…Y como toda avalancha: incontenible, gélida y arrolladora. Apártense. Están a tiempo.

 

 

vierablanco@gmail.com
@ovierablanco



2 comments
PedroMariaGorrizUnzu
PedroMariaGorrizUnzu

No sé si Hanna Harendt dijo exactamente que "sólo Dios distingue entre el bien y el mal. Ni el diablo es capaz de hacerlo...". Si cualquiera de ustedes lee atentamente el "Libro de Job" en el Antiguo Testamento..., bien, no será improbable que se pregunten por el derecho moral de Dios a jugarse en una partida de dados con el diablo el destino de un Justo..., y enseguida duden de la calidad de referencia absoluta de "Dios" en términos de conocimiento perfecto del bien y el mal. Puede sonar a blasfemia pero no lo es. El personaje "Dios" en la Biblia, no habla más en ella después del "Libro de Job". Se sigue hablando DE ÉL, mas nunca Él en adelante.


Por lo demás resulta interesante  siempre cualquier referencia a Hanna Arendt, quien, si bien no pareció muy interesada en la teología cristiana, no por ello dejó de ser un compromiso viviente con la filosofía moral para la vida.

gonpepe
gonpepe

Hay que ir pensando en el proceso de reconciliación que se logró en Suráfrica, no como un escrúpulo naive de perdonar al enemigo como propugna la iglesia católica, sino que la falta de reconciliación deja las heridas abiertas y un resentimiento latente que puede producir en el futuro una reacción tan grave y violatoria de DDHH como la original. 

Causa preocupación como aún hoy los chinos conservan un resentimiento muy elevado en contra de los japoneses por los horrores de la segunda guerra mundial, y la sociedad chilena todavía tiene en su corazón el resentimiento por los horrores cometidos durante la dictadura de Pinochet.

Siempre me acuerdo de Eisenhower que decía que era importante hacer un detallado registro fotográfico de lo que encontraron al liberar a los que fueron llevado a campos de concentración en la era Nazi, porque ocultarlo, posiblemente por un natural escrúpulo de no mostrar algo tan horrible, permitiría que generaciones futuras pudieren pensar que esa tragedia no había sucedido. Los hechos han demostrado que algunos líderes y en especial en el medio oriente han manifestado que el holocausto es una farsa.

Siempre digo a los judíos, que es importante el recordar esos eventos, pero que los mismos deben verse como horrores cometidos por la humanidad en contra de sí misma, sosteniendo el argumento que usted señala en el fondo y es que todos somo capaces de esos horrores y estos recordatorios nos ayudan a reconocer esos demonios que llevamos por dentro y que solo podemos vencer con el amor, con el reconocimiento de la legitimidad del otro, a pesar de que tengamos diferencias muy grandes y respetar su derecho a existir y expresarse, dentro de un marco de respeto mutuo de los DDHH.

La reconciliación necesaria pasa por Nieves. Reconocer públicamente que se ha violado los DDHH de otras personas en un proceso en el que además se debe lograr compensar de alguna forma a las víctimas y que el arrepentido participe en este proceso de restablecimiento o compensación del daño, trabajando por la paz de esa sociedad y de las víctimas.