Hordas chavistas
febrero 13, 2020 10:41 am


 
Hordas chavistas. Eso fue lo que se encontraron los diputados, simpatizantes del presidente encargado Juan Guaidó y periodistas en el Aeropuerto Internacional Simón Bolívar cuando acudieron a recibir al mandatario el martes en la tarde.

 

 

Los presuntos trabajadores de Conviasa, convocados por Nicolás Maduro, el usurpador que nunca apareció, estaban con ganas de pelea y desde que llegaron los opositores empezó la confrontación.

 

 

Ya antes, los cuerpos de seguridad hicieron hasta la imposible para que nadie pudiera llegar a Maiquetía al bloquear el paso en la autopista Caracas-La Guaira, impidiendo incluso que caminaran hasta el aeropuerto.

 

 

Algunos policías y militares, que se prestaron para el show, dieron la cara e incluso declararon ante las cámaras y micrófonos, dando muestras claras de que el liderazgo en ese estamento hace rato que se perdió de vista.

 

 

¿Qué hicieron las hordas chavistas? Arremetieron contra todo lo que encontraron a su paso. Golpearon a mujeres desarmadas, a jóvenes que blandían libretas o teléfonos celulares, a legisladores que solo esperaban a su líder. No había razones que explicaran lo sucedido, más allá de responder disciplinadamente a una orden.

 

 

Dentro, Guaidó fue recibido como héroe. Algunos funcionarios de aduana le sonrieron, incluso lo felicitaron por su coraje. Allí no hubo golpes. Solo una mujer, la reencarnación de Lina Ron, se atrevió a molestarlo.

 

 

Al salir se dio una batalla campal. Nadie salió sano. Volaron lentes, micrófonos, cámaras, zapatos. Hubo empujones, forcejeos, golpes. Algunos de los presentes estuvieron a punto de asfixiarse. Ni los niños se salvaron. Corrieron a resguardarse donde podían, lejos de la trifulca.

 

 

En el estacionamiento, a poco de irse Guaidó, los ataques continuaron. Y, para ponerle la guinda al pastel, los presuntos trabajadores de la aerolínea estatal decidieron que había que robar a los que todavía se recuperaban. Toda una acción política de esta gente: mandar a sus grupos de choque y quedarse en la retaguardia siempre, lejos, con la mirada esquiva sin asumir la responsabilidad, muy de los cobardes.

 

 

Las hordas chavistas están más presentes que nunca. Ante la aplastante evidencia de lo mal que está el gobierno usurpador no queda otra que golpear y romper. Actuar como los matones de barrio. Si no es para ellos no será para nadie.

 

 

Esas actuaciones se repetirán, seguro que sí. Toca a la ciudadanía evaluar y definir qué se quiere, si seguir en picada rumbo al oscurantismo o finalmente sacudirse y retornar a la modernidad. Las hordas no dejan que nada crezca.

 

Editorial de El Nacional



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