Henri diagnosticó el virus
junio 8, 2020 4:48 am


 
 
 Revisando las denuncias de fraude electoral realizadas por Henri Falcón en mayo de 2018, cuando el CNE oficialista le aplicó la amarga medicina del abuso y la trampa, hemos hecho un hallazgo. Resulta que Henri, con la preclara lucidez, la avasallante sinceridad y el tino político a que nos tiene acostumbrados, advirtió en horas de la mañana del día de los comicios que se había producido un “virus”. Inmediatamente después de ejercer su voto, Henri arremetió contra las violaciones de más de 350 normas electorales, que ya tan temprano el partido de gobierno había llevado a cabo. Se refería, desde luego, al virus del fraude, la estafa, el timo y la trapacería, que le perturbó en esa oportunidad pero que luego de su derrota pareciera haber olvidado.

 

 

Según el reportaje publicado por el diario ABC de España el lunes 21 de mayo, Henri Falcón especificó que el régimen de Maduro violó el acuerdo firmado por las partes en marzo de 2018, con el objeto de corregir los vicios del proceso electoral. Aseguró que recibieron 142.589 denuncias sobre las irregularidades cometidas durante la jornada de votación, relativas en buena medida a la presencia de los denominados «puntos rojos» cercanos a los centros electorales, donde se compraba el voto de la gente con bonos y mediante el escaneo del carnet de la patria. “Hemos contabilizado 12.709 puntos rojos en los 14.000 centros de votación”, dijo con evidente molestia el abatido e inconsolable candidato.

 

 

Dos años más tarde vuelve a la carga contra el virus, pero…¡oh sorpresa! Ya no se trata del virus del fraude y tampoco, nos tememos, del covid-19. El virus que ahora quita el sueño a Henri se incuba a su modo de ver dentro de la misma oposición democrática. De acuerdo con su comunicado del pasado día 6 de junio, el nuevo virus es el sectarismo, el extremismo y la falta de voluntad de entendimiento con el régimen. Es tan peligroso ese virus que Henri ha concluido que el nuevo CNE, a ser designado por el TSJ y la asamblea madurista, no es quizás “el ideal, como tampoco lo es el actual con el que elegimos la AN que preside Guaidó. Pero es una luz que puede encender una llama en medio de tanta oscuridad. Exijamos condiciones, cambio de la estructura gerencial de todo el CNE, acompañamiento internacional, depuración del REP, levantamiento de inhabilitaciones, representación proporcional de las minorías”.

 

 

Las palabras de Henri son casi enternecedoras. La conversión de un espíritu que de repente emerge desde sombríos abismos y nos anuncia que ha encontrado una luz en las tinieblas, conmueve y nos llena de esperanza. Igual nos ocurre con su descubrimiento del camino a la salvación, que es el de “exigir condiciones” que garanticen unas elecciones limpias y transparentes. Uno se pregunta: ¿puede tanta ingenuidad ser fingida? ¿Es acaso posible que una persona sin entrenamiento formal para representar en el teatro, por ejemplo, las obras de Shakespeare, sea capaz de actuar con semejante desenvoltura y donaire? No lo sabemos, y tampoco nos interesa ahondar en los vericuetos psíquicos que hoy, por lo visto, impiden a Henri Falcón recordar su indignación de 2018, transformada de pronto en vocación redentora.

 

 

Lo que nos importa es aclarar qué significa la nueva trama organizada por el régimen, y el papel que en la misma protagonizan Falcón y el resto de los que le hacen comparsa. Nada ha cambiado excepto que, de modo definitivo, el sector de oposición que se dirige a participar en el teatro electoral de Maduro ya forma parte de la dictadura, y constituye un engranaje fundamental para intentar en lo posible prolongarle la vida. Esta trama es factor clave del proceso de perfeccionamiento de la dictadura, uno de cuyos aspectos primordiales consiste en cooptar a una parte de la oposición, para que colabore con el régimen desde espacio secundario pero seguro, garantizándole su sobrevivencia política y material a cambio de una sumisión disfrazada.

 

 

Como ha explicado en un texto de agosto de agosto de 2017 Georg Eickhoff, quien fuese representante de la Fundación Konrad Adenauer en Venezuela durante varios años, la trama existió en varios países de la Europa comunista y bajo la tutela soviética. Descrita de manera cruda, es un “mecanismo de cooptación de políticos profesionales desempleados, bajo condiciones de dictadura”. La trama proporcionaba “una forma de vida segura a un grupo de profesionales que preferían la deshonra a la emigración, al cambio de oficio o a la resistencia”. Al final y citando a Weber, Eickhoff nos recuerda que “la política es una profesión”.

 

 

De modo que no hay nada nuevo bajo el sol venezolano, en lo que al proceso de perfeccionamiento dictatorial que contemplamos, y cualquier parecido con otras realidades en otras partes y otros tiempos no es mera coincidencia.

 

Editorial de El Nacional

 



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