El tráfico de personas
junio 28, 2019 6:15 am


 
  
La explotación de los seres humanos que abandonan sus países de origen ha creado una aberración de proporciones mundiales, que atenta contra los principios elementales de la cohabitación civilizada, contra las conquistas relacionadas con la dignidad de los pobladores del orbe que se han logrado a costa de grandes luchas. La epopeya por la dignificación de la vida ha concluido en tratados internacionales y en regulaciones de naturaleza universal, que el actual movimiento de grandes masas, obligadas por la penuria de sus entornos, han convertido en papel mojado.

 

 


La consecuencia mayor del tráfico de personas es su sometimiento a condiciones sobrehumanas de ocupación, a escalas de maltrato ilimitado que ha dado origen a lo que los organismos internacionales denominan “esclavitud moderna”. Mientras aumenta el caudal de las migraciones masivas, se facilita la posibilidad de que la delincuencia organizada se aproveche de las descomunales desgracias colectivas para sacar provechos ilegalmente groseros: cobros escandalosos y sin garantías para pasar de un país a otro, transporte en vehículos destartalados e insalubres, hacinamiento, ausencia de alimentación, condiciones precarias de empleo y prostitución forzosa de mujeres y hombres, de niñas y niños.

 

 

Venezuela formas parte del doloroso panorama, debido al éxodo masivo de sus pobladores provocado por la incompetencia y la indiferencia de la dictadura. Los integrantes de la creciente diáspora se convierten en víctimas de un doloroso destino de oprobio, que los convierte en siervos mal pagados, en el mejor caso, pero en la mayoría de las situaciones los hace formar parte de la servidumbre que preocupa a los organismos internacionales y a cualquier persona que tenga sangre en las venas.

 

 

En reciente declaración, el Departamento de Estado de Estados Unidos insiste en llamar la atención sobre la magnitud de la tragedia, e incluye a Venezuela en el grupo de los países que, debido a la incuria de sus gobiernos, permiten su profundización. Junto con países como Cuba, Arabia Saudita, Bután y Gambia, Venezuela se encuentra entre los entornos que, debido a las penurias que los caracterizan, multiplican los abandonos multitudinarios que incrementan el fenómeno cada vez más creciente y acuciante de la esclavitud moderna. En la estadística de niñas explotadas en los bajos fondos, de jóvenes trabajando en los burdeles, de agricultores sometidos a pagas miserables, de personas perdidas o muertas en las fronteras y perseguidas por las fuerzas del orden, cada vez hay más venezolanos. Otro baldón de la nacionalidad, desde luego, pero también partes del contenido de la factura que debemos cobrarle a la usurpación.

 

 

Editorial de El Nacional