El incierto futuro de Nicolás
enero 10, 2017 5:02 am

A pesar de la inmensa frustración que siente la mayoría de la población venezolana ante los sucesivos fracasos políticos que se han producido luego del triunfo electoral del 6 de diciembre de 2015, la lucha por recobrar nuestros derechos democráticos y restaurar la plena vigencia de la Constitución de la República Bolivariana de Venezuela, no cesa a pesar de la suerte incierta que parece rodearlo todo y que obstaculiza, además, cualquier intento de recobrar el optimismo en el corto plazo.

 

 

 

Que esta lucha se mantenga aunque sea a fuego lento no deja de sorprender porque si algún analista que no viva en Venezuela observa la guerra interna, furiosa y despiadada que se lleva a cabo en las redes sociales y en los artículos de prensa, lo menos que puede pensar es que alguien sobreviva políticamente a semejante fuego cruzado.

 

 

 

Pero lo que ocurre en Venezuela en estos momentos resulta imposible de explicar dentro de los parámetros de la lógica política y de cualquier  experiencia parlamentaria o partidista anterior. Tanto dentro del gobierno como al interior de la oposición la guerra es fratricida y a puñal en mano, si bien el oficialismo sale mejor librado al camuflar con éxito sus diferencias internas, que son grandes y están en plena ebullición aunque no recorran y se exhiban en la calle. Ya habrá tiempo para dar la cara.

 

 

 

Pero no por ello se puede descuidar el hecho cierto de que la oposición ha fallado en su trabajo de inteligencia acerca de las tendencias internas, ambiciones personales, figurones que cada vez pierden más espacio y presencia en la simpatía de la base popular del oficialismo, y que permiten a los opositores aprovechar las debilidades para afinar las estrategias nacionales y regionales y proyectarlas con posibilidades de éxito en los próximos escenarios que se acercan.

 

 

 

Que la Asamblea Nacional haya declarado el “abandono del cargo por parte del presidente de Venezuela, Nicolás Maduro”, y a continuación demandado una salida electoral a la crisis venezolana como la forma más indicada para que “sea el pueblo el que se exprese a través del voto” puede parecer un saludo a la bandera. De hecho, sus consecuencias inmediatas son mínimas pero ¿lo serán si la crisis se ahonda y rebasa los débiles diques que contienen la furia contra Maduro dentro de su propio partido y de sus aliados?

 

 

 

Si bien el odio existente entre los opositores los convierte en fácil presa de las oscuras maniobras del oficialismo, que los junta y los divide según sopla el viento, no menos cierto es que dentro del PSUV y sus aliados están hartos de Maduro, de sus torpezas y de su incapacidad para asegurar la permanencia del chavismo en el poder.

 

 

 

Ha desperdiciado el sustancioso capital político que le dejaron en herencia y hoy es un peso muerto que hunde cada día más las posibilidades de un éxito electoral. Quien esté a su lado está derrotado de antemano. Para el PSUV y los militares ese futuro no está en sus planes. Si el barco se hunde, piensan algunos, hay que lanzar al agua lo más pesado y lo menos útil.

 

 

 



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